De oro y calor...
Hoy amanece especialmente caluroso. Seguimos bajo alerta de calor intenso (+40º en la sombra), con la humedad característica del país. También seguimos con la alerta de megaterremoto y, ya que estamos, añadimos una nueva alerta: alerta de tifón. Calor en todo el país, megaterremoto en la fosa de Nankai y tifón por el norte de la isla Honshu.
Hoy alternaremos entre bus y taxi, ya que son muchas las cosas que queremos ver y están repartidas a lo largo y ancho de la ciudad.
Empezamos poniendo dirección al pabellón dorado, Kinkaku-ji. Por lo que sea, era uno de los templos que Kenzo quería ver sí o sí. Al estar al lado de la estación de Kyoto, tenemos la central de autobuses también. Cogemos el 205 y nos deja casi en la misma puerta.
Id con ojo al coger los buses en Kyoto. No se entra por la puerta de delante, se entra por la del medio o detrás. No se paga al subir, se paga al bajar. Y hay que pagar con el dinero exacto. Para ello, al lado del conductor hay una máquina que da cambio.
No hay mucha gente, ya que llegamos y acaban de abrir el acceso, a las 9.00. Caminamos con tranquilidad, sudando pero, otra vez, ensimismados por la belleza de este templo.


Las 2 veces que yo he estado nunca se ha podido acceder al templo. La visita se limita a un recorrido perimetral, bastante cercano, eso sí, a través de los jardines que rodean el Kinkaku-ji.
Una vez fuera nos acercamos a la parada de taxis. Allí cogemos uno que nos acerque a Arashiyama, al bosque de bambú. Tenemos la suerte que nos toca un piloto de rally en potencia, ya que al haber tráfico, se mete por callejuelas a velocidades ciertamente elevadas y sólo le faltaba derrapar al tomar las curvas. Llegamos vivos.
No vamos a ir al bosque directamente. A unos 15 minutos caminando encontramos un pequeño distrito llamado Saga Toriimoto, un distrito de conservación histórica donde verás minka o casas de campo con tejados tradicionales de paja y machiya o casas de pueblo con celosías de madera en fachadas y ventanas, así como salas tradicionales con suelos de tatami.


Pero es que dentro de este pequeño distrito se encuentra una pequeña joya, el templo Adashino Nenbutsu-ji. El templo es conocido por su espectacular patio central con unas 8000 estatuas budistas talladas en piedra, aunque también esconde otros rincones. Si no te gustan las masificaciones, es el lugar perfecto para pasear por un pequeño bosque de bambú que hay dentro del templo. Con la calma y tranquilidad que no te ofrecen el gran bosque de bambú de Arashiyama.


Desandamos lo andado y, ahora sí, nos adentramos en el bosque de bambú de Arashiyama. Como es de esperar, hay mucha gente y es difícil encontrar una buena foto. Este año no nos paramos en el Tenryu-ji, ubicado dentro del bosque, pero si podéis y estáis visitando la ciudad en primavera, es parada obligada. Es un espectáculo de colores.
Salimos del bosque y paramos a comer.

Aún es temprano y hoy tenemos que esperar a que anochezca.
Sin tenerlo planeado, cogemos el tren y nos acercamos al castillo Nijo. Pese a no tener la espectacularidad del castillo de Himeji u Osaka, tiene mucho encanto. Y la importancia de este castillo en la historia de Japón es máxima.
Se trata de la representación más clara del poder que ejercían sobre el emperador los shogun, o señores de la guerra, durante el período Edo (1603-1867). Es uno de los castillos más conocidos de Japón por su importancia histórica, su relevancia y su ciudad, además de por su condición de Patrimonio Mundial de la UNESCO.
Aquí vivió Tokugawa Ieyasu, el primero de la poderosa dinastía de shogunes Tokugawa, que gobernó el país durante más de 200 años.


Como anécdota, este castillo incorpora los llamados suelos de ruiseñor. Éste era el sonido que, a modo de aviso y sin alertar al intruso, producían las pisadas de quien osase caminar por los largos corredores del palacio. Hoy en día es posible comprobar este maravilloso mecanismo de defensa que parece aumentar su efectividad cuanto más lentos son los pasos.
Salimos del castillo siendo ya las 17.00 de la tarde, así que el Sol va cayendo y nosotros nos acercamos a nuestro último punto del día. Cogemos el metro y nos acercamos a la zona este de la ciudad, al santuario Yasaka. Toda esta zona, iluminada de noche, es especial.
Gion está MUY masificada, mucha gente, así que pasamos de largo y vamos directamente al parque que alberga el santuario Yasaka.
Alrededor de 300 farolillos adornan el escenario central del santuario, el Buden. Estos farolillos muestran los nombres de las grandes empresas y comercios de la ciudad que realizan donaciones al santuario para asegurarse buena suerte en sus negocios. El Buden, además de usarse como escenario, también se usa como lugar de eventos y celebraciones.
Desde aquí, cogemos 2 calles muy conocidas de la ciudad, que incluso habiendo bastante gente, dejan ver lo bonitas que son: Las cuestas Sannenzaka y Ninenzaka. Y, finalmente, llegamos al último destino: Kiyomizudera. Desde hoy lo iluminan por la noche, hasta las 21.00, así que después de pagar la entrada paseamos por el recinto rodeados de una mística que ya conocíamos.






Salimos del Kiyomizudera muy cansados. Hoy hemos caminado mucho y hemos pasado mucho calor. Decidimos coger un taxi y acercarnos a la zona del hotel. Hoy no cenamos de combini, nos acercamos a un restaurante que vi el día de antes y del cual salimos bastante contentos.


Hoy ha sido un día intenso. Hemos visto cosas que, de normal, deberían verse en 2 o 3 días y ha habido cosas que las hemos obviado por haberlas visto en otras visitas al país nipón, como por ejemplo el Heian Jingu, que si te gusta o has visto Lost in Translation es de visita obligada. Pero ya sabíamos que Kyoto iba a ser así de intenso y, a parte, no de mucho interés para Kenzo, que ya tiene cierto nerviosismo por lo que se acerca en los siguientes días...
