El último destino del día era Linderhof para ver el palacio que construyo otro rey bávaro bastante tocado de la cabeza (del marote como decimos en Argentina) como el que construyó Neuschwanstein, porque como ya voy a contar el palacio tiene varias curiosidades.
Cuando llegamos al palacio en bus diluviaba, una pena porque el jardín es hermosísimo, se veían jardines de estilo francés muy cuidados, fuentes y esculturas doradas, ánforas enormes a los costados del palacio, recuerdo que esperamos la apertura del palacio acurrucadas bajo el pequeño techito que había sobre la puerta, hicimos una visita guiada por el interior, realmente fabuloso.


El interior del castillo es opulento en todos sus ambientes, mueblería y objetos expuestos

Lo que me llamó la atención y es una de las curiosidades que mencionaba antes es una cueva artificial que tiene un escenario y un lago dentro con una barcaza dorada que dicen que ese rey usaba para ver la actuación del teatro sin conectarse con público.

Al salir de la cueva ya no llovía tanto así que caminamos por el parque hasta la salida pasando por una glorieta muy cuidada. A pesar del mal tiempo me gustó mucho esta visita.

Tomamos el bus a la Abadía para volver en tren a Múnich y en el andén empezó otro fuerte chaparrón, así que otra vez acurrucadas en un mínimo techito, cosas que pasan y que con los años. como ahora que escribo esto después de 5 años del viaje, resultan divertidas.