Miércoles 14 de agosto de 2019
La etapa de hoy son solo 29 kilómetros, los que nos separan entre Azay-le-Rideau y Chinon. Seguimos con una variante del Loire a vélo porque por Chinon pasa el rio Viena (Vienne en francés), no el Loira, pero todo está muy bien indicado.
Estamos de trayecto dos horas y cincuenta minutos del tirón.
Nos desviamos unos pocos kilómetros de la ruta para ver de cerca el fantástico Chateau d’Ussé. Se ve desde la misma carretera (aquí sí que compartimos vía con los automóviles, pero hay poco tránsito). Por dentro lo tienen decorado representando un cuento de princesas, o algo así, pero no nos interesa. La vista desde fuera ya es suficiente para admirar sus dimensiones. Sus torres realmente le dan un aspecto de cuento de hadas.
Chinon es un pueblo pequeño y turístico con un casco antiguo pintoresco y una fortaleza monumental.
Aquí en vez de un castillo renacentista tienen la fortaleza en la que vivió Carlos VII y que fue testigo de uno de los eventos más importantes de la vida de Juana de Arco, su encuentro con el entonces príncipe en el que la autorizó a unirse a su ejército para liberar Orleans de los ingleses.
Por si la importancia histórica del lugar no fuese suficiente para valer una visita a un castillo medio en ruinas, la administración de la región ha reforzado su atractivo con una experiencia de realidad aumentada a través de una “tablet” en distintos puntos de su interior (incluida dentro de la entrada, 10’50€).
El Histopad, que es así como se llama, nos lleva a través de las distintas salas (ahora con paredes de piedra desnudas) y nos muestra a través de la pantalla cómo era la decoración, los enseres, herramientas, menaje e incluso un banquete de las estancias reales.
Bajamos también a los calabozos donde gracias a la tecnología podemos aprender sobre el encarcelamiento de los templarios por parte de Felipe IV y la supresión de la orden monástica por parte del papa Clemente V.
Las vistas del pueblo desde el castillo tampoco tienen desperdicio.
La visita nos ha llevado dos horas y son las tres de la tarde. Ya han cerrado todos los restaurantes.
Una vez guardadas las bicis en el hotel seguiremos el folleto de puntos de interés que hemos cogido en la oficina de información turística. Las adoquinadas calles Haute Saint-Maurice y la Voltaire son los ejes principales que concentran las residencias medievales.
Nos acercamos a la iglesia de Saint Étienne y a la colegiata de Saint Mexme.
Nos acabamos pronto el pueblo. Finalmente cenamos en la calle Rabelais, que concentra la mayoría de bares y restaurantes.
Para esta noche hemos elegido una coqueta habitación con vistas al río en el sencillo pero correctísimo hotel Agnès Sorel.