23 de julio.
Amanecemos en Stavanger y separamos nuestros caminos un rato, mis amigas las caminantas subieron al Preikestolen, y mi pareja y yo preferimos visitar la ciudad y realizar un crucero por los fiordos.
Mis amigas en la cima del Preikestolen


Mi pareja y yo viéndolo desde abajo.

Vistas del fiordo desde el crucero

Nosotras veríamos el Preikestolen desde abajo y mis amigas desde arriba. ¿Por qué nosotras dos no subimos? Básicamente porque yo no estoy en forma para subir 2 horas de montaña. Tengo la espinita clavada de no haber podido subir y me lo dejo como pendiente para cuando tenga la forma física de hacerlo. Mis amigas me contaron que las vistas y la experiencia increíble, de lo mejor que han hecho en sus vidas, así que si podéis os recomiendo que hagáis la caminata, y si no tenéis la forma física como para subir montañas, os recomiendo un crucerito por los fiordos, unas vistas espectaculares y un viaje de 3 horas muy agradable por tan solo 50 euros. Nosotras después del crucero comimos en un McDonald y luego cogimos un bus para ir a Sverd i Fjell, las espadas de piedra gigantes clavadas en la playa.

El bus aquí funciona de forma distinta. Puedes comprar un billete en una de las máquinas que hay en la estación de autobuses o puedes pagar al conductor, pero siempre sale más barato hacerlo desde la máquina. El billete te dura una hora desde que lo compras, es decir, puedes usarlo para todos los buses que te de tiempo en esa hora.
Una vez vistas las espadas, nos dimos cuenta de que aún teníamos 15 min para coger el bus de vuelta de forma gratuita ¡genial!, el caso es que el bus tardó más de 20 minutos en llegar, se nos había pasado la hora y tendríamos que pagar al autubusero. Pero tuvimos otro golpe de suerte y el señor nos dejó pasar sin pagar, solo nos habíamos pasado unos 10 minutos del tiempo y realmente no era nuestra culpa que no hubiera buses antes. Otro viaje gratis en bus.
Una vez en el apartamento, nos dio tiempo de ducharnos, descansar y poner una lavadora antes de que nuestras amigas, moribundas, regresaran al apartamento y nos contaran la experiencia. Mi pareja y yo queríamos volver al centro a seguir visitando la ciudad, y mis amigas dijeron que no, que se quedaban descansando. Muy reventadas tenían que estar para que ellas, las caminantas, no quisieran patear una ciudad.
Nos volvimos a separar un rato, ellas se quedaron en el apartamento y mi pareja y yo dimos un paseíto de una hora y algo por el centro. Calles de cuento. Stavanger es preciosa, no dejéis de visitarla.



Una vez todas juntas en el apartamento, cenamos, nos tomamos una copa de ginebra comprada en el Duty Free de Málaga bien baratita y a dormir, al día siguiente otro tren a Oslo.
No os he hablado del apartamento, volvimos a hacer uso de Airbnb y tuvimos la suerte de encontrar este apartamento que es la parte baja de una casita de 3 pisos que la familia alquila a turistas. La verdad que estaba muy bien y a 10 minutitos del centro. Encontrar alojamiento en Stavanger es difícil (y caro), si vais a ir reservad con tiempo.