Las noches en Rewnzori son frescas y además llovió bastante por lo que toda la ropa se quedó mojada. Por delante teníamos 8 horas de coche hasta Murchison falls, así que cogimos los calzoncillos y las bragas y sacándolos por la ventana fuimos secando toda la ropa poco a poco. La gente se descojonaba al vernos, pero oye, el método fue super efectivo
Esta vez al menos la carretera era asfaltada y en muy buen estado, pero lo malo es que hay muchísimos badenes que no te dejan ni 5 minutos tranquilo.
Paramos a comer en Gulu, la segunda ciudad más grande de Uganda después de Kampala.
Comimos en un hotel con una terraza estupenda donde nos tomamos también una Nilo bien fresquita.
Desde Gulu a Murchison falls vas bajando metros constantemente y se notó un montón en la temperatura. Hasta ahora todos los días nos estábamos moviendo en torno a los 1500 metros y esto hacía que la temperatura fuera muy agradable por el día y fresquita por la noche, pero al llegar a Murchison estábamos a 650 metros y el clima era totalmente diferente. El calor era abrasador y el coche de Paul no tiene aire acondicionado, así que cuando llegamos a la catarata, yo solo pensaba en que salpicase muchísima agua para refrescarnos un poco.
Al aparcar el coche en el parking, una sensación de emoción inundó mi cuerpo. Cuanto más nos acercábamos, más nervioso me ponía. Anduvimos 100 metros y de golpe y porrazo se nos olvidaron las 9 horas de viaje.
Las Murchison falls es uno de los espectáculos naturales más impresionantes que yo haya visto en mi vida. Todo el torrente del Nilo cae por una estrecha garganta de no más de 20 metros de ancho; imaginad la virulencia con las que pasa el agua a su través.
Y si, además el viento hace que el agua llegue hasta el mirador y eso aplacó el calor extremo que llevábamos en el cuerpo.
Solo por ver esta monumento natural ya merece la pena venir hasta Uganda, pero el día aún nos deparaba una última sorpresa.
Después de un rato disfrutando de esta maravilla, pusimos rumbo al Hornbill Bush Lodge, que se encuentra dentro del parque natural al que dan nombre las cascadas.
Simplemente yendo por la carretera principal del parque empezamos a ver animales, cientos de animales!! Montones de jirafas, elefantes, gacelas, estaba plagado!!! Esto no tenía nada que ver con el Queen Elizabeth Mary.
Cambiando de tema, Ana y yo no parábamos de mirar el reloj.
Llevábamos dándole la chapa a Paul con Rafa Nadal desde el minuto 1 del viaje y hoy era el gran día, la final de Roland Garros.
Sabíamos que teníamos buen hotel y que seguramente tendría wifi, y en cuanto llegamos al Hall, lo primero que hicimos fue conectarnos para ver el partido. Nuestro gozo en un pozo, había wifi, iba muy fluido, pero más fluido fue el partido de Rafa, que arrasó a Casper Ruud en menos de lo que tarda el Nilo en pasar por la garganta Murchison.
Como no había partido que ver, aprovechamos para hacer la colada ya que hoy era el primer día que repetiríamos noche en el mismo sitio.
La puesta de sol desde la habitación como de costumbre, es impresionante, se ve todo el valle con el Nilo de fondo. Lo malo de tener vistas al atardecer es que te da el sol hasta última hora y la temperatura en la habitación era insoportable.
Desde las zonas comunes hasta la habitación y viceversa te acompaña un señor por la noche con la linterna por si hay algún animal salvaje.
Los más peligrosos son los hipopótamos, que por la noche se adentran hasta 10 km en la sabana en busca de alimento y es factible encontrártelos pastando en los jardines del hotel. Nosotros no vimos hipos pero si un facóquero.





