La estación de trenes de Sofía está llena de gente. Es una mañana muy fría y destemplada.
Nuestro lugar es un lindo camarote, el guarda nos entregó sábanas, toallas, cubrecamas y una especie de colchoncito tipo futon. El tren está partiendo, nos estamos yendo de Bulgaria y somos dos viajeras entusiastas. Nos sentamos en el borde de las cuchetas y Melina empezó a leer la historia de Bucarest que es el lugar donde vamos.
Cuando los manzanos dieran peras llegaría la reforma a Rumania proclamó el dictador Nicolae Ceausescu. Sus despectivas palabras incitaron a los estudiantes a colgar peras de los árboles de Bucarest. La tensión se convirtió en una sangrienta revolución en 1989, que terminó con la ejecución de Ceausescu y su esposa. Aunque era un satélite soviético intentó un camino independiente. Tiene fértiles tierras a lo largo de sus fronteras oeste, este y sur. Es un país empobrecido. Sus grupos étnicos son los rumanos y húngaros. Se habla el rumano, el húngaro y el alemán. Su religión es la ortodoxa rumana.
El viaje fue tranquilo, nos pidieron los pasaportes golpeando el camarote a las 3 de la mañana, los policías eran de contextura robusta, como en los demás países, verificaron, hojearon, nos miraron y después de un rato nos devolvieron nuestros preciados documentos.
Llegamos a una estación enorme.
El guarda del incidente en el baño tenía puesto un uniforme cosaco con gorro incluido y ceremoniosamente nos despidió en la puerta del vagón con un adiós en un idioma que no era precisamente el rumano. Todo estaba abierto y eso que era muy temprano. La moneda de este país es el lev rumano, así que hicimos el cambio del dinero. 1 Euro: 4.90 lev.

La ciudad se nos presentó como antigua y fría. Los carteles y el sonido de la gente hablando nos pareció agradable. Después de escuchar idiomas tan raros e incomprensibles, escuchar a los rumanos y su idioma de origen latino (mezcla del francés e italiano) nos recordó mucho nuestro propio idioma. El hotel que elegimos fue IBIS ROMANIA, cadena de hoteles muy modernos y relativamente económicos. Está cerca de la Estación de Trenes y el Metro está a una cuadra.

La televisión no la podemos mirar, los canales rumanos, ingleses, franceses e italianos no están a nuestro alcance. Así que nos dedicamos a ver un programa de música internacional que nos gusta bastante.
Almorzamos pollo frito con choclos y kebab con cerveza. El café es muy rico y lo sirven bien caliente.
Bucarest: nos quedaremos un tiempo no tan acotado en tu ciudad, mis ancestros rumanos así lo solicitan.
Bucarest es una ciudad hermosa, el Arco de Triunfo Rumano es muy parecido al francés y el lugar de emplazamiento tiene una cierta similitud. Como en Bulgaria fuimos a una iglesia ortodoxa y presenciamos la ceremonia de bendición de alimentos, no se parece en nada a rituales de otras iglesias y nos llamó la atención unas velas negras envueltas en papel y parecidas a un trozo de carbón. ¿Cuál sería su significado?
Fuimos al centro de Bucarest, tomamos su metro y a diferencia de otros sus escaleras son muy profundas y empinadas. Funcionaban las escaleras mecánicas porque sin ellas subirlas sería como ascender una montaña.

Estamos yendo a pequeños restaurantes de comida sencilla y con precios accesibles. Hoy la visita es la ciudad vieja Old Town (Lipscani) que como tantas ciudades europeas está llena de encanto, misterio e historia. Jóvenes divirtiéndose, risas estridentes, conversaciones en un idioma extraño, pubs, cafés, restaurantes. El gran café Van Gogh está lleno de gente tomando café o cerveza.
Es un lugar de moda y según el New York Time "Lipscani is alive".

El origen de los rumanos viene de los romanos que colonizaron la región en el siglo II, y le dieron su nombre. Comparte una herencia étnica y linguística con la población mayoritaria de la vecina Moldavia, parte de la cual fue rumana. Los moldavos están divididos sobre la reunificación. Fuimos al Museo Militar. Excelente porque era la historia de la región en invasiones, con mapas, fotos, vestimenta etc. La historia de las armas desde el neolítico hasta el año 1989. Difícil de describir lo que es este museo organizado con minuciosidad, con cronología de datos, piezas únicas, todo en vidrio con sensores. Un verdadero paseo por la historia de Rumania desde sus orígenes. Y la amabilidad de una empleada que oficiando de guía nos explicó parte del relato.
Me interesó mucho porque este país es muy cercano a mi madre y mis abuelos. Ellos vinieron de la región de Besaravia pero hablando ruso porque al estar la dominación rusa en este país el idioma nativo estaba prohibido.

Decidimos conocer la ciudad de Constanza en Rumania a orillas del Mar Negro. El tren es lento, tardó más de cuatro horas en recorrer unos 225 kilómetros.

No visitamos la ciudad. Nuestro tiempo era mínimo. Ya tenemos los pasajes para el viaje a Slovaquia. Al puerto no pudimos acceder porque estaba todo cerrado así que el mar lo vimos de lejos. Nos impresionó mal el lugar y no pudimos revertir este sentimiento.
Vimos muchas familias de ascendencia gitana extremadamente pobre, diría indigente. Sucios, vestidos con harapos, llevando carbón y leña en bolsas. Nos impactó una joven vestida con una salida de baño de toalla bien sucia, sujeta con un cinto de cuerina.
Iban en el ómnibus que viajábamos nosotros, a pesar de su raro aspecto se los veía amables y amistosos. Comían pan que sacaban de sus bolsas pero no el pan que comprás en las panaderías, sino mendrugos, ¡sí! , el pan que ves en las bolsas de basura en tu barrio que rompen los perros para comérselos.
Vimos mucha pobreza y suciedad en esta parte de la ciudad cerca de la terminal. Desde el tren retornando de Constanza a Bucarest pasó un tren con soldados cargados con ametralladoras Asimismo se ven trenes de vagones con coches marca Audi cubiertos con estuches de grueso nylon.
Llegamos a Bucarest, hay grupos de personas pobremente vestidas drogándose, gritando y peleando. Un país hermoso pero con contradicciones impactantes.
El tiempo en cada lugar que visitamos es corto. No nos permite vivenciar a las personas, sus costumbres, las características de cada ciudad.
En el viaje a Constanza Melina escribió:
La monotonía de las horas/ el blanco de la nieve/ desconocidos que se observan/ celulares, mp3, ring ton.../ Idiomas extraños/desencuentros/ amabilidad, sonrisas y algunos encuentros. Ciudades viejas/ edificios nuevos impactantes. Gente apurada/ jóvenes/ viejos/ ¿Dónde están los niños ?/ Vimos tan pocos/ Comida extraña/ Amaneceres tempranos/. Palabras perdidas por la incomprensión de la lengua/ Hosquedad/ Indiferencia/ Curiosidad/ Extrañeza, asombro, dudas, sobresaltos y también sensaciones placenteras.
Rutina de viajeros apurados. Cansancio, felicidad, búsqueda, aventura...
Nos espera la ciudad de Bratislava en la ex Checoslovaquia, un largo camino por los Andes de Transilvania y una parada en la bella Budapest