Antes de nada comentaros que yo visité Los Angeles por un tema de trabajo en el 2003, dónde tan sólo vi Santa Mónica que es dónde estaba alojado, y ya tenía claro que no tenía muchas ganas de gastar mucho tiempo en esta poco acogedora ciudad. Como además tampoco somos cinéfilos, mitómanos y los parques de atracciones no nos apasionan, Los Angeles iba a ser un puro punto de entrada y salida del viaje. Nuestra intención era visitar lo más destacado por la mañana para volar por la tarde a San Francisco con una compañía de bajo coste. El último día intentaríamos hacer alguna cosa más, aunque al final no acabó siendo así, pero eso ya lo comentaremos.
Escogimos el hotel porque tenía un precio moderado (Los Angeles es muy caro) y porque tenía una parada de metro a 5 minutos del hotel. Con el jet lag a las 7 y poco de la mañana ya estábamos en la estación de metro dirección a Hollywood. El metro da pena porque va medio vacío (en teoría era una hora más o menos "punta") y tiene una frecuencia de paso muy alta (a veces de 10-15m entre trenes) por lo que entiendo que la gente prefiere el coche y no lo usa a pesar que es muy barato (1,75$ el billete y unos 8$ el pase de un día con viajes ilimitados). Como las distancias son largas y además tuvimos que hacer dos transbordos, tardamos más de una hora en llegar a Hollywood. Allí nos encontramos con el Paseo de la Fama con sus famosas estrellas de artistas en el suelo. Fotos y nos dedicamos a buscar las dos o tres que nos hacía ilusión ver, que por suerte estaban justo al lado de dónde estábamos.
Nos dirigimos al Teatro Chino y tras la foto de rigor nos entretuvimos mirando las huellas de manos y pies que hay en el suelo junto a la entrada a este teatro. En el centro comercial que hay al lado se puede hacer una foto, de lejos, del cartel de Hollywood que está en la colina y aprovechamos también para hacer un desayuno típicamente americano: huevos, bacon, patatas... todo muy sano (jeje). Como era muy temprano (las 9 y pico de la mañana) había poca gente y no había apenas gente disfrazada ofreciéndose para hacerse fotos por unos dólares, por lo que os recomiendo ir a esta hora porque después parece que es un agobio por la cantidad de turistas y de personal buscando aparecer en tus fotos vestido de Batman o Spiderman con sobrepeso.
Como ya hemos dicho, al no ser mitómanos ni frikis del cine abandonamos Hollywood dejando el mundo del cine atrás y nos dirigimos en metro a Union Station, la estación central de trenes de LA que aparece también en multitud de películas. El edificio es bonito y merece ser visto. De allí tras un paseo de unos 20 minutos llegamos a Chinatown que es curioso por la cantidad de tiendas y destaca la plaza central de Chinatown y sus alrededores (con la estatua de Bruce Lee, algún templo, etc...). De Chinatown nos dirigimos paseando a Olvera St. la calle peatonal dónde se encuentran unas cuantas tiendas de productos y gastronomía mexicana y dónde se puede visitar gratuitamente la casa más antigua de Los Angeles, la Avila Adobe, construida en 1847 por uno de los primeros colonos que llegaron a la ciudad y que pese a resultar dañada en un terremoto ahora está reconstruida y muestra en su interior como deberían ser las estancias y la vida de los primeros habitantes cuando se construyó.
Al final de la calle vimos la iglesia Our Lady Queen of Angels Catholic Church por fuera y fuimos paseando hacía Little Tokyo con la intención de tomarnos una bol de Ramen (la famosa sopa japonesa con pasta, verduras y carne), pero había bastante cola en la mayor parte de los locales que hay en la calle. Eso que hacía un calor más que considerable, en invierno deben organizar las colas como en los aeropuertos. Nos dirigimos a una especie de centro comercial con tiendas y un supermercado de productos japoneses que era muy curioso. Como había bastante gente y odiamos los lugares concurridos decidimos ir caminado hasta el Grand Central Market viendo algunos de los edificios del downtown de LA.
El Grand Central Market es muy recomendable. Es un gran espacio lleno de ofertas gastronómicas de lo más variado, todas de comida rápida de diferentes lugares del mundo. Es posible comer mexicano, sopas orientales, hamburguesas,... de todo un poco y a precios moderados. A pesar de estar muy concurrido conseguimos comprar unos tacos mexicanos y encontrar una mesa dónde poder sentarnos a comer unos minutos. Hay muy buen ambiente y es un lugar muy animado. Además de mucho turista también había mucha gente local de las oficinas cercanas en pleno almuerzo.
Tras comer algo volvimos a coger el metro y regresamos al hotel. De allí cogimos el Shuttle de cortesía charlando con un simpático conductor que nos contó algo de su vida y sobretodo la de un amigo español que trabajaba en un hotel cercano del cual nos contó su vida y milagros.
Llegamos de nuevo al aeropuerto para coger un vuelo con la compañía de bajo coste Alaska Airlines hacia San Francisco. El vuelo fue plácido, pero salimos con algo más de una hora y cuarto de retraso. Una vez en el aeropuerto de San Francisco me estrené como usuario de Uber y gracias a una oferta de bienvenida (que nos regalaba los primeros 15$ de viaje) llegamos al hotel sobre las 21h por unos 15$ propina incluida.
Nos alojamos en el Cow Hollow Motor Inn, en la calle Lombart St. en una zona tranquila cerca de una animada calle llena de restaurantes y tiendas. Dispone además de una buena combinación de autobuses para llegar a los puntos más importantes a visitar. Como todos los alojamientos en San Francisco, era bastante más caro que la media de alojamientos del resto del viaje, pero dentro de lo que cabe nos salió mucho mejor que alojarnos en un lugar más céntrico a pesar que tampoco estábamos muy lejos… en 20-25 minutos andando se llegaba al puerto.
Como estábamos hambrientos salimos rápidamente a cenar en un típico restaurante americano ambientado en los años 50-60 que estaba frente al hotel, el Mel's Drive-In. Comida correcta pero nada espectacular y precio moderado en un lugar con bastante encanto. Tras la cena, a dormir que mañana toca visitar San Francisco.