Nos levantamos temprano y después de un delicioso desayuno, nos preparamos para cambiar de casa. Aunque nos dio mucha lástima dejar Casa Carlos, estábamos emocionados por alojarnos en Casa Alejandro, la casa más limpia que encontramos en toda la isla. Después de instalarnos, decidimos tomarnos un merecido descanso y pasamos el día en Playa Ancón. Descansamos en unas cómodas hamacas bajo un parasol y disfrutamos de un delicioso sándwich y unos refrescantes Cocos-Locos que nos supieron a gloria.
Al regresar a casa, tuvimos una experiencia un tanto desagradable en la gasolinera, donde intentaron timarnos. Nos pidieron que pagáramos un depósito de gasolina a precio de turista, pero nos dieron el combustible de un bidón de plástico que sospechamos que no era gasolina. Por supuesto, no caímos en la trampa.
Por la noche, nos arreglamos y dimos un paseo por Trinidad. Cenamos en la terraza del Restaurante "Vista Gourmet" con música en vivo y vistas impresionantes de la puesta de sol sobre la ciudad. Probamos "La Canchánchara", una bebida típica y emblemática de Trinidad, que resultó ser deliciosa pero que, lamentablemente, tenía una gran cantidad de agua sin tratar y ya podéis imaginar que me pasó aquella noche…


Acabamos nuestra noche en la Casa de la Música.