
Madrugón que te crió y 240 kmts hasta Plitvice, en la frontera de Croacia con Bosnia Herzegovina. Cruzamos la Krajina que es una de las zonas de Croacia en las que hubo guerra, ya que aquí vivían muchos serbios que no aceptaron la declaración de independencia de Croacia. Pasamos muy cerca de Knin (ex-capital de la región serbia independiente de la república de Croacia). Aparentemente ni rastro de la guerra salvo pequeños cementerios enmedio de la nada.

Una vez en los lagos Plitvice, el clima es otro, tenemos 20 grados y sobre todo desaparece la sensación de sauna de Dalmacia. El paisaje es balcánico, montañoso (según Kaplan en griego Balkan significa montaña). Corresponde a la imagen que se puede tener a priori de la zona. Hay bosques frondosos, lagos, cascadas y avisos de cuidado con los osos...


Hicimos un paseo de 3 horas para ver los lagos entre senderos de madera y aguas completamente cristalinas. Hay muchos peces y patos, Silvia les dio una buena ración de pan.
Es una visita que no se debe perder aunque haya que conducir un buen rato.


Al regresar paramos en la carretera en un bar en el que había un señor cocinando un cochino en una barbacoa gigante, así que paramos a probarlo. Los precios eran bastante más bajos que en la costa.
