Día 4
15/06/2019
Aunque el día amanece nublado (como siempre), la previsión dice que va a hacer bueno. Hoy iremos a la vecina isla de Eysturoy para ver algunos de los pueblos más bonitos de las Feroe.
La primera parada es Eiði, un pueblo situado al norte de la isla de Eysturoy donde habitan unas 670 personas. Después de dar un paseo, nos dirigimos al punto desde donde empieza una pequeña excursión para ver una cascada que desemboca en el mar. El camino es muy bonito; pasamos por un lago lleno de aves y hay unas vistas maravillosas del pueblo.

El camino se acaba donde termina el lago, y lo que hacemos es subir por las rocas y continuar caminando por ellas, dejando siempre el océano a nuestra izquierda. Después de unos minutos caminando vemos la cascada a lo lejos. Que bonita! Ya no hay perdida, solo hay que ir hacia ella. A medida que nos vamos acercando el “camino” se complica, las rocas están mojadas, tienen moho por encima y resbalan. Llegamos hasta donde consideramos que es seguro. Nos quedamos un buen rato fotografiando la cascada y disfrutando del paisaje.



Es hora de seguir, el día se ha despejado y es buen momento para ir al siguiente punto: el pueblo de Funningur. Está solo a unos 15Km de Eiði. Dicen que los días despejados desde esta carretera hay unas vistas maravillosas. Y podemos dar fe de ello. Esto es el paraíso! Un lago, montañas, ovejas por doquier tomando el sol. Y sin necesidad de bajarse del coche (aunque nosotros por supuesto que bajamos!)



Hay que decir que aunque por todas las carreteras de las islas hay que tener mucha precaución con las ovejas que se cruzan en el camino (es el motivo más frecuente de accidentes de coche en las Feroe); aquí hay que tener más cuidado si cabe: Los animalitos se pasean tranquilamente por la carretera y aunque muchas veces se apartan al ver los coches, otras no hacen ni caso; o vienen hacia el coche en modo suicida.

Cuando ya vamos llegando a Funningur hay una panorámica del fiordo y el pueblo, con la isla de Kalsoy al fondo, que hace que nos paremos otra vez; las cámaras de fotos van a echar humo!

Al llegar nos damos un paseo por el pequeño pueblo hasta llegar a la fotogénica iglesia con techo de hierba. No nos entretenemos mucho más, son las 14:30 y nos quedan muchas cosas por ver.

La siguiente parada es una excursión que empieza en la carretera que une Funningur con el pueblo de Gjógv. A 5,2 km de Funningur hay el sitio justo para dejar un par de coches al lado de la carretera. Aparcamos allí y empezamos la excursión de Hvíthamar. Básicamente consiste en subir y subir la montaña en línea recta siguiendo una fila de vayas, que de vez en cuando me sirven de ayuda para agarrarme, ya que no hay camino alguno y está bastante empinado. La subida es algo dura para los que no estamos muy acostumbrados a andar por la montaña, pero es una excursión corta y la recompensa al llegar arriba es total. Podemos ver el fiordo Funningsfjørður, las montañas que hay alrededor y la isla de Kalsoy. Es absolutamente impresionante!


Volvemos al coche y en solo 5 minutos llegamos al pueblo de Gjógv, en mi opinión, el pueblo más bonito de las Islas Feroe. Parece una maqueta: con sus casas de colores con techos de hierba, un arroyo que cruza el pueblo, una garganta de 200 metros que desemboca en el mar; y todo rodeado de altas montañas con ovejas pastando libremente. Los niños están jugando con barquitas en el arroyo, mientras los padres esperan tomando el sol en el césped. Es todo idílico!



Subiendo por la montaña se tiene una panorámica fantástica del pueblo, el camino está señalizado, ya que es el punto de inicio de una excursión para ver los acantilados.


Sobre las 17:30 cogemos el coche y nos vamos a la isla de Streymoy para ver otro de los pueblos más bonitos de las Feroe: Tjørnuvík. Es otro pueblo idílico rodeado de montañas; con decenas de cascadas y una bonita playa de arena negra desde donde se pueden observar los dos pilares de roca Risin y Kellingin (el Gigante y la Bruja) al fondo.

Según la leyenda, un gigante y su mujer bruja fueron enviados desde Islandia para robar las islas y devolverlas a Islandia. Decidieron atar una cuerda alrededor de una montaña llamada Eiðiskollur, y tirar de las Islas Feroe hacia Islandia, pero una parte de la montaña se rompió. Estaban tan preocupados con su tarea que no se dieron cuenta de los primeros rayos de luz que aparecían en el horizonte. Inevitablemente, al ser criaturas de la noche, se convirtieron en piedra. Desde entonces, el gigante y la bruja se han puesto de pie, mirando hacia el oeste, anhelando su país de origen.

Nuestra siguiente parada es el pueblo de Saksun, también en la isla de Streymoy. Pero para llegar hasta él pasamos por delante de la cascada Fossá. Ayer nos quedó pendiente subir al segundo nivel de la cascada y decidimos pararnos para intentarlo hoy. Cogemos nuestros palos de trekking y empezamos a subir decididos por la montaña. Llega un punto que hay que atravesar unas rocas y no vemos claro como hacerlo, ni por donde. El “camino” no es nada seguro y el viento empuja con fuerza, por lo que una vez más abortamos la misión. Creo que será algo que nos quedará pendiente en este viaje. Lástima.
Son las ocho y media, pero seguimos queriendo ver cosas! Esta siendo un día muy productivo y la previsión dice que mañana lloverá todo el día así que nos animamos y vamos hasta Saksun.
Por el camino nos encontramos niños con traje de neopreno bañándose en un arroyo. Es algo curioso que ya hemos visto más veces en las islas. Nosotros con tres capas de polares, y los niños Feroeses chapoteando en los arroyos, haya nubes o haga sol. Están hechos de otra pasta!
Saksun es el pueblo que protagoniza más postales de las Islas Feroe, y no es para menos. Un pequeño pueblo remoto de solo catorce habitantes, situado en un anfiteatro natural rodeado de montañas, con una gran cascada. También destacan sus casas con techos de hierba al igual que su pequeña iglesia. En el fiordo, a los pies del pueblo, hay una laguna, y durante la marea baja se puede caminar hasta llegar a la playa que desemboca en el océano. Pero hay marea alta, así que nos dedicamos a pasear por el pueblo y a alucinar con lo que estamos viendo. Parece sacado de un cuento.


Ahora si, son las nueve y media y nos damos por satisfechos! Volvemos al apartamento a cenarnos una rica pasta con tomate y atún..., y a descansar!