Viernes, 18 de Agosto:
Llegaba el final del viaje... al menos para uno de nosotros. Nuestro amigo Jorge tenía un par de días menos en Japón que el resto y hoy era su último día completo en el país, su vuelo de vuelta a España salía al día siguiente muy temprano, así que tocaba aprovecharlo para que se llevara un buen sabor de boca :emoraro: .
Por suerte, la racha de días lluviosos nos dio un respiro y el día se presentaba despejado, al menos la mañana estuvo así, por la tarde empezó a llover un poco pero nada parecido a lo del día anterior. Nuestra primera parada fue en el barrio de Asakusa, donde se encuentra el templo más antiguo de Tokyo, el Sensoji. Cuenta la leyenda que unos hermanos estaban pescando en el río cuando encontraron una estatua de la diosa Kannon, la devolvieron al río, pero volvíó a aparecer, y así varias veces. Este templo está edificado en honor de esta diosa y tiene 1400 años. La puerta de entrada es el Kaminarimon (Puerta Kaminari o del trueno). Cuando estuvimos nosotros había algunas obras pero se podía visitar bien. Bueno, no realmente, ya que el sitio estaba lleno de gente y agobiaba un poco.
Entre la primera puerta y los salones principales del templo hay una calle (calle Nakamise) llena de puestos donde venden recuerdos y productos típicos japoneses. Algunos aprovecharon allí para comprar los regalos del amigo invisible, una tradición que solemos hacer en los viajes y que esa misma noche teníamos que llevar a cabo. También estuvimos en una calle cercana, cubierta y con pinta de galería comercial, cercana a los templos, mucho menos abarrotada y donde también había tiendas de regalos. Aquí aprovechamos para dejarnos unos cuantos yenes en detalles para familias y amigos ya que eran más baratas que en otras zonas de la ciudad. Por si a alguien le interesa, las coordenadas son: 35º 42' 52,9" N y 139º 47' 42.9" E.
Al final de la calle Nakamise se encuentra la puerta Hozomon, construida en 942 dC. A diferencia de la Kaminarimon, donde se encuentran cuatro estatuas diferentes, el Hozomon alberga dos estatuas idénticas que se encuentran a ambos lados de la cara sur de la puerta. Estas estatuas de 5,45 metros de altura representan Nio, la deidad guardiana del Buda. Debido a estas estatuas, la puerta se llamaba originalmente el Niomon ("Nio Gate") antes de que cambie el nombre por Hozomon. En la parte posterior de la puerta había dos sandalias de paja gigantescos conocidas como waraj, hechas por 800 personas durante un mes. Pesan 2500 kilos cada una, y simbolizan el poder de Ni-Ou, por lo que se consideran amuletos contra el mal. A la izquierda del Hozomon se encuentra la pagoda de cinco pisos. La estampa de la pagoda con la puerta es una de las más reconocibles de todo el templo.

El templo Sensoji es el más importante de la capital y de los más antiguos del país, pero veníamos de ver Nikko y se queda cojo. Pero para alguien que sólo visite Tokyo me parece imprescindible. Además, aunque estuviera lleno de gente es muy fotogénico y el contraste con los edificios modernos que lo circundan, como el Tokyo Sky Tree le da un punto extra. El salón principal, el Hondo, está considerado tesoro nacional y fue destruido en el 1945 por los ataques aéreos aliados. Sin embargo, fue reconstruido en octubre de 1958 a través de donaciones recogidas de adeptos por todo Japón. Hoy en día el templo cuenta con una sólida estructura de hormigón armado con techo de tejas de titanio. Cerca esta el gran incensario O-Koro, visitado porque muchos afirman que el humo cura a los enfermos y fortalece a los débiles, para lo que hay que recoger el humo con la mano y pasarlo por las partes del cuerpo donde se tenga alguna enfermedad.
Cerca del Sensoji está la calle Kappabashi dori, famosa por sus réplicas en cera de platos para restaurantes. Nosotros no fuimos, pero Juanlu e Isa sí porque ya habían visto el templo en su viaje anterior, y acabaron comprando algunos recuerdos por allí.
Desde Asakusa se puede ver el cercano Tokyo Sky Tree, el segundo edificio más alto del mundo sólo por detrás del Burj Khalifa de Dubai. Es una torre de comunicaciones con dos miradores desde la que se ve todo Tokyo y en días buenos también el Fuji. Nosotros no subimos porque la entrada es cara y suele haber colas, así que lo dejamos, nos conformamos con ver la inmensa mole destacando entre los edificios desde el barrio de Asakusa.
Comimos algo rápido en los alrededores del templo y nos dirigimos al embarcadero donde se pueden coger los barcos que realizan paseos por el río Sumida. Estos barcos de aspecto futurista operan cada 30 o 60 minutos (de las 10.00 a las 17.00) desde el muelle de Asakusa vía el muelle del Jardín Hama Rikyu al muelle de Hinode donde puede hacer un trasbordo hasta Odaiba. Hay algunos directos a Odaiba pero son menos frecuentes.
El trayecto Asakusa-Hinode dura en torno a 40 minutos y cuesta unos 760 Yenes
Asakusa - Hama Rikyu: 35 minutos, 1020 Yenes (incluye la entrada al jardín (300 Yenes));
Hinode - Odaiba: 20 minutos, 460 Yenes;
Asakusa - Odaiba directo: 55 minutos, 1520 Yenes con el suplemento de 300 Yenes.
Para una información más detallada sobre horarios, precios y como llegar es mejor visitar su página Web: www.suijobus.co.jp/en/

El crucero en barco no me pareció una maravilla, la verdad. Las vistas desde el barco no son especialmente bonitas, tampoco feas, pero para lo que cuesta creo que no sale a cuenta. El mejor tramo fue el final. Nosotros cogimos el barco directo a Odaiba y las vistas desde el barco hacia la Torre de Tokyo y la entrada en la bahía con el Rainbow Bridge sí merecen la pena, el resto, como ya he dicho, algo aburrido.
Odaiba es una isla artificial situada en la bahía de Tokyo que fue construida originalmente como fortaleza defensiva contra ataques navales en 1853 y no fue hasta la última década del siglo XX cuando se expandió como área comercial, residencial y de entretenimiento. Inicialmente se construyeron seis fortalezas en varias islas, con baterías de cañones. De hecho, la palabra japonesa daiba significa un lugar (ba) para una batería de artillería (dai). Al llegar a Odaiba nos recibió la réplica de la Estatua de la Libertad. Entre la estatua, el Rainbow Bridge que recuerda a San Francisco y la torre de Tokyo con su parecido a la torre Eiffel de París ya no sabes en qué ciudad te encuentras
El museo es un edificio moderno y por dentro tiene muchas exposiciones interactivas. Casi siempre que vamos de viaje intentamos ver algún museo de ciencia y éste es bastante diferente a otros que hemos visto, tiene un concepto más innovador. En una de las salas, la dedicada a vulcanismo y terremotos, un empleado del museo me vio muy concentrado leyendo las explicaciones y me preguntó que de dónde era. Al decirle que de España me dijo que sentía lo del atentado de Barcelona, que había sido ese día o el anterior. Lo que más ganas tenía de ver en el museo era la exhibición de ASIMO, un pequeño robot con forma humana que es capaz de correr, jugar al fútbol, interpretar una canción con lenguaje de signos... me encantó. Hace tiempo lo vi en la tele y me llamó mucho la atención así que hice lo posible por verlo en el viaje a Japón. ASIMO hace pases a ciertas horas del día, nosotros vimos el de las 16:00, y hay que coger sitio porque se llena.

Pero el momentazo del museo vino en otra zona dedicada a robots. Había un robot con forma de señora con el que te podías sentar a hablar. En nuestro caso fue Mar la que se puso con ella, pero Víctor entró a la cabina desde la que se controlaba el movimiento de la cabeza y desde donde ponía voz al robot. Tuvieron una conversación muy divertida y todo el mundo estaba llorando de la risa, incluso los japoneses que no entendían nada. Y es que el contraste con los grupos anteriores era brutal, ellos eran más tímidos, tenían conversaciones serias y en voz baja, y la de ellos fue un cachondeo. Hasta los empleados del museo estaban desternillados.
Tras la visita al museo cogimos el monorrail para volver a la ciudad, pasando por el Rainbow Bridge. Volvimos a los apartamentos para descansar y ducharnos para la cena, era la despedida de Jorge y teníamos que hacer algo que perdurara en la memoria
Por mi parte, le tenía que regalar a Jorge y le compré una muñeca vestida con un kimono tradicional y un "danuma", un amuleto japonés que es un muñeco rojo, sin brazos ni pies, y con dos grandes ojos blancos. Se supone que tienes que pintarle un sólo ojo mientras pides un deseo y dejarlo así, bizco, hasta que se cumple, así que daruma se esfuerza en conseguir que se cumpla el deseo. Es especialmente indicado para deseos que tengan que ver con un esfuerzo personal para superar alguna prueba y como Jorge tenía oposiciones pensé que era un buen regalo. Además, como Víctor está en la misma situación le compré aparte otro para él que no se lo esperaba.
Ya cenados y todos contentos e ilusionados con nuestros regalos subimos a los apartamentos para dejarlos y salir más libres esa noche. Decidimos ir a Shibuya, ya que la otra vez que estuvimos era una mañana gris y lluviosa y no había mucho ambiente, para darle otra oportunidad. Esta vez sí que nos encontramos aquello lleno hasta la bandera y con gente con atuendos de lo más variopintos, de noche gana mucho, al igual que Shinjuku, y muestran más la imagen moderna y vanguardista de Tokyo. Estuvimos dando una vuelta por las calles cercanas al famoso cruce y como no, había muchos karaokes. Nos entraron ganas y entramos a uno de ellos para probar la experiencia. Primero hablamos con el chaval que había en recepción para reservar una habitación durante media hora. Los karaokes en Japón son lugares de ocio para disfrutar con tus amigos en la intimidad, tienes una habitación para tu grupo para que puedas cantar lo que quieras y sin que nadie te mire. Normalmente hasta es posible pedir bebidas y guarrerías varias para comer. En el karaoke que estuvimos nosotros te dejaban instrumentos de acompañamiento para subirte a tu habitación, en nuestro caso cogimos algunas maracas y unas panderetas con luces
La verdad es que echamos un rato muy divertido, primero buscamos canciones en inglés de artistas muy conocidos y encontramos varias de los Beatles, Celine Dion, Abba etc. Nuestra versión del "Chiquitita" con maracas y panderetas luminosas al ritmo de la música griega no tiene precio

Nos despedimos de Shibuya y des sus luces y nos fuimos a dormir, Jorge el día siguiente tenía que madrugar mucho para llegar a Narita porque su vuelo salía por la mañana, y no era cuestión de quedarse mucho tiempo de parranda.