Hoy, como siempre, madrugamos, y decidimos hacer tiempo hasta la hora de devolver el coche visitando Palm Springs.
Es un verdadero oasis en medio del desierto. Y hace calor.
En la ciudad con más piscinas y gays por cápita de todo el país hay poco que hacer excepto comer, beber y comprar.
Fue el glamouroso refugio de las estrellas de Hollywood de la década de los 50 y 60, se puede visitar la mansión donde Elvis y Priscilla pasaron su luna de miel.
Nos hubiera gustado visitar el jardín botánico Moorten pero precisamente los miércoles no abren.
Nosotros aparcamos en South Canyon Drive, la calle principal. Lo que ellos llaman Downtown incluye toda Canyon Drive (South y North), y las calles con las que se cruza, y ya está.
Hay un montón de parking gratuito, que se puede consultar aquí.
La arquitectura combina un estilo parecido al rancho mexicano (lo llaman estilo Spanish Revival) y el art decó. Todos los edificios tienen como máximo una planta de alto, excepto algún hotel moderno. La avenida es ancha y espaciosa, adornada con altísimas palmeras que no ofrecen nada de sombra.
Es pronto por la mañana y solo nos cruzamos con jubilados ultra bronceados haciendo su ejercicio matutino. Más tarde empezaremos a cruzarnos con parejas en dirección a su brunch de los miércoles (qué buena vida
En esta misma calle hay un Walk of Stars, como el paseo de la fama en Hollywood, estrellas en el pavimento con nombres de personajes relativamente famosos.
Palm Springs destaca por sus mansiones de estilo “mid-century modern”, con un predominio de líneas rectas y una combinación de piedra, ladrillo, y acero, todo muy elegante y lujoso.
Hemos encontrado por internet algo que parece digno de visita, llamado Robolights. Un vecino de Palm Springs ha adornado su patio con lo que las webs describen como “esculturas surreales” o “transformers caseros” y “escenas navideñas postapocalípticas”.
El artista creador de tal batiburrillo de deslumbrantes colores y dudable gusto estético decora su patio con infinidad de luces cuando llega la navidad. Debe ser un espectáculo digno de ver.
Hoy nos conformamos con ver lo que se observa desde la tranquila calle residencial, rodeada de jardines privados con abundantes buganvillas en flor.
Finalmente antes de ir a devolver el coche engullimos un generoso brunch (si ellos lo hacen, nosotros también
A las dos del mediodía puntual, y tras haber devuelto el coche de alquiler, sale nuestro bus Amtrak en dirección a Fullerton. Son dos horas y media.
Una vez en Fullerton tomamos un tren que nos deja en la estación de Anaheim. Con el billete de tren va incluido también un trayecto en autobús urbano, hay varias líneas y una de ellas pasa por Disneyland.
Nuestro hotel está a un cuarto de hora a pie.
El Motel 6 Anaheim Maingate es la opción más económica y práctica para visitar Disneyland. En la calle de atrás tiene un supermercado 7/11 en el que nos aprovisionamos de comida para los próximos días.
En el mismo hotel compramos un abono de tres días para el autobús que para justo en el parking del hotel y nos lleva al parque. Tiene una buena frecuencia y es rápido y práctico.

Cenamos en la cómoda y espaciosa habitación y a descansar que mañana toca ¡Disneyland!

