El plan para hoy está muy claro: tenemos la mañana muy bien programada y la tarde completamente libre en Dinan.
Mont Saint-Michel
Salimos del hotel a las 06:30 para acercarnos a la presa y hacer unas fotos. Tampoco vamos a tener un amanecer con sol, pero aun así, el paisaje sigue mereciendo la pena. Todo está en calma y envuelto por una bruma matinal ligera. El nivel del agua ha subido con respecto a la tarde anterior.

Volvemos al hotel para desayunar y, pasadas las 08:00, vamos en busca de los buses lanzadera para llegar hasta el recinto, visitar la Abadía, y volver al hotel antes de las 11:00, hora a la que tenemos que hacer el check out. Pero el plan se tuerce. No contábamos con que hay mucha gente que ha pensado en hacer lo mismo que nosotros, y todas las lanzaderas van completamente llenas ya a esa hora. Nos sorprende ver que muchísima gente también ha madrugado para visitar el Mont, porque yo, que soy de aprovechar bien las mañanas cuando viajo para pasear casi en soledad, nunca, en ningún lugar, había visto esa cantidad de gente tan temprano. El problema está en que aquí todo el mundo va al mismo sitio, la gente no se dispersa entre diferentes puntos de interés.
Tenemos que decidir algo rápidamente, y pensamos que lo más sensato es dejar la visita de la Abadía para la próxima vez que visitemos el Mont, porque desde el día anterior sabemos que habrá próxima vez.
Decidimos acercarnos caminando por los pastos porque vemos que, para volver, las lanzaderas van a ir vacías, y no tendremos que correr ni estresarnos para llegar al hotel a la hora indicada.

De repente, aparece un rebaño de ovejas de cabeza negra por el horizonte, y se sitúa entre mi cámara y el Mont Saint-Michel. Y no parecen tener prisa por abandonar su posición, así que disfrutamos del regalo y nos entretenemos en ese punto del camino. Hemos decidido que nos apetece más seguir el camino de este rebaño que el de los visitantes que van hacia el Mont. Aun así, hemos llegado hasta el inicio del puente y nos detenemos para, una vez más, disfrutar del paisaje. Tenemos claro que no vamos a volver a entrar al recinto porque el volumen de visitantes que vemos llegar, seguramente, ya es superior al de la tarde anterior.

Volvemos a pasear por la bahía, sin prisas. Pensamos que sería muy buena idea, para la próxima vez, dormir en algún pueblo cercano, que se veían bastante animados, y alquilar unas bicis para llegar hasta aquí y recorrer los caminos que hay en los alrededores. Parece una buena manera de ahorrar tiempo, conocer más el entorno del Mont, y de paso, no pagar el parquing ni depender de los buses.

Es hora de despedirse del Mont Saint-Michel. Algo pasadas las 10:00, tomamos sin problemas el bus lanzadera que nos devuelve al hotel, lo dejamos a las once menos cinco, y cruzamos la barrera de la Caserne con rumbo a Dinan.
Pero vemos la tienda de galletas Saint-Michel que hay fuera del recinto de la Caserne, a pocos kilómetros en la carretera, así que paramos a comprar algunos regalos. Las galletas son más baratas aquí que dentro del Mont y hay muchísima variedad. Más que una tienda, parece un museo de la mantequilla.
Dinan
Llegamos a Dinan sobre las 12:00.
Buscamos la ubicación de la habitación que hemos reservado para las dos noches siguientes, también por Airbnb. 41,5€ la noche, con aparcamiento gratuito en los alrededores y a unos 400 metros del centro. Dejamos el coche prácticamente en la puerta y nos vamos a descubrir Dinan, sobre la que tenemos unas espectativas bastantes altas que van a verse superadas.
Para nosotros, Dinan es la joya de Bretaña y, aunque le falta el mar, la representa casi a la perfección. Nos salva el hecho de que el Mont Saint-Michel pertenece a Normandía y, por tanto, queda fuera de la competición.
La pequeña ciudad (11.000 habitantes) está bien organizada, perfectamente bien conservada, tiene una arquitectura cuidada tanto dentro como fuera de las murallas, muchas tiendas de artesanía, artistas y moda local, una plaza con un sauce, un montón de casas de entramado de madera, un río con su puente de piedra y un montón de buenos restaurantes, creperias y panaderías. Es muy turística pero no la encontramos demasiado turistizada. Hay tiendas de souvenirs, pero no tantas como para que se nos encienda la luz de alarma. En cualquier caso, siempre se ven superadas en número por otro tipo de establecimientos en los que impera el buen gusto.

Es jueves de mercado y todavía estamos a tiempo de verlo. Llegamos a la plaza Duguesclin y empezamos a disfrutar del ambiente. Está muy animado y encontramos puestos de casi todo, desde los típicos bolsos de mercadillo hasta productos artesanales y comida para llevar. Pensamos en comer allí mismo, pero acabamos un poco abrumados por el exceso de estímulos, y por no saber qué escoger ni dónde sentarnos a comer sin que nos molesten las avispas, así que decidimos movernos hacia alguna de las calles del centro en busca de algún lugar más tranquilo.
Y, en el centro, encontramos una de las mejores hamburguesas que me he comido hasta el momento. El restaurante se llama PLan B y está en la Rue de l’Horloge. En un principio, buscábamos una creperia, pero todas las terrazas estaban llenas, y cuando llegamos a este restaurante, vimos que quedaba alguna mesa libre, así que el nombre le iba “que ni pintado”. Podría haber sido un fracaso absoluto: una hamburguesería en Dinan en una de las calles más turísticas de la ciudad en la que sirven comidas a las dos de la tarde, pero no fue así. 15€ cada plato de hamburguesa con patatas y ensalada, y carafe d’eau, que a estas alturas y mirando el precio de las bebidas, ya la pedimos sin ningún complejo.
Pensamos que, en lugar de pedir postre, vamos a ir a merendar a una creperia un poco más tarde. En este punto, igual que no nos importa pedir carafe d’eau, tampoco nos importan los kilos que sabemos que vamos a traer de más. Es una batalla perdida.
Seguimos paseando en busca de la rue de Jerzual, que es uno de los 3 puntos de referencia que tenemos de la ciudad, a la que hemos llegado prácticamente a ciegas, guiados por algunas fotos muy bonitas y por las recomendaciones de muchos foreros.
Realmente, es la primera vez que organizo un viaje en el que apenas he buscado los puntos de interés de cada lugar que voy a visitar. Me he centrado en preparar bien la ruta y he preferido dejar libertad para disfrutar tranquilamente de cada pueblo y ciudad, pasando por alto aquello que se suele definir como imprescindible, etiqueta con la que, puestos a hablar del tema, no estoy demasiado de acuerdo. No es imprescindible visitar el Museo del Louvre si no te interesa el arte lo más mínimo. Creo que deberíamos dejar de generar colas absurdas.


No exagero si digo que, desde la rue de l’Horloge hasta la Jerzual, tardamos más de una hora, cuando lo normal, y parando un poco, deberían ser diez o quince minutos. Primero paramos delante de la plaza del Sauce, que para mí ha pasado a llamarse de esta manera porque soy incapaz de encontrar su nombre, y nos quedamos un rato allí, pensando en volver en algún momento de la ruta para tomar un café. Al otro lado de la plaza, al inicio de la calle de l’Horloge, hay una floristería, l’Atelier Nature, llena de buenas ideas. Más adelante, paramos en A l’Aise Breizh para mirar la ropa y los complementos, entre otros objetos, hechos, la mayoría, en Bretaña. Tiendas de decoración, de sombreros, algún que otro atelier, peluquerías decoradas de tal manera que parece imposible pensar que alguien pueda salir descontento de allí, y así hasta la calle Jerzual, en la que todo “empeora”: artistas, artesanía, ateliers en los que decidimos no entrar para no arruinarnos... Sí entramos a la exposición de un fotógrafo, que nos explica detalles sobre las fotografías que realiza. Está bien que la persona que atiende sea la creadora del trabajo que se expone.
Todo esto por no hablar de las casas de toda la calle. Las fotos que habíamos visto hasta el momento no le hacen ninguna justicia, ni a la arquitectura ni a la pendiente.

Atravesamos la Porte du Jerzual y, en lugar de continuar por la rue du Petit Fort, tomamos el camino de ronda que nos conduce hasta las murallas, y que desemboca en el viaducto de Dinan, desde el que disfrutamos de unas vistas maravillosas del puerto. Dejamos el puerto para más adelante y continuamos por la carretera que nos lleva hasta el castillo y la oficina de turismo.
Pensamos que es buen momento para comer la crep de chocolate prometida, y volvemos al centro en busca de la recompensa. Encontramos la place des Merciers y, bajo las columnas de madera de una casa centenaria, vemos una crepería, Le Connétable. Es, posiblemente, el lugar más turístico de toda la plaza, y sabemos que puede suponer una clavada importante por algo de una calidad más bien dudosa, pero nos sentimos valientes y tentamos a la suerte, y nos vuelve a salir bien. Una crep de chocolate y otra de limón con azúcar, un café con leche y un té especial con leche, por unos 13€. Y, además, todo está muy bueno. Aunque aquí, y creo que es un detalle muy a tener en cuenta, nos damos cuenta de que en Bretaña, el té es más caro que el café con leche.
Con el estómago lleno, pensamos en volver a nuestra habitación para descansar un poco, y de camino nos encontramos con el convento de Les Cordeliers, en el que vemos que hay alguna exposición de arte gratuita (nos acercamos a ver una y no nos gusta demasiado), y la iglesia de Saint-Malo, a la que entramos.

Habiendo descansado un poco, antes de anochecer, decidimos coger el coche y acercanos hasta el puerto. Una vez allí, encontramos aparcamiento fácilmente y justo a la hora en la que ya no se paga. Paseamos, cruzamos el puente de piedra y admiramos la puesta de sol sobre el agua del Rance y las casitas de la rue du Quai. Ahora sí, subimos por la rue du Petit Fort, iluminada solo por alguna farola colgante, que aporta la iluminación justa que el lugar requiere para facilitar la teletransportación hacia tiempos pasados. También vemos, desde la calle, algún artista trabajando en su taller, y el interior de alguna casa que parece haber quedado anclada en otra época. En Dinan todo nos parece mágico, y antes de ir a dormir, pienso en el acierto que ha sido hacer caso de las recomendaciones sobre pasar más de una noche aquí.