17 de Julio. Milos: playas del sur, paseo por Plaka y puesta de sol
Nuestro vuelo con Aegean Airlines salía la noche del 16 al 17 de julio, a la 1:45. Fue muy puntual y cómodo, pues pasamos el viaje dormidas. Tanto que ni tuvimos oportunidad de tomar la comida que ofrece esta compañía aérea, que siempre me ha parecido muy correcta y completa. Llegada al aeropuerto de Atenas puntual, a las 6:00 hora griega y espera para enlazar con el vuelo a Milos, que sale a las 8:30 y llega puntual a las 9:15. Parece increíble que en un vuelo tan corto y en un mini-avión, de tiempo a que nos ofrezcan desayuno. Pero así es, y llegamos a Milos desayunadas y con ganas de comenzar la aventura.
En el aeropuerto de Milos esperamos a Panos, de “Katris Cars”, que viene con nuestro coche de alquiler. Como es pronto para alojarnos en el apartamento, nos vamos directas a la playa, parando en un super mercado para comprar justo el desayuno de dos días y crema de sol. Tengo muchas ganas de volver a Paleochori, una de mis playas preferidas de Milos, y no dudo en ir directas allí, pues además está bastante cerca del aeropuerto. Esta playa tiene tres zonas: la zona central con el restaurante Sirocco, donde para el bus; la zona oeste con el bar Deep Blue sobre el acantilado y vistas a las playa y la zona este a la que solo se llega andando, más privada y tranquila, que es nudista. Siempre me ha gustado la zona oeste y decidimos ir directas allí, con la idea de que si se llena, siempre tenemos la opción de ir a la zona este. A las 10 de la mañana la playa de Paleochori está muy tranquila y solitaria. Me parece increíble estar de nuevo allí, bajo un acantilado de rocas de los más variados colores que van desde el blanco hasta el rojizo y escuchando las suaves olas del mar.
Según avanza la mañana va llegando gente, y enseguida noto el cambio del Milos que conocí hace siete años. Sin duda, la isla se está poniendo de moda y se observa más turismo. Pero en nuestro rincón estamos tan bien que no queremos movernos de allí. La idea era acercarnos a comer al Sirocco, pero llevamos aún algo de comida en la nevera y decidimos terminarla y aprovechar la playa. A las 16:30 hemos quedado con el dueño de nuestro apartamento, así que sobre las 16:00 salimos hacia Plaka.
Lo complicado de alojarse en Plaka es que el pueblo es peatonal y está en lo alto de una colina, por lo que solo me preocupaba subir con las maletas. Pero hemos quedado en la parte baja del pueblo, en la agencia “Travel to me to Milos”, junto al parking, y el chico encargado nos lleva a lo alto en una furgoneta. Una vez arriba, entre callejuelas, encontramos los apartamentos Archondoula, donde nos espera el dueño, un hombre autóctono y auténtico, que nos recibe estupendamente, a pesar de que apenas habla inglés. La habitación Nº 1 es pequeña pero está muy bien aprovechada, limpia y cuidada. Tiene una pequeña nevera y utensilios básicos de cocina para prepararnos el desayuno en la magnífica terraza, que es lo mejor de este apartamento. Mi hija tiene sueño, pues por la noche entre vuelos hemos dormido poco, así que se queda descansando en la cama mientras yo salgo a la terraza y me siento a mirar el paisaje. En pleno silencio veo el sol empezar a caer, y no me canso de mirar al mar.
Nos duchamos y preparamos para salir a pasear por Plaka y subir a Kastro. Es una gozada tenerlo allí mismo y poder disfrutarlo sin necesidad de coger el coche. La puesta de sol se produce entre las 19:30 y las 20:30, justo el tiempo que dedicamos a subir al Kastro veneciano, situado en una colina de 280 metros de altura, con unas vistas espectaculares de las Cícladas y el mar Egeo. En la ladera del castillo está la iglesia de ortodoxa de Thalassitra, cuyas vistas de la puesta de sol son preciosas.
Aún así, decidimos continuar nuestro paseo hacia Trypiti pues queremos ir al pequeño Prophet Elias, que ya habíamos divisado desde la terraza del apartamento. Se trata de un agradable paseo entre campos y a continuación una subida a la pequeña colina en la que se ubica esta bonita ermita que fue construida sobre los restos de un antiguo templo dedicado al dios Apolo, con su campanita, perfecta para la puesta de sol.
Momento mágico… no hay palabras…
Antes de que el sol se esconda nos dirigimos al pueblo de Trypiti, pues queremos cenar en la taverna Ergyna, y sabemos que suele estar muy concurrida. Así es, pues llegamos a las 20:20 y nos dan la última mesa libre, en la magnífica terraza con vistas al golfo, perfilando el final de la puesta de sol. La cocina es regional, pero con un toque de cocina creativa que la hace deliciosa. Cenamos de maravilla.
Ergyna: Rollitos de berenjena rellenos de queso feta con tomate al horno, pastel de calabacín y queso, vaso de vino y zumo. De regalo, dos porciones de postre de la casa: 19€.
Cuando terminamos ya es totalmente de noche, y nos dirigimos por una calle paseando directas a Plaka y a nuestro apartamento. Estamos cansadas pero felices de haber empezado el viaje de una manera tan bonita.