Hoy madrugamos porque tenemos ganas de llegar a Blackpool cuanto antes, y nos espera una hora y media larga de tren.
A las 7 abren el desayuno buffet y allí estamos puntualísimos.
El check-out es super rápido y a las 8:20 tomamos el tren.
Llega puntual y por el trayecto cruzamos Manchester y lo poco que vemos, nos encanta. Una mezcla de industrial victoriano y rascacielos.
Llegamos a Blackpool North a las 10:00.
Esta estación es la más bien situada si se va a hacer turismo por la ciudad, pero es la que queda más alejada del parque de atracciones Pleasure Beach, nuestro destino.
Todo el ocio de la ciudad se concentra en el Promenade, el paseo marítimo. Está muy bien conectado con autobuses y tranvías constantes.
El revisor pasa a cada trayecto y escanea el código QR de la app, muy práctico.
Llegamos a Pleasure Beach!
El parque de atracciones está abierto de 10 a 17h y la entrada cuesta 42€ por persona. (Comprándola online, que in situ cuesta más
Por suerte hay unas taquillas para guardar las mochilas, porque todavía vamos con ellas a cuestas. Y se pueden pagar con tarjeta.
Es un parque con mucha historia, tanto que es el hogar de la atracción aún en funcionamiento más antigua de Europa. ¡Flying Machines abrió en 1904!
De tamaño, es relativamente pequeño (nada que ver con Disneyland o PortAventura) pero tiene bastante variedad de atracciones para todos los públicos.
Nos gusta la adorable Wallace and Gromit (una “dark ride” infantil).
Nos sorprende la mítica Valhalla (unos troncos “indoor” que nos dejan empapados ¡poncho recomendable!
Y nos encanta la adrenalítica Icon (una montaña rusa que alcanza una velocidad de 85km/h).
Si por algo destaca el parque es por las montañas rusas.
La más grande es la llamada “The Big One”, con 71 metros de alto, tiene unas fantásticas vistas del mar.
La montaña rusa de madera Big Dipper se construyó hace más de 100 años y aún sigue siendo muy divertida.
Para comer, a ver, estamos en el Reino Unido,... no esperamos delicatessen gastronómicas, nos conformamos con un aceptable “fish & chips”.
Es la comida más típica de Blackpool. ¡Cuidado con las gaviotas que intentarán robarnos la comida!
Por la tarde seguimos disfrutando de la amplia variedad de diversión:
una atracción es como si los caballos de un tiovivo se hubieran escapado y corrieran por el campo.
Te montas a un caballo, que va sujeto a unos carriles y viajas a sus lomos haciendo curvas, subidas y bajadas a toda velocidad cual jockey en un trepidante derby.
O unos avioncitos que puedes girar tú mismo.
Y por supuesto también hay una zona infantil, pero esta, apenas la visitamos.
A las 5 de la tarde cierran, nos ha pasado el día volando, pero nos quedan varias horas para seguir aprovechando la visita a Blackpool.
Primero vamos a dejar las mochilas al hotel.
Para desplazarnos entre Pleasure Beach y el hotel tomamos un tranvía. ¡Hay que amortizar el abono!
Es un modesto Bed & Breakfast en una calle paralela al mar, donde cada una de las casitas es un B&B.
Lo reservamos a través de Booking (por 68’50€ la habitación y el desayuno). Muy recomendable.
Ahora ya más ligeros, vamos a explorar el paseo marítimo Promenade.
Aquí nos encontraremos los tres muelles que caracterizan la ciudad.
El North Pier el año pasado cumplió 160 años (es de 1863).
Construido en plena era victoriana para entretenimiento de la creciente clase media.
Tiene un teatro, varios bares con terraza al mar y un carrusel desierto. Definitivamente no es el sitio más turístico.
El Central Pier se ve más moderno, pero solo tiene 5 añitos menos que su vecino North.
En él hay un salón recreativo en la entrada, y varias atracciones de feria y paraditas de comida en el extremo del muelle, entre ellas una fotogénica noria.
El South Pier, de 1893, está enfrente del parque Pleasure Beach.
No nos acercamos para verlo porque está demasiado alejado, además, el entretenimiento que ofrece es parecido al Central: muchas atracciones de feria.
En el paseo marítimo, entre el North y el Central, se encuentra la icónica Blackpool Tower.
Es como si hubieran cogido la Torre Eiffel, la hubieran cortado de la mitad para arriba, esa parte la hubieran pintado de rojo, y la hubieran llevado unos setecientos y pico kilómetros más al norte.
Su construcción es de 1894 y está catalogada como edificio histórico (Grade I) por el gobierno británico.
En su base se encuentra un circo, una sala de baile, un pasaje del terror y varias instalaciones más dedicadas al entretenimiento.

Visitar su interior solo es posible con una entrada a uno de sus espectáculos o atracciones.
Se puede subir al mirador superior, pero las alturas y yo no nos llevamos demasiado bien, así que nos conformamos admirando la torre desde tierra firme.
Cuando es hora de cenar buscamos algún pub tradicional acogedor, pero esta ciudad está centrada en el turisteo de diversión y fiesta, así que la oferta gastronómica no destaca.
La restauración se sitúa en las calles más cercanas al Promenade. En cuanto nos alejamos un poco de la playa, desaparece todo rastro de vida humana.
Elegimos un restaurante de una cadena inglesa sin pretensiones y regamos la comida con una pinta de típica sidra.
La última la hacemos en un desangelado pub británico muy cercano y nos retiramos a dormir.