Trégastel
Hemos sido muy valientes y no hemos traído colchón para dormir en la tienda, solo unos sacos y esterillas, así que nos despertamos antes de las seis de la mañana, algo doloridos. Nos duchamos a las siete y comprobamos que las instalaciones del camping están perfectas. Hemos pagado 22€ la noche, dos personas con tienda y coche, sin electricidad. Puede que sea algo caro, pero el lugar está muy bien ciudado y la zona es inmejorable.

Pensamos que queremos ir a desayunar a la playa. Escogemos la de Tourony, que nos queda a 5 minutos andando. El día ha amanecido nublado. Hay una bruma fina que permite ver las islas que quedan más cerca de la playa. A este paisaje todo le queda bien, pero además, esta bruma, potencia el punto surrealista de las formaciones rocosas.
Hace fresco pero vemos que hay algunas personas que ya se han atrevido con un baño. Creo que todas hablan francés.

Otra vez, nos encontramos con una playa muy bonita y cuidada. Vemos que hay una exposición fotográfica al aire libre, en la misma playa, de temática pesquera.
Desayunamos y caminamos por unas rocas hasta que el agua nos impide seguir, y damos un paseo entre las casitas que quedan más cerca del mar. Tenemos el mapa de la zona y pensamos que estaría bien ir hasta la Île Renote, así que volvemos al camping para recogerlo todo, cargarlo en el coche y nos vamos hacia allí.
Aparcamos justo donde comienza el paseo, en un parking de tierra gratuito. Ha salido el sol y vemos que ha empezado a llegar mucha gente, pero en la arena de la playa no hay casi nadie. No nos sorprende ver la velocidad con la que cambia el tiempo en esta región porque veníamos avisados, pero no exagero si digo que hace un par de horas llevaba manga larga y ahora estamos rozando los 30 grados.

Bajamos a la arena para mojarnos los pies y reactivar la circulación con el agua helada de Bretaña. Vemos que hay un cartel en varios idiomas que advierte de las fuertes corrientes. Parece mentira porque, a esta hora, la playa parece un paraíso en calma. Después, paseamos por la península siguiendo el sendero, y nos volvemos a encontrar con la vegetación típica de la zona y las formaciones rocosas tan características de esta costa.

El granito realmente tiene manchas de color rosa (y otras negras y de otros colores) pero parece cambiar de color según el cielo. Ayer, con día nublado, parecía de un tono rosa o salmón, y hoy se ve más anaranjado. Nos entretenemos en el paseo todo el rato que nos apetece porque para hoy teníamos un plan bastante abierto y solo tenemos que preocuparnos de llegar a Huelgoat por la tarde.
Huelgoat
Paramos a comprar pan y alguna otra cosa para hacer bocadillos y ponemos rumbo al camping Du Lac, en Huelgoat.
Estamos de camino y, de repente, todo se oscurece. No es una tormenta de verano sinó los árboles que hay a ambos lados de la carretera, que forman un túnel perfecto. Paramos donde podemos para mirar con calma lo inquietante del paisaje. Vemos, en lo alto de una colina y entre los árboles, lo que parece ser la silueta de un castillo. No lo encontramos en el mapa pero estamos en los alrededores de Plounérin, así que también nos apuntamos esta zona para la próxima vez. Todavía no hemos llegado a Huelgoat pero los lugares encantados ya nos salen al paso.
Al llegar al camping, encontramos un cartel que dice que, como está llegando más gente de la prevista, escojamos libremente la parcela que nos apetezca y ya pasaremos más tarde a pagar. Nos instalamos en la que más nos gusta. A diferencia del anterior, este camping tiene unas parcelas mucho más mullidas y grandes, pero las instalaciones son bastante sencillas (es un camping municipal). El entorno es precioso porque estamos completamente rodeados de bosque. Nos sale a 14,40€ la noche. Con la tienda ya montada, comemos allí mismo y descansamos un rato.
Sin querer, nos quedamos dormidos hasta las 18:00, y salimos rápidamente hacia el pueblo.

Nos entretenemos con las vistas desde el lago y entrando a alguna tienda, pero casi todo empieza a cerrar, y decidimos que es buen momento para hacer alguna ruta por el bosque. Empezamos en el puente del molino y su “chaos de bolos”, obra del enfado del gigante Gargantúa. Se dice que se enfadó con los habitantes de Huelgoat porque les pidió hospedaje y le sirvieron un plato de trigo, y fue lanzado hacia allí las rocas que encontró por el camino.

Hay un recorrido circular muy corto y sencillo, y aquí están la mayoría de los puntos de interés que habíamos apuntado. Vemos la roca tambaleante (la movemos con la ayuda de un chivato), la gruta del diablo, el teatro de la vegetación, en el que están preparando un concierto...Todo está perfectamente señalizado. El bosque es de los más curiosos que hemos visitado y sí merece el calificativo de mágico.

Volvemos al pueblo y damos un paseo por la plaza de la iglesia. Hay algunos bares y restaurantes y el ambiente parece bastante local. Paramos a cenar en la pizzería de la plaza. Dos pizzas, un tiramisú y un café con leche por poco más de 33€. No estamos en Nápoles pero las pizzas están buenas.
Nos ha quedado pendiente entrar en alguna tienda y nos gusta mucho el ambiente “de verdad” de Huelgoat, así que pensamos que sería buena idea madrugar, hacer una ruta algo más larga por el bosque, y dar otro paseo por el pueblo.
Hay un detalle que hemos encontrado en algunos pueblos de Francia, tanto en el Pirineo como en Bretaña, que consiste en un adorno en forma de caracol al final del poste de las farolas. Esto lo hemos visto en los pueblos que tienen un punto más rústico, y en algunos de los que tienen el distintivo de “pequeños pueblos con carácter”. En Huelgoat están, igual que también estaban en Dinan, en la parte que queda detrás del puerto. Cada vez que paremos en un pueblo con el caracol en las farolas, sabremos que nos gustará.

Volvemos al camping para intentar dormir, esperamos que algo mejor que la noche anterior.