Un nuevo día, desayunamos sin prisas en el piso, tenemos café, zumo, embutidos, tostadas etc; hemos dormido muy bien, la cama es muy cómoda (y lo digo yo que mido 2 metros) y nos va a hacer falta porque para hoy tenemos mucho trajín.
Empezamos yendo al Museo del Novecento para ver su obra más destacada, El Cuarto Estado, (1901 Giuseppe Pellizza da Volpedo):


así como algún Picasso:

La Bouteille de Bass, Picasso 1914
y cuadros de un desconocido, al menos para nosotros, pero estupendo Mario Sironi, que fue un pintor italiano muy importante condenado al ostracismo por su apoyo al fascismo de Mussolini, al que representó en el cuadro Líder a Caballo:

IL Duce a caballo
Salimos del museo y tenemos reservadas la subida a la terraza del Duomo, que esta enfrente; entramos por un acceso lateral:

pensamos que es ahí donde está el ascensor, pero es el acceso a la basílica así que aprovechamos para verla y es espectacular, aunque creo que es más espectacular por afuera que por adentro, a pesar de increíbles estatuas como la de San Bartolomé, obra de Marco d’Agrate, 1562 (San Bartolomé fue desollado vivo, de ahí que aparezca sin piel)




«No fue Praxíteles sino Marco d’Agrate quien me hizo»
Y sus impresionantes vidrieras:


Tras disfrutar de la basílica y habiendo preguntado antes por donde era la entrada del ascensor, salimos por una pequeña puerta lateral y nos vamos a la pequeña cola de acceso, para subir a contemplar las espectaculares vistas:



Más de 2500 estatuas!







Todo se ve más pequeño desde aquí arriba

Bajamos y volvemos a pasear por el interior de la Catedral, ya que con el ticket de las terrazas no te hace falta salir de la Catedral (te lo piden al bajar); vemos las marcas en el suelo con los signos del zodiaco que les va dando el sol según la época del año (estamos a 21 de Noviembre, Escorpio)

Escorpio
Al salir nos fijamos en los estupendos bajorrelieves del Duomo, como éste Hércules derrotando al león de Nemea o un exultante David que acaba de derrotar a Goliath, en cuya decapitada cabeza se aprecia la piedra lanzada con la honda:


También vemos la estatua de la Nueva Ley, obra de Camilo Panceti en 1810, que dicen que pudo servir de inspiración para Auguste Bartholdi a la hora de diseñar la archiconocida Estatua de la Libertad.

Son las 13:30, hay bastante ambiente, como siempre, frente al magnífico Duomo milanés, y nos compramos unos bocatas en un puesto callejero, comiéndolo sentados en un lateral de la Catedral:

Tras la comida, nos acercamos a la Piazza Mercanti, una coqueta plaza medieval donde antiguamente se hacían los negocios y donde se ponían las mesas, bancas, de los banqueros a los que, si se quedaban sin dinero por sus malos negocios, se les rompía la «banca» y de ahí el origen de la palabra Bancarrota.




Aquí pudimos apreciar el escudo del Biscione, la gran culebra comiéndose a una persona, emblema de la familia Visconti desde el s. XIII y usado también por los Sforza o actualmente por la marca de coches Alfa Romeo o el equipo de futbol del Inter de Milán:

Nos metemos en el metro y nos vamos al punto fuerte del día, Santa Maria delle Grazie, con su cúpula, claustros etc obra de Bramante por encargo de Ludivico il Moro para enterrar en ella a los miembros de la familia Sforza y en cuyo refectorio se esconde la maravillosa Última Cena de Leonardo da Vinci (para la que tengo entradas hace un mes), la más icónica y copiada de la historia, que supuso una revolución en su época como os comenté en este hilo de Twitter >

Es sencillamente increíble, a pesar de que poco queda de los colores originales debido a la mala técnica que usó Da Vinci y que hizo que la obra se deteriorase enseguida, sigue siendo referente para el resto de Cenácolos que vinieron después, una obra copiada y referenciada miles de veces que se salvó de milagro cuando bombardearon el convento en la II Guerra Mundial:



Frente a la misma y a la hora de abandonar el refectorio vemos la imponente «Crucifixión» de Giovanni Donato da Montorfano, realizada en 1495:

Desde aquí nos vamos caminando a la sorprendentemente poco concurrida «Capilla Sixtina de Milán», la Iglesia de San Maurizio al Monastero Maggiore, que es absolutamente maravillosa, con frescos de Bernardino Luini, dicen que discípulo de Da Vinci, y sus hijos, sobretodo Aurelio Luini con sus impresionantes frescos del Diluvio Universal, el Arca de Noé (firma con un perro que es el único sin pareja), Adán y Eva o su Adoración de los Magos (tb firma con el perro pero aquí no se ve dada su posición arriba izquierda del Cristo en la pared divisoria):









Aquí también hay un Cenácolo (representación de La Última Cena) obra de los hermanos Giovan Pietro y Evangelista Luini, hijos de Bernardino, pintado entre los años 1556 y 1565, así como María al pie de la cruz, fresco de Aurelio & Giovan Pietro Luini (1565)


Salimos encantados, que maravilla de iglesia, cuánto arte en tan poco espacio, ¡espectacular se queda corta!; nos comemos un plátano en las escaleras de la iglesia y seguimos caminando, pasando la plaza de la Bolsa, donde está Il Ditto, el dedo, que simboliza una mano haciendo el saludo fascista con los dedos cortados, dejando sólo el dedo corazón, algo así como «que le den al fascismo»



Son las 18, así que nos vamos al piso, ha sido un día intenso y Olga está cansada, por lo que nos retiramos pronto a descansar, tras visitar alguna tienda de recuerdos, tomar unas cervezas, ver la tv y repasar las maravillas que hemos visto hoy:


Cenamos en el piso y nos preparamos para irnos a la mañana siguiente ya que es nuestro último día en Milán