El viaje de Tokyo a Takayama es largo, unas 4 horas, por lo que madrugamos bastante,a las 6:30, dejando ya el hotel de Tokyo, donde había hecho los trámites para que nos mandaran las dos maletas al hotel de Kyoto (una gozada poder viajar sólo con la mochila sabiendo que cuando llegues a Kyoto te vas a encontrar las maletas ya en el hotel).
Y el viaje tuvo el inconveniente de que al llegar a Toyama con el Shinkasen nos encontramos con que el tren que teníamos que coger no salía al estar la vía cortada por obras relacionadas con el tifón, así que no nos quedó más remedio que coger un tren local a Inotani y desde allí autobús hasta Takayama, llegando sobre las 13:00 en vez de las 11:30 previstas. Por lo menos, el paisaje que íbamos viendo era muy bonito.
Nada más llegar a Takayama fuimos callejeando hasta el ryokan que habíamos cogido, el Oyado Yamaku (Mi crítica en Tripadvisor), si bien antes pasamos por la calle más céntrica de tiendecitas y picamos unas bolitas de patata y un pincho tipo piruleta, también de patata con salsa dulce.

Tras hacer el check-in fuimos directamente a comer, al Maruaki, carne de Hida. Posiblemente la mejor carne que he comido en mi vida. Un plato son 9800Y, pero merece la pena.

De ahí seguimos paseando por la ciudad, visitando primero el Kokubun-ji, del que destaca su pagoda y perdiéndonos después por las calles comerciales, donde compramos algún regalo, y para mi un llavero que parece unos gajos de mandarina (recuerdo de la imitación de comida típica de Japón), antes de ir a visitar el museo de la ciudad (creo que se llama de las artes tradicionales, pero al final es un recorrido por las tradiciones de la zona). Ya empezaba a anochecer cuando nos dirigimos en la parte norte al Higashiyama Teramachi: conjunto de templos que estuvimos visitando hasta que ya no había absolutamente nada de luz.
Y estábamos tan desorientados que 5 minutos después de hacer cábalas sobre cuánto nos quedaba para llegar al ryokan... resulta que era el edificio que teníamos justo debajo el último templo que estábamos viendo...
Habíamos "reservado" hora para una cena tradicional en el ryokan a las 19:30, así que tras una breve sesión de fotos en la habitación poniéndonos el yukata, bajamos a cenar (yo me dejé el yukata puesto). La cena consistía en mil platos, tantos que muchas veces no sabías ya a qué atender, y al final nos quedamos casi solos en el comedor. El punto negativo: comer en el suelo no es lo mío, y la postura que tenía que adoptar no me resultaba demasiado cómoda.

Después de cenar, y tras esperar un tiempo prudencial, todavía bajé al onsen a darme un bañito. Y aquí estaba completamente solo. Todo para mí...