Llego a Narita y, después de todos los trámites burocráticos habidos y por haber, y una vez recogido el equipaje, me dirijo a una oficina de cambio de moneda. Justo a la salida, antes de coger el Narita Express, hay una, así que cambio los Euros a Yenes ahí mismo. El cambio me lo dan a 1€ = 126Y. En España, lo máximo que me daban era 1€ = 119Y, así que no me sale mal la jugada.
Compro el billete de Narita Express para que me lleve a la estación de Tokyo y, una vez allí, cojo un taxi para que me lleve al hotel.
Son las 12.00 y, mala suerte, no tienen habitaciones disponibles hasta las 15.00. De hecho, en la reserva ya dice que el check-in es a partir de las 15.00. Así que dejo la maleta en consigna y me dirijo, con lo puesto, a la oficina. Me habría gustado ducharme y cambiado de ropa.
La oficina no está lejos, unos 5 minutos caminando, pero primero me paso por el 7eleven que tengo justo al lado a comprar algo de comer.
Acaba la jornada y ya anochece, aunque es temprano. Japón es lo que tiene, amanece bastante temprano y anochece igual de temprano. Son las 18.00, más o menos.
Me dirijo al hotel y me dan la habitación. Creo que nunca había estado en una habitación tan grande en Japón. Las vistas del hotel son preciosas.


Debido al vuelo, a no haber dormido al llegar e ir directamente al trabajo, estoy algo cansado.
Decido no ir a ningún sitio esta noche, únicamente a cenar. Me ducho, me aseo un poco y doy una vuelta por los alrededores del hotel. A unos 10 minutos caminando veo un restaurante de Ramen. Así que no me lo pienso y, qué mejor manera de volver a Tokyo que comiendo Ramen.


Ya con el estomago lleno, reanudo mi vuelta por las cercanías del hotel y, una vez visto lo que hay, me vuelvo a la habitación a intentar dormir un poco. A ver qué tal se porta el jet-lag.