El día de hoy sería todo de viaje desde Moroto hasta Tororo que se encuentra en la frontera con Kenya.
En contra de lo que esperábamos, fue un día súper chulo. Íbamos sin ninguna prisa y paramos por el camino unas cuantas veces. La primera vez lo hicimos en una recta grandísima y fuimos andando un rato. Unas mujeres que estaban trabajando la tierra fueron muy simpáticas y nos desafiaron a coger la herramienta y trabajar con ellas, se morían de la risa jeje.
La siguientes paradas fueron en varios colegios para repartir los bolis y los muñequitos que habíamos traído de España.
A medio camino vimos un mercado muy grande a pie de carretera; estuvimos un buen rato y justo al salir había un puesto donde vendían las sandalias que hacen con los restos de neumáticos usados.
Todo el mundo lleva este tipo de chancletas y considero que no hay mejor reciclaje que este. Estos zapateros podrían considerarse artesanos, ya que para la gente más pudientes también fabrican chancletas con diseños muy europeos. Te las hacen en un momento y puedes elegir tu los colores. Paul aprovecho para que le arreglasen la suela de sus deportivas por 30 céntimos de euro al cambio.
Llevábamos todo el viaje viendo puestos de mazorcas tostadas al carbón y Paul siempre nos decía que en esos sitios no eran buenas. Hoy por fin nos paro en uno en el que decía eran fresquísimas. No era difícil por que tenían la plantación a escasos metros y lo cierto es que estaban muy buenas, pero tampoco nos hubiera importado comer unas peores los días de antes
A punto de llegar a Tororo, nos tocó nuestra primera caravana ugandesa. Hasta ahora podríamos decir que no habíamos visto ni un solo coche privado salvo el de algún turista, pero aquí sí que había un montón y además nos coincidió con la salida de la graduación de la mayor universidad de Uganda.
Estuvimos parados más de media hora y no sé porque pero los ugandeses no apagan nunca el motor, así que había tanta contaminación en la carretera que acabamos poniendonos las mascarillas. La verdad que fue un rato entretenido viendo a los estudiantes y sus familias super elegantes a la moda africana.
Cuando por fin conseguimos salir de aquel tapón, paramos a comer en un restaurante en medio de la ciudad. No recuerdo el nombre y casi mejor no hacerlo, por qué fue la peor comida de todo el viaje sin duda. No estuvimos ni 10 minutos dentro.
Al salir le dijimos a Paul que queríamos comprar plátanos, así que entramos en un mercado que había muy cerca.
Era como la típica plaza de abastos de España pero inmensa. Al entrar se te activaban los 5 sentidos; el ruido, la gente hablando fuerte, los machetazos, todos los colores de la fruta... Pero sobre todo ese olor fortísimo que había en el que destacaba el pescado seco. Vendían tilapias desecadas al sol y son peces bastante grandes, por lo que podéis imaginaros el hedor que desprendían.
Fue una visita súper interesante y diferente a todos los mercados que habíamos visitado en Uganda hasta ahora; sobre todo por qué era en una ciudad grande y no al aire libre.
Hoy iba a ser nuestro último día en Uganda, y Paul nos obsequio con un paseo en moto jeje.
Paro a 3 taximoteros y cada uno de nosotros volvimos en una subidos en ella hasta nuestro coche.
No serían más de 500 metros, pero fue un momento muy gracioso por qué todos los lugareños se quedaban alucinados.
youtu.be/FBNqlTlfFpA
Antes de salir de la ciudad Paul aprovecho para parar en una gasolinera donde había una especie de taller de coches al aire libre. Habíamos notado que una de las ruedas estaba un poco más baja y nos la revisaron.
Mientras tanto Ana y yo aprovechamos para salir a dar un paseo. Tororo no es demasiado bonito, pero vimos algo muy curioso. Había una zona con un montón de puestos callejeros vendiendo ataúdes jeje.
Cuando volvimos a la gasolinera el coche aún no estaba listo. Resulta que tenía 3 de las 4 ruedas pinchadas. Tenían varios clavos atravesando los neumáticos, aunque eran pinchazos menores por que nosotros solo lo notamos en una de las ruedas. Para arreglarlos ni siquiera soltaban las ruedas. Son unas artistas y además súper baratos, por qué nos cobraron 5 euros por arreglar las 3 ruedas.
Nuestro hotel estaba en las afueras de la ciudad, en una zona muy pija junto al campo de golf y varios hoteles de lujo. El Primer Hotel Tororo tenía todo lo necesario, incluso wifi en la habitación y tenía una terraza con vistas a Tororo Rock. Un monte pequeño pero muy prominente al que me empeñe en subir nada más llegar.
No tenía muy claro como llegar a él ni por dónde subir, pero entre el Google Maps y mi intuición conseguir hacerlo casi hasta la cima abriéndome camino entre la densa vegetación.
A pesar del gran esfuerzo no conseguí grabar mi nombre en la cima. Me dio mucha rabia por qué seguro que iba a ser el primer Muzungu en lograrlo, pero la última parte era de escalada vertical y no era plan de arriesgarme y que me pasara algo en una zona desconocida.
Llegue al hotel totalmente deshidratado y lleno de barro y arañazos. Había dicho que ya no iba a hacer más coladas, pero tenía tanta tierra encima que tuve que limpiar toda la ropa incluyendo las zapatillas.
Le dijimos a Paul que queríamos salir a tomar algo por la noche, así que después de cenar paso a recogernos y nos llevó a un bar.
En todo el viaje no se había tomado ni una sola cerveza y este era el momento.
Estuvimos un par de horas charlando en una terraza pero solo eso. No había apenas ambiente y la verdad que me quedé con las ganas de ir a alguna discoteca a bailar. Me gusta mucho ver cómo se divierte la gente en los diferentes países.








