Sábado de 10 Agosto:
El vuelo hacia el aeropuerto de Hilo, en la Big Island, saía a las dos de la tarde, y teníamos que dejar el coche sobre las 12 en la oficina de Dollar. Por tanto, teníamos la mañana para poder visitar alguna otra cosa antes de irnos de Oahu. Una de las cosas que teníamos planificadas para el día que perdimos era el Pearl Harbour, sin embargo, durante gran parte de 2019 el US Arizona ha estado cerrado por reformas en la plataforma de observación, y para mí era el punto principal de todo el parque. Nos planteamos ir a ver lo que pudiéramos pero creímos que para verlo sin el US Arizona era mejor dedicar el tiempo a otra cosa.
Al final decidimos ir al Diamond Head, un crater ya extinto situado al lado de Honolulu y que preside el paisaje de la ciudad. En las guías recomiendan ir a primera hora, ya que el parking, que está dentro del cráter, es pequeño y se llena rápidamente. A las 9 y algo ya estábamos allí y ya había cola. Por suerte no tuvimos que esperar demasiado y pudimos aparcar rápidamente. Cuando salimos, que serían las 11:30 más o menos, la cola era mucho más larga, así que sí, conviene estar allí a primera hora.
Desde el parking parte una ruta de senderismo que va subiendo por el cráter, hasta llegar al borde del mismo. En las siguientes imágenes se puede ver la ruta:


El principio es muy fácil, prácticamente llano, mientras vas andando por el fondo del cráter. Hay vegetación pero bastante seca y mustia, con pocas zonas de sombre. Cuando llegas al borde y empieza a ascender la cosa se complica. No exagero si digo que fue la peor caminata de todo el viaje, la que más dura se me hizo. Para empezar el calor es agobiante. En el borde no corría nada de aire y había zonas donde no daba la sombra. Y después la cantidad de gente que había, tanto subiendo como bajando, en ambos sentidos, en un camino muy estrecho, empinado y con escalones. Quizá esto era lo peor. En cierto punto el camino se bifurca, derecha e izquierda. Nosotros cogimos el lado de la derecha, y nos encontramos con unas escaleras de metal muy empinadas, seguidas de una escalera de caracol ya dentro de la montaña. Esta parte también fue tremendamente agobiante. Al final llegas a una especie de mirador, con vistas a Honolulu. Tienes Waikiki y los rascacielos del Downtown a tus pies, con el mar... la verdad es que queda muy chulo, pero el camino para llegar es duro.

Seguimos el camino y vas pasando por otros miradores. En ese momento vimos llegar un helicóptero de sanidad. Aterrizó en una plataforma que estaba ocupada por gente haciendo fotos desde allí, pero se veía que estaba preparada para los helicópteros, y bajaron unos enfermeros con equipo sanitario para socorrer a alguna persona. Suponemos que sería por algún golpe de calor. Vimos a gente mayor, obesos, subiendo por aquellas escaleras y algunos se les veía muy apurados.
El camino de vueltas se hizo menos pesado al ser cuesta abajo, pero la cantidad de gente iba en aumento, así que otro motivo más para llegar temprano. Al llegar al parking aprovechamos para ir al baño y beber agua, y nos encontramos con que una ambulancia estaba bloqueando la salida de nuestro coche y estaban atendiendo a alguien, así que tuvimos que esperar a que terminaran y se fueran para poder sacarlo y marcharnos.
Desde el Diamond Head nos fuimos directos al aeropuerto. Primero a la oficina de Dollar a dejar el coche. El proceso fue rápido. Comunicamos el tema del indicador de presión que se iluminaba y no nos pusieron ninguna pega, ni nos han cobrado nada después. Desde allí el transfer nos llevó a la zona de salidas de la Hawaian, la compañía con la que teníamos el vuelo a la Big Island. Esta parte del aeropuerto era más moderna y estaba mejor acondicionada que la que vimos a la llegada. Comimos algo en uno de los restaurantes y esperamos a nuestro vuelo.
Los aviones de la Hawaiian son pequeños, pero cómodos, y nos ofrecieron unos zumos durante el vuelo. Todo fue bien, y como el día estaba bastante despejado pudimos ver las islas cercanas. Desde el aire se puede ver perfectamente las islas de Molokai, Maui, Lanai... y por fin la Big Island, aunque en esta última sí que había muchas nubes y no pudmos ver el Mauna Kea, que me hubiera gustado verlo desde el aire.
El aeropuerto de Hilo es muy entrañable. Es pequeño, y tiene zonas con grandes ventanales sin cristales, incluso con zonas de espera allí. Imagino que no hará mucho frío nunca en esa zona, pero sí que llueve, de hecho es la ciudad más lluviosa de Estados Unidos. El hall principal tiene muchos sofás con unos bonitos estampados de flores, muy hawaiano todo. Fuimos al mostrador de Alamo a recoger el coche de alquiler y tras unas pequeñas dudas sobre el funcionamiento del maletero
Como en el resto del viaje, los hoteles por la zona de Hilo eran caros, así que optamos por un Bed&Breakfast cerca de la ciudad de Pahoa, y la verdad es que no pudimos haber elegido mejor. El paisaje hasta allí era diferente al de Oahu, muy verde también, mucha vegetación, pero más llano y más agrícola. También había mucho menos tráfico, sobre todo en cuanto te alejabas un par de kilómetros de Hilo.
Nuestro Bed&Brekfast estaba ubicado en Leilani Estates, una urbanización a unos 5 kilómetros de Pahoa, una típica zona residencial de casas unifamiliares con sus jardines, sólo que aquí los jardines parecían jungas. Se llama The Kimo's Ohanas y nos encantó. Los dueños son una pareja de americanos, uno de Colorado y el otro de Chicago, ya entrados en años. Al parecer fue la primera pareja gay que se casó en la isla y fueron noticia en la prensa local.

El recibimiento por parte de ambos fue muy amable y nos enseñaron las zonas comunes y nuestra habitación. Tienen sólamente 4, dos independientes, con baño incluído, y otras dos más pequeñas que comparten una casita que tienen en el jardín, con su saloncito compartido y el baño. Lo bueno es que de las cuatro noches que pasamos allí sólo compartimos el salón y el baño una de ellas, el resto teníamos para nosotros solos la casa del jardín. En el patio de la casa tenían un montón de toallas de playa y equipo de snorkel que podíamos usar gratuitamente, lo cual nos vino muy bien.
Nos instalamos en la habitación y nos pusimos los bañadores. Eran ya las 4:30 de la tarde y teniendo en cuenta que allí anochecía sobre las 7 no teníamos mucho tiempo para visitar cosas. Optamos por ir a una de las playas de arena negra que abundan en la zona este de la isla, la costa más cercana a la casa, en la zona de Kalapana. La playa nos gustó mucho, nunca había estado en una playa de arena negra y fue sorprendente. Eso sí, queda mejor al natural que en las fotos. Estas playas son poco fotogénicas. No había demasiada gente, y la playa era pequeña y de difícil acceso. Había algunas parejas, un par de surferos... y un mar muy bravo. Las olas pegaban fuerte aquí, cosa que ya habíamos leído, que en la costa oeste el mar puede ser algo traicionero y hay que extremar las precauciones. Aún así nos bañamos un par de veces y pasamos un par de horas muy agradables allí.


De camino a la playa pasamos por una zona, muy cerca de la casa, donde la tierra echaba humo, justo al lado de la carretera. Los dueños del B&B nos contaron unos días después que son restos de la erupción que tuvo el Kilauea en 2018, el año anterior a nuestra visita. Al parecer se abrieron varias grietas en la zona noreste de la isla, justo por donde estábamos, y la lava fluía desde varios puntos. Gran parte de la zona quedó arrasada, incluyendo casas, hoteles, urbanizaciones enteras... De hecho, nos contaron que ellos tuvieron que dejar el B&B durante dos meses y trasladarse a casa de unos amigos en Kona, en la costa occidental, pero su casa no tuvo problemas. La tierra todavía sigue caliente y con actividad, y esas fumarolas son testigo de ello.
Ya en la habitación nos duchamos y nos arreglamos para salir a cenar. Fuimos a Pahoa, que era donde estaban los restaurantes más cercanos. Nos encontramos con una ciudad muy pequeña pero con un centro animado, con bastante gente por las calles, música, tiendas abiertas... Elegimos el restaurante Kaleo's Bar & Grill, el que mejores críticas tenía en TripAdvisor, y creo que acertamos. El sitio estaba concurrido, tenía hasta música en directo, pero nos dieron una mesa en la terraza. Pedimos humus, queso frito y también pudimos probar por fin uno de los platos más típicos de las islas, las Kalbi Ribs. Son costillas de cerdo de Hawaii que se adornan con salsa de soja y sésamo. Es una comida típica de las islas pero tiene influencias de otras culturas, en este caso de la coreana. Nos gustaron mucho.

Al acabar la comida dimos un pequeño paseo por la ciudad y nos volvimos al B&B a descansar. Sólo llevábamos unas horas en la Big Island, pero ya se veían las diferencias con Oahu y me estaba gustando mucho más, era todo mucho más relajado. Cuando llegamos al B&B nos encontramos una sorpresa... los pájaros estaban cantando, tenían una buena allí montada!! Con la humedad que había pensaba que en la habitación no podríamos aguantar por el calor, pero la verdad es que con la ventana abierta hacía fresco y se estaba a gusto. Además, desde la cama podíamos escuchar el canto de los pájaros nocturnos y era muy exótico. Nos estaba encantando el sitio!!