Hoy comenzamos el día tempranito, a las 5’30, sin haber dormido prácticamente nada, ¡vaya nochecita! La sinfonía nocturna de las ranas aquí es tremenda, pero después de varios viajes a África, eso ya no nos sorprende ni molesta, sino más bien al contrario, te ayuda a conciliar el sueño. Pero lo de esta noche no ha sido normal: hemos tenido a una rana (o algo parecido) que se pasó toda la noche chillando a pleno pulmón debajo de la ventana que está justo detrás de la cama. Claro, aquí no hay cristal en las ventanas, o sea que es como si tuvieras la alarma de un coche (sonaba igualito) en la oreja. Marimar dice que no era para tanto, que eran paranoias mías, pero lo cierto es que apenas pegamos ojo, así que empezamos el día hechos polvo. De todas formas no me voy a quejar porque en el fondo estas son las vacaciones que a nosotros nos van: moviditas, je je je.
El plan para hoy era dedicar la mañana a hacer un safari en coche por el parque y por la tarde hacer una excursión en barca por el canal de Kazinga. El safari estuvo bien, aunque como decía ayer, la densidad de animales por esta zona no es muy alta y, sobre todo hay muy poca cantidad de lo que siempre se consideran las estrellas de los safaris de sabana: los grandes depredadores. Aún así vimos algunos leones, un poquillo lejos, eso sí, porque estaban bastante apartadas de la pista. Echadas entre la hierba había 2 leonas (una de ellas localizada por Marimar), y por el otro lado un macho adulto de laga melena. En este punto Richard, en su deseo de complacernos, hizo algo que está prohibido, que es conducir fuera de la pista, para que pudiéramos verlos mas de cerca. A nosotros eso de molestar a los animales no nos va nada, y si está prohibido, pues está prohibido, así que le dijimos que no lo hiciera y haciéndonos caso volvimos en seguida a la pista. Aún así vimos al gran macho de bastante cerca, pero lógicamente estaba mosqueado porque habíamos interrumpido su siesta.
Algunas bonitas instantáneas de los animales de Queen Elizabeth







Después de unas 4 horas arriba y abajo por la sabana nos dirigimos a un Lodge de lujo (aunque algo antiguo ya) que está en el parque, el Mweya Lodge. Allí teníamos que esperar hasta las 3 para la excursión en barco por el canal que une los lagos Albert y George. Nos parecía un montón de tiempo sin hacer nada, pero como aquí la naturaleza está presente por todos los lados, pues la verdad es que el tiempo se nos pasó volando. Primero nos tomamos una cerveza con Richard en el Lodge. Estuvimos en el centro de interpretación del parque mirando unos mapas para hacernos una idea precisa de los sitios por los que nos hemos estado moviendo en Uganda. Mas tarde nos fuimos a otro lugar al aire libre para tomar el almuerzo. Eran unas dependencias del UWA, donde estaban teniendo un seminario con la asistencia de todos los Rangers, un veterinario alemán que trabaja aquí con los leones y los búfalos principalmente, y 3 americanos (creo que también veterinarios) que se alojan en nuestro Lodge. Me entra algo de morriña, porque cuando yo estudié veterinaria en realidad pensaba dedicarme a algo de esto,… pero bueno, tampoco me puedo quejar de mi trabajo aquí en España.
Estuvimos observando un buen rato las andanzas de 4 ó 5 marabúes, aves carroñeras de un metro y medio de altura, feísimas (no hay por donde cogerlas de feas que son), que deambulaban por allí comiéndose todos los desperdicios que pillaban. Siempre los ves por ahí donde estamos los humanos. Puede decirse que son los eficaces basureros de aquí.

Durante el almuerzo estuvimos hablando con Richard de un montón de cosas, desde la inmigración ilegal a Europa, hasta el fútbol y la liga española, de la cual tiene más conocimientos él que yo mismo.


A las 2’30 nos dirigimos al embarcadero donde tomamos un barco que haría un recorrido de unas 2 horas por el canal de Kazinga, acercándonos a las orillas. Ha sido sin duda lo mejor del día y hasta el momento también de lo mejorcito del viaje. Es alucinante la cantidad de animales que vimos: cientos de hipopótamos, un montón de cocodrilos, centenares de búfalos, incontables aves, kobs, antílopes… todos mezclados en armonía. Era impresionante. Además el día estaba radiante. Había carcasas de hipopótamos que habían sido devoradas por los leones, martines pescadores cogiendo peces, águilas pescadoras, patos del Nilo, garzas, buitres y un sinfín de pequeñas aves de colores perfectos. Los hipopótamos estaban por todos lados, sumergiéndose al lado de la borda, nadando, saliendo y entrando del agua, entremezclados con los búfalos y el resto de los animales: ¡un espectáculo grandioso!.




Pero lo mejor estaba aún por llegar,… casi al final del recorrido nos íbamos acercando a un poblado de pescadores. Lo único que faltaba en este arca de Noé que desfilaba ante nosotros era ver a los seres humanos entremezclados armoniosamente con esta marabunta de animales salvajes. Las casitas están justo ahí, rodeadas de centenares de búfalos e hipopótamos, cocodrilos y leones (que aunque no los vimos, sus huellas son más que evidentes), con las cabras y las vacas pastando junto a los búfalos, gente paseando por las laderas, preparando las barcas, e incluso dos chicos bañándose tranquilamente a 50 metros escasos de un numeroso grupo de hipopótamos, como si tal cosas. Es una de esas imágenes que a buen seguro permanecerán en nuestra memoria para siempre.

De regreso al Lodge, más safari fotográfico y más animales: monos, tortugas de tierra, kobs, antílopes de agua,… y un gran elefante que estaba comiendo tranquilamente al lado de la carretera, y delante del cual estuvimos un buen rato parados, observándolo. Así ya se iba acabando este magnífico día en la zona norte del Queen Elizabeth. La gente que viene con más tiempo también se suele desplazar al sur del parque, a unas 3-4 horas de coche, en la zona denominada Ishasha en la frontera con el Congo, porque allí también hay bastante fauna y además se encuentran los famosísimos leones trepadores, que se suben a los árboles para huir de las moscas tse-tse y que no les molesten mientras descansan, a la vez que tienen una mejor panorámica de donde se encuentran sus presas. Nosotros no tenemos tiempo suficiente como para pasar una noche allí, pero hemos convencido a Richard de cambiar nuestra ruta para conducir mañana por dentro del parque hacia esa zona (para eso nos sirvió el estudio de los mapas del centro de interpretación). Este recorrido es unas 3 horas más largo que el que teníamos previsto, y la carretera se encuentra en peor estado, pero así tendremos la oportunidad de seguir viendo animales y, tal vez con suerte, alguno de los “climbing lions”. No ha sido muy difícil convencerle y ha accedido de buena gana. La verdad es que este chico es un encanto.
Nos vamos con pena de este sitio, lo cual no es nada nuevo porque nos pasa en todos. Nos queda la sensación de que aun nos faltan muchas cosas que ver y que hacer por aquí. Por ejemplo hay por aquí cerca unas cuevas llenas de murciélagos (miles de ellos), así como de sus depredadores, las serpientes pitón. Esto tiene que ser un espectáculo digno de ver, aunque al parecer se encuentran cerradas al turismo, porque una turista holandesa contrajo la rabia tras ser mordida por un murciélago (o al menos eso dicen). Como al final parece que puede ser una actividad algo peligrosilla no insisto.
El día llega a su fin y del cansancio de esta mañana ya o queda ni rastro, o mas bien se ha convertido en una dulce sensación de relax, de armonía con la naturaleza. Mientras nos duchamos se ha hecho oscuro, y como estamos callados podemos escuchar toda la fascinante variedad de sonidos que emite la naturaleza que rodea nuestra cabaña. Así, aparte de los ruidos del bosque, oímos a un hipopótamo que se mete con un chapoteo en el agua, justo debajo de nuestra ventana (a 4-5 metros como máximo). Lo escuchamos durante un ratito chapoteando y emitiendo sus característicos gruñidos. Yo estoy escribiendo este diario al estilo de los antiguos exploradores, a la luz de un candil de keroseno y una vela. Son ya casi las 8 y oímos el griterío de una familia de chimpancés que parecen estar muy cerca. Luego, prestando mucha atención nos damos cuenta de que en realidad están en el bosque de la otra orilla del lago, pero la selva amplifica muchísimo el sonido.

Después de la cena (que no es por ser pesado pero estaba riquísima) nos volvemos a la acogedora cabaña donde cogemos el sueño enseguida, arrullados por los sonidos de multitud de ranas, insectos y ¿cómo no? El ocasional chapoteo de nuestro hipopótamo de cabecera.