Después de mas de 24 horas desde que salí de casa llegamos por fin a Galápagos. El avión desde Guayaquil son unas dos horas y media y los tramites que hay que rellenar para entrar a Galápagos ya te hacen ver que uno va a un sitio especial. Entre los papeles del covid y los papeles de galápagos cada control de aeropuerto es infinito.
Al llegar a San Cristóbal, desde el avión, ya se empiezan a ver las primeras fragatas y el aeropuerto rodeado de los cactus típicos de Galápagos, las opuntias. Bajamos del avión y nada mas bajar otro control y además hay que pagar 100 dólares. y eso que en Guayaquil habíamos pagado ya 25.
Al salir del aeropuerto estaba el hombre del hotel esperándonos, Hostal Romy. Está realmente cerca de Puerto Baquerizo, el pueblo de San Cristobal. Llegando con el coche empezamos a ver los primeros leones marinos por la calle y los nervios empezaban a notarse mas que el cansancio.
Al llegar al hotel, que está bastante bien, dejamos las cosas y nos explican donde ir a cambiar dinero y a sacar un tarjeta sim. Una vez cómodos salimos dirección al pueblo y nada mas llegar al malecón la explosión de vida es tal que te sientes como un crio en un parque de atracciones. En menos de 10 metros cuadrados te encuentras con iguanas a tu lado, leones marinos, piquero de patas azules posados, fragatas... Una maravilla. Tras casi dos años sin viajar al extranjero por la pandemia volver a sentir una sensación así es indescriptible. Estos momentos son los que hacen que todo el esfuerzo y el ahorro que implica venir hasta aquí quede justificado.

Los leones marinos están por todas partes, los bancos, las aceras, en los parques infantiles... Hay iguanas marinas por donde mires, piqueros de patas azules al lado de los leones marinos, garzas de lava, fragatas sobrevolando...es surrealista ver tal cantidad de animales y tan de cerca que parece que sea un espectáculo de un zoo, en este caso con animales salvajes que nunca necesitarion la conducta de miedo por ausencia de depredadores.


Vamos andando entre ruidos de leones marinos y cambio lo euros que llevaba. Tenia que haber cambiado en España pq me han pegado el palo. Después de cambiar comemos un ceviche. El ceviche esta bueno pero a años luz del peruano, además es carete. Ya comido buscamos donde comprar la tarjeta sim y nos dirigimos al centro de buceo para cerrar las inmersiones de mañana. Los del centro nos cuentan como funciona todo y nos llevan al hotel a coger el equipo para prepararlo.
Con todos los trámites hechos nos dedicamos a recorrer el pueblo hasta llegar a la playa Mann. Es una playa llena de leones marinos y gente, donde te sientas a ver la puesta de sol mientras a un metro un león marino eructa o escupe sal. Son increíblemente parecido a los perros. Lo mas curioso es el sonido de las crías mamando que se escucha constantemente de fondo. Muy chulo.

Ya de noche volvemos al alojamiento. Yo voy reventadisimo. Nos pegamos una ducha y como aun son las siete nos acercamos al pueblo pero poco mas. Picamos algo y a la cama que mañana hay que ir frescos.
