Las once horas de vuelo entre Barcelona y Los Angeles pasan sin nada destacable.
Llegamos a las seis de la tarde puntuales y tomamos el autobús de la línea Flyaway en dirección a Union Station. Es un autobús directo, pasa uno cada media hora, se paga el billete al bajar, cuesta 8,70€ por persona y tarda una media hora larga.
En la Union Station, aunque estamos sólo a veinte minutitos caminando del hotel, preferimos tomar la línea de tranvía Metro Gold Line y hacer una parada.
Para usar el transporte público compramos la tarjeta recargable Tap, que cuesta 2$, más la recarga que se elija (desde 5$). No sabemos si representa un ahorro en las tarifas, pero nos compensa la comodidad de no tener que comprar un billete cada vez que tomamos el transporte público (que tampoco serán tantas veces, como veremos más adelante).
Desde la parada del tranvía hasta el hotel hay unos diez minutos a pie, pasamos por delante de un food truck mexicano y ahí que nos paramos. Son las ocho de la tarde y hay hambre. Los tacos de Doña Estela son bien ricos y es la comida de moda del momento en Los Angeles, así que había que probarla.
El American Hotel es perfecto, una habitación cómoda y silenciosa, un recepcionista amable, el baño compartido está limpio, no pedimos más. A dormir.

