¿Cuál es el número máximo de horas que hemos conducido durante un día y que sabemos que podemos hacer sin problemas? Entre siete y media y ocho.
Con esta respuesta, cambiamos La Rochelle por las proximidades de Château-Guibert, a algo más de siete horas y media del pueblo donde vivimos, que queda a unos 50 kilómetros al nordeste de Barcelona, para pasar la primera noche de la ruta. Así, nos deshacemos en un día de más de 800 kms de los 1050 que tenemos hasta Rennes, nuestra primera parada en Bretaña.
Abrimos Airbnb y buscamos lo más barato en un radio bastante amplio desde esa ubicación. Encontramos algo por un poco menos de 19€: una tienda de campaña colgada de unos árboles. Está claro que esa va a ser nuestra primera base.
Cargamos el coche y salimos antes de que toquen las 7 de la mañana. Llevamos una lista de reproducción de canciones para el viaje a la que no vamos a hacer ni caso en ningún momento. La lista del equipaje sí que la hemos seguido al pie de la letra: llevamos sandalias y calzado para montaña, chubasquero y crema solar, bañador y jersey, tiritas y una navaja, entre otros objetos antitéticos y un montón de cables. Y la tienda de campaña “dos segundos”, muy práctica para poder pernoctar en diferentes campings sin perder el tiempo ni la paciencia.
Llegamos a La Jonquera algo más de una hora después. Decidimos parar allí a tomar el café porque, de todas maneras, pensamos que nos van a hacer parar en la frontera, pero nos equivocamos, y no encontramos ninguna clase de control fronterizo. Seguimos hasta pasado Toulouse, donde pagamos el primer peaje (24,20€), cambiamos de conductor y continuamos hasta pagar y pasar Burdeos (20,50€), y finalmente, Chateau-Guibert (24€).
Por el camino, hemos comido tortilla de patatas y hemos ido apuntando pueblos que nos han parecido bonitos para parar durante el viaje de vuelta. Ese es nuestro segundo gran error del viaje; el primero es el café de la Jonquera, que ahora mismo está en el número 1 de mi lista de “peores cafés de áreas de servicio”, hasta donde llega mi memoria.

Ahora toca buscar nuestra cama colgante, que está a unos 5 minutos de Chateau-Guibert, dentro de un camping/granja llamado La Zozotte. Afortunadamente, las indicaciones son muy precisas y lo encontramos a la primera.
Llegamos a un lugar bastante peculiar, rodeado de naturaleza y con diferentes modalidades de alojamiento, que van desde nuestra tienda colgante hasta un tipi o una cabaña sin puertas con una mosquitera cubriendo una cama hecha de heno. Todo está al aire libre excepto el baño, que además es de compostaje. Hay una cocina muy bien equipada, una zona común muy espaciosa (ambas bajo techo pero sin barreras ni puertas), barbacoas, mesas de ping-pong, y algún otro extra, como unas gallinas y un burro muy simpático llamado Maurice (creo). Nos gusta el buen ambiente que allí se respira.
Salimos a dar un paseo por el campo y a comprar algunas provisiones para la cena. Para acabar de redondear el día, la tienda colgante resulta ser más cómoda de lo esperado y conseguimos dormir toda la noche sin interrupciones.