Hoy visitaremos cinco templos y santuarios en el histórico barrio de Higashiyama.
El más famoso de ellos es el Templo Kiyomizudera, y lo dejamos el último. No sé si fue una buena decisión o no porque cuando llegamos estaba llenísimo de gente y era un poco agobiante. (Y lo dice alguien que está acostumbrada a las masas…
Pero empecemos por el principio:
Nos levantamos, nos dirigimos al barrio de Higashiyama y por el camino encontramos una cafetería y desayunamos.
El primer templo del día es Shoren-in. Todavía faltan unos minutos para las 9 y está cerrado.
Al abrir, pagamos los 600¥ por persona y lo visitamos prácticamente solos. Tiene de peculiar que parece más una villa imperial japonesa que un espacio de culto religioso.
Esto es porque tradicionalmente el alto cargo del templo era de la familia real.
Apenas vemos estatuas de buda o puestos para ofrendas o decoración religiosa o todos esos elementos que caracterizan un templo.
Lo que destaca son los fusuma, es decir las tradicionales paredes de papel pintadas con motivos vegetales.
El templo lo rodea un cuidadísimo jardín con su correspondiente estanque y en un extremo, un solitario paseo de bambús.
La verdad es que nos ha gustado mucho visitar este templo, aunque hayamos estado menos de una hora, por dos motivos: porque había poca gente y porque tiene algo de único.
El siguiente templo es más grande pero más “normal”. Se llama Chion-in.
La mayoría del recinto tanto interior como exterior es gratuito.
De construcción mayormente de madera, las salas están conectadas entre sí por pasarelas elevadas muy prácticas, porque una vez nos descalzamos, da pereza ponerse y quitarse los zapatos constantemente.
Uno de estos pasillos, los que están entre las salas Mieido y Shuedo, tiene un tipo de suelo llamado “ruiseñor”.
El nombre le viene de que el parquet chirría al caminar por encima.
También tiene un jardín cuidado con extremo mimo, y un cementerio. Estas dos zonas son de pago. No son nada del otro mundo y nos da la impresión que no valen los 500¥.
La tercera visita del día es el santuario Yasaka.
Este santuario se encuentra dentro del parque Maruyama, que ahora ya es muy bonito pero imagino que en primavera con los cerezos en flor debe ser espectacular.
A este santuario rápidamente lo apodamos “la plaza mayor”, porque consiste en un gran espacio al aire libre con una multitud de altares, pabellones, puertas, y otras bonitas construcciones que parecen inconexas entre ellas, pero unidas por pequeñas callejuelas, como si fuera más bien un pueblecito.
Bueno, vamos a llamarlo: “La plaza del pueblo el día de la Fiesta Mayor”. Hay gente por todas partes. La mayoría de ella posando, o fotografiando a los posadores.
Es el único edificio religioso al que no vemos absolutamente a nadie rezar o hacer ninguna ofrenda ni nada relacionado con el culto.
Lo que sí que vemos son muchas sesiones de fotos profesionales, mayormente de chicas vestidas con yukatas (tipo kimono pero más sencillo, ideal para el verano), luciendo elaborados recogidos adornados con perlas y flores y calzando las típicas chanclas de suela de madera.
Pronto por el barrio veremos muchísimos occidentales y asiáticos, tanto en grupo como en pareja, ataviados con la tradicional vestimenta japonesa. No parece muy cómodo.
El paisaje es literalmente de postal, pero hay tantos grupitos que son un poco un engorro.
Aún así, nos gusta esta disposición de elementos tan peculiar y encontramos rinconcitos preciosos y el santuario nos encanta.
Nos estamos acercando a la zona más popular y turística del barrio, así que para no tener que hacer colas ni pagar precios “para turistas”
Encontramos un menú típico super rico, en un elegante restaurante. Por menos de 18€ sentimos que comemos como los emperadores.
Descansados, seguimos con el templo Kodaiji. La entrada cuesta 600¥.
Con un recinto similar en tamaño al Chion-in, también tiene varios pabellones rodeados de un cuidado jardín.
En un extremo, subiendo una cuesta, se encuentra otro tranquilo bosque de bambús.
No hay demasiada gente y conseguimos fotos del camino vacío esperando unos cinco minutitos.
Parte de la belleza de los templos de Higashiyama es que están en la ladera de una colina, en un entorno boscoso que hace que nos olvidemos que estamos en una gran ciudad de un millón y pico de habitantes.
Finalizada la visita nos adentramos a las calles históricas del barrio. Todas son peatonales.
El callejón Ishibe-Koji es residencial, silencioso y no se permiten hacer fotos. Todas las fachadas son de madera oscura de ciprés ajada por los años y las inclemencias del tiempo, es el auténtico Kyoto tradicional.
Las calles que llevan a la pagoda Yasaka (que no pertenece al santuario Yasaka, sino al templo Hokanji) son muy comerciales. Empiezan los souvenirs.
La pagoda de cinco pisos es como un faro que destaca por encima de todas las casitas de una sola planta y nos guía hacia las empinadas callejuelas Sannenzaka y Ninenzaka.
Son muy populares entre los turistas por sus tradicionales casitas de madera y tejados de tejas de arcilla gris.
Cada casita es un negocio. Tiendas artesanales, de souvenirs, restaurantes…
Hay muchísima gente. Seguro que a primera hora del día, o al atardecer cuando las tiendas están cerradas la calle está más tranquila, pero ahora apenas podemos caminar.
Nos estamos acercando a Kiyomizudera, uno de los templos más populares de Kyoto, por su amplio balcón en la ladera de la colina, con vistas a la ciudad. La entrada cuesta 300¥.
Una preciosa y decorada puerta roja y blanca nos da la bienvenida para empezar a ascender la escalinata de piedra. Pronto encontramos otra puerta con una pagoda policromada de tres pisos.
Llegamos al Salón Principal, que se aguanta por un andamio de madera al borde del barranco.
Esta obra de ingeniería tiene casi 400 años y se aguanta sin un solo clavo.
Nos descalzamos y entramos al interior, para ver al gran buda y a un montón más de estatuas de otras figuras divinas. No se pueden tomar fotos.
Hay puestos de venta de amuletos dentro y fuera del Salón, en cada esquina. El negocio de la fe no tiene límites.
El recinto continúa, con más construcciones y la popular catarata a la cual debe su nombre el templo. Kiyomizudera significa “templo del agua pura”.
La catarata se divide en tres fuentes. Cada una otorga una fortuna de distinta índole. La gente se alinea para beber del manantial e incrementar su suerte. Nosotros ya tenemos suerte suficiente, gracias.
Observamos una preciosa pagoda a lo lejos que asoma entre las copas de los pinos. Resulta que está más cerca de lo que parece. Es pequeñita.
Estamos en el extremo superior del templo, y el descenso lo hacemos por un caminito lateral, algo menos concurrido que el abarrotado acceso principal.
Hay que reconocer que el templo es precioso,
y también su ubicación, pero había una cantidad ingente de visitantes que dificultaba poder disfrutar de la experiencia como se merece semejante lugar. Bueno, nosotros como turistas somos parte del problema, qué le vamos a hacer…
Descendemos para dar por finalizada la visita al barrio de Higashiyama, super satisfechos.
Pero el día continúa, porque esta noche se celebra el Gozan No Okuribi. Una festividad en la que se encienden hogueras en formas de símbolos en cinco colinas de Kyoto.
Esta celebración está relacionada con el Obon, similar a nuestro Día de Todos los Santos (pero en su caso, son tres días), y el día 16 de agosto de cada año, las hogueras ayudan a los espíritus a regresar a su hogar.
Los cinco símbolos se encienden en intervalos de 5 minutos entre ellos, a partir de las 20:00.
Uno de los puntos buenos de observación del primer símbolo, el Daimonji, es el puente Marutamachi y la orilla oeste del río, cercano al puente.
Hacemos una parada en un diminuto bar que encontramos por casualidad, con happy hour y buena música.
Y otra parada para cenar. Encontramos un restaurante de ramen al que curiosamente hay que hacer el pedido a través de una pantalla digital, tipo el McDonalds.
Y cuando se acerca la hora, nos acercamos a la orilla del río y nos sentamos al césped para ver cómo se ilumina, a las 8 puntualísimo, el Daimonji en medio del monte.
Al cabo de un rato decidimos regresar al hotel. Pensamiento que realizamos nosotros y medio millón más de personas que estábamos en la orilla del río. Los autobuses pasan llenos y no paran.
Finalmente conseguimos montar en un autobús que nos deja en el aparthotel. ¡Vaya día más completo!
Otras fotos del día