Así es, la última de nuestras etapas de montaña en Kirguistán era el lago de Ala-kol, situado cerca de la ciudad de Karakol, al este del país.
Salíamos de Naryn temprano por la mañana, sobre las 9 ya estábamos en marcha, hacia la ciudad de Karakol, pensando que no había paisajes ni trekkings que pudiesen superar las vistas de Kel-suu. Sin embargo aún no éramos conscientes de qué nos aguardaba entre las montañas del Tian Shan, la quinta cordillera más alta del mundo.
Cogimos nuestra primera marshrutka, la cual nos costó 800 soms por persona y tardó unas 8h. Confirmamos el rumor de que a los kirguises no les gusta tener las ventanas abiertas en los transportes. Pese al calor del día, un hombre cerró las ventanillas superiores, las únicas en la parte trasera del vehículo por lo que fue un trayecto bastante desagradable. Posiblemente hubiese taxis compartidos, pero queríamos vivir la experiencia y con esta vez nos sobró.
La idea era llegar a Karakol y descansar un día en la ciudad. Estábamos cansados de tanto viaje y montaña, por lo que reservamos uno de los mejores hoteles que encontramos con la finalidad de descansar y darnos una buena ducha.
Y el alojamiento cumplió con las expectativas. Era el Caravan hotel, nos costó la habitación doble (y esta vez era cama doble) 61€. El baño estaba muy bien y el desayuno de la mañana siguiente fue muy completo y bueno.
Llegamos entrada la tarde y ese día no nos dio tiempo a mucho. Descansar y cenar.
A la mañana siguiente, domingo, madrugamos mucho. Fuimos a visitar temprano, antes de que se acabase, el mercado de animales, uno de los más conocidos del país que tiene lugar los domingos. Muy recomendable.


Volvimos al hotel a desayunar y después visitamos la iglesia de la Trinidad, una iglesia ortodoxa que vale la pena, la mezquita Dungan, que no vale la pena (o al menos no pudimos entrar, solo verla desde fuera), un museo de la historia de la ciudad con fotografías y animales disecados (la única oportunidad que tendremos de ver en el país algún leopardo de las nieves), y el mercado, en el que comimos por 0,9€ por cabeza la comida típica de Karakol de influencia china, el Ashlan-fu, una sopa avinagrada fría con fideos que no nos gustó nada.
Cambiamos de hotel por un par de motivos. El primero el precio, ya habíamos descansado y nos habíamos dado una buena ducha por lo que había opciones más baratas. Y el segundo por la excursión de Ala-kol.
Esta excursión era de lejos la más dura y larga (3 días y 2 noches) de las que íbamos a hacer. La primera noche la queríamos pasar en un campamento de yurtas un poco antes del lago.
Sin embargo, queríamos reservar porque parecía no haber mucha oferta. Las únicas formas de reservar era a través del CBT, de Destination Karakol o directamente en un hotel. Fue por esto que reservamos el Snow Leopard hostel, donde habíamos leído que te podían ayudar con la reserva. La noche nos costó 22€ habitación privada con baño. Pudimos reservar esa mañana no recuerdo si en CBT o Destination Karakol (el otro no abría domingo) en el Sirota yurt camp, el único que hay si se hace la ruta en sentido antihorario. Es verdad que tiene varias yurtas (según reserves en CBT o en Destination te quedas en una parte del campamento o en la otra), pero creo que aquí sí que se puede llegar a llenar, por lo que recomiendo ir con esta noche reservada.
Cenamos en Duet Coffee Shop unas pizzas, caras para lo que eran y no tan buenas como las de Naryn. Volvimos al hotel a descansar.
Desayunamos en el hostal, y nos permitieron dejar las bolsas para recogerlas tres días después. De hecho, como nos gustó reservamos otra noche para la vuelta.
Fuimos en un taxi que llamaron desde el hostel, un 4x4. YandexGo no llega y se nos había hecho un poco tarde, por lo que la opción marshrutka no era una posibilidad. Creo que nos costó unos 1600 som. La entrada al parque fueron 350 som por persona.
Al ir en taxi 4x4, nos ahorrábamos los primeros 6,5km de ruta (que no fueron muy bonitos). El total de km era de 45 (51 si se hace andando desde el principio). Se hacía una primera noche en unas yurtas a un km del lago, el Sirota yurt camp, y la segunda noche en el valle de Altyn Arasan. En este había visto que había mucha oferta de alojamiento por lo que no reservamos la segunda noche.
La ruta del primer día es espectacular, si bien se queda muy atrás de lo que se ven los días siguientes.


Esta etapa es dura físicamente, con pendientes que llegan al 30% en algunos tramos. Sobretodo el último Km antes de llegar al campamento de yurtas se hace largo.
Como hay muchas rutas en wikiloc y cada uno va a su ritmo, no me centraré en la parte técnica de la etapa. Simplemente diré que hay agua del río accesible hasta el último Km, y en el campamento se puede rellenar.
El precio de las yurtas era de 4000 por persona con desayuno y comida. Puede parecer caro, pero una vez llegas allí y te das cuenta de la dificultad de llevar todo el material allí el precio puede llegar a estar justificado.
Cenamos bastante bien y descansamos calientes. En nuestra yurta no había nadie más pero en caso de que se llenen tocará compartir.
El segundo día de la ruta se asciende bastante desde un principio, hasta pasar por el lago y llegar al punto más alto de toda la ruta, unos 3860m. No notamos la altura ese día, quizá porque llevábamos ya unos días haciendo excursiones a mucha altitud.
Las vistas desde este punto son espectaculares, por lo que me limitaré a poner fotos.


Tras pasar el punto más alto viene un tramo de descenso con una pendiente del 40% descendiente. Este tramo es MUY técnico, no apto para todo el mundo. Sobretodo gente con vértigo porque es una zona muy abierta.


Continuamos descendiendo, y tras cruzar un río con bastante caudal (recomiendo llevar chanclas pues el agua está muy fría, y es conveniente avanzar rápido), descendimos hasta el valle de Altyn Arashan. La llegada a este valle al salir del bosque fue sin duda la imagen más bonita de todo el viaje. Era todo de un verde radioactivo, parecía ser una fotografía con la saturación subida.


Hicimos fotos y llegamos a los campamentos de yurtas (hay decenas de ellas). Preguntamos en el primero, con gestos pues no hablaban inglés. Nos dijeron que podíamos dormir pero no cenar, por lo que proseguimos.
Llegamos a Guesthouse Elza donde nos pudimos quedar. No había habitaciones privadas por lo que cogimos compartida. Nos costó 1200 som por persona, con cena y desayuno y aguas termales incluidas. Pudimos disfrutar de una media hora en unas piscina con agua caliente para nosotros solos.
Fue un rato bastante agradable y más después de dos días sin ducharse.
El hotel es bastante grande, tiene alguna yurta pero la mayoría son construcciones recientes, con infinidad de habitaciones compartidas. Al no estar lleno, no tuvimos que compartir con nadie más. Había duchas y váteres occidentales (lo que es siempre bienvenido). La comida estaba realmente deliciosa.
Nos fuimos a dormir muy temprano porque estábamos reventados y aún quedaba una etapa al día siguiente.
Ésta última, si bien es bonita, no tiene nada que ver con los paisajes observados el día anterior, por lo que puede hacerse un poco larga.
Tras caminar unos 14Km, cogimos un taxi que nos ahorró los 3km restantes y nos llevó de vuelta a Karakol.
Aquí le regateamos hasta el precio que nos marcaba YandexGo. Volvimos al Snow Leopard, ducha, siesta y fuimos a pasar la tarde a un bar de cachimbas (800 som la shisha). Tras esto, cenamos en un sitio que nos hubiese gustado encontrar antes. Fue de todos los restaurantes que visitamos, el que más nos gustó. El nombre es Altyn Kumara (tiene 4,9 estrellas en Google con más de 6500 valoraciones). Cenamos muy bien y muy barato, 15€ los dos pegándonos un homenaje de carne de cordero.
Vuelta al hotel y así acabó el último día de montaña en Kirguistán.
Todavía nos quedaba una actividad más al día siguiente, la que más me apetecía a mi.
Me daba miedo por si era la típica turistada, pero resultó ser un recuerdo de los que nunca se olvidarán.