18 de Abril
Como este día teníamos el trayecto de tren diurno a Moscú, disponíamos de toda la mañana para pasear un poco más por la ciudad, así que nos dirigimos andando hacia la Catedral de la sangre derramada para visitarla por dentro, llegamos quince minutos antes de que abrieran, así que nos pusimos a la cola, por suerte solo habían unas diez personas esperando, la entrada tiene un precio de 250 rublos, abren a las diez y media de la mañana hasta las seis de la tarde web: eng.cathedral.ru/.
Al entrar a la catedral nos quedamos boquiabiertos, es una maravilla, con sus preciosos mosaicos inundando todo el interior, al ser la primera de este estilo que veíamos nos hicimos un hartón de hacer fotos y vídeo. De todo el viaje quizás es la más alucinante, ya que si bien las demás tiene unos frescos que inundan el interior de las catedrales, en este caso son mosaicos, lo que les confiere un brillo y una intensidad de color más intenso.


Nos acercamos paseando a la Catedral de Kazán, la principal del la ciudad, que ya habíamos visto por fuera, destaca su gran columnata compuesta de 96 columnas, así que visitamos también su interior, la entrada es gratuita, su decoración es en mármol de color verde oscuro, con columnas grises, en su parte principal se encuentra el milagroso icono de Nuestra señora de Kazán.


Al salir cogimos el metro y nos fuimos a la catedral de San Isaac, una de las más grandiosas de la ciudad, que está cerca de la estación de Admiralteyskaya, para subir hasta su mirador de la Torre y visitar su interior que actualmente es un museo de la numismática.

La entrada tiene un precio de 300 rublos el museo y 200 rublos la torre. Primero subimos a la torre la cual tiene una fantásticas vistas de 360 grados de la ciudad, a continuación visitamos su interior que está repleto de mármoles, dicen se emplearon 43 tipos diferentes de minerales para su decoración y más de 100 kilos de oro.


Regresamos paseando al hotel para esperar el transporte a la estación de tren.
Una vez en la estación, nos estaba esperando nuestro tren “Sapsan”, que significa halcón peregrino, para llevarnos a Moscú, donde teníamos reservadas un par de butacas para el trayecto. El tren diurno es de alta velocidad, de la casa Siemens por cierto, en cuatro horas nos llevó a Moscú, un trayecto interesante pues pudimos ver los cambios de paisaje de las zonas más urbanas a las más rurales.


Creo fue una buena elección ya que al día siguiente coincidimos en las visitas con otros viajeros que habían elegido el tren nocturno y estaban casi todos destrozados y somnolientos, ya que habían dormido muy poco.
En nuestro caso cuando llegamos a Moscú nos trasladaron al hotel el Holiday Inn Suschevsky, donde dejamos el equipaje y salimos en busca de un restaurante, labor algo difícil ya que el hotel se encontraba a la afueras y solo habían sándwicherias, un centro comercial con un burger king y poco más.

