Hemos descansado toda la noche y el jet lag apenas da señales de vida.
- llevamos tres días tomando una pastillita de melatonina antes de acostarnos,
- desde hace tres días, nos acostamos entre media hora y una hora antes de lo normal,
- y también nos levantamos antes, con la intención de acostumbrar al cuerpo.
Además, me he descargado una app gratuita que nos indica:
cuando tomar cafeína y cuando evitarla
cuando estar en espacios luminosos y cuando es mejor estar a oscuras,
cuando estar despierto, cuando echar una siesta o dormir
Nos ha parecido útil porque nos recomendaba estar despiertos durante varias horas durante el vuelo, así llegar con sueño al hotel.
Así que con energía nos dirigimos a nuestro primer destino del día.
Que es: cruzar la calle para entrar en la oficina de correos y comprar sellos.
(En nuestros viajes siempre enviamos postales a nuestras sobrinitas.)
La primera experiencia de atención al cliente es fantástica, ¡el señor que nos atiende habla inglés!
(veníamos asustados sobre su nivel de bilingüismo, y es cierto que no siempre tendremos la misma suerte, pero siempre nos acabamos apañando).
Ahora sí, la primera visita del día será el santuario Meiji Jingu
Los santuarios son de culto shintoísta, y están dedicados a “kamis”, que son cosas (como elementos de la naturaleza tipo una montaña), personas (importantes, como emperadores o shoguns) o dioses.
Los templos son budistas y se reza a budas o bodhisattvas (personas que han alcanzado la “iluminación”).
Meiji Jingu es uno de los santuarios más céntricos de Tokyo, está rodeado de un enorme y frondoso parque, así que podemos pasear a la sombra de los árboles.
Como es sabido, el calor y la humedad en Japón en verano son muy intensos, lo que provocará que a menudo resulte desagradable estar al aire libre en las horas centrales del día.
Por favor no seáis como nosotros y aguantéis estoicamente. Invertid en uno o varios de los aparatejos mencionados y ahorraros sufrimiento innecesario.
Prosigo: a través de la agradable sombra del parque llegamos a la entrada del templo, donde se alinean varios barriles de sake como ofrendas.
La visita al santuario es gratuita y se venera al emperador Meiji y a su esposa, que le ponen nombre al Período Meiji de la historia del país (1868-1912).
En la entrada encontramos la fuente para el ritual de limpieza de manos para purificarse.
Y ya dentro del recinto, vemos en qué consiste el rezo: lanzar una moneda en una caja, dar una o dos palmadas y también hacer una reverencia.
El tema económico está muy presente en los santuarios porque a parte de la monedita con la que se inicia cada oración, hay una multitud de formas de gastar dinero:
Como nos pasará frecuentemente durante todo el viaje, hay mucha gente y escasean los sitios para sentarse.
Para comer nos acercamos a la calle Takeshita-Dori, que está a poca distancia. Es una callejuela peatonal conocida por los establecimientos dirigidos a adolescentes, con ropa alternativa y restaurantes de productos coloridos.
Elegimos un puesto de rollos de sushi vegetal.
Las tiendas tienen carteles estridentes y los chavales se aglomeran en las puertas de los locales. La multitud es un poco agobiante. Por suerte la calle no es muy larga y cuando llegamos al extremo, decidimos tomar un autobús.
El siguiente punto a visitar no será menos concurrido
Tiene de peculiar que además de cruzar por los cuatro lados de la intersección de calles, también se puede cruzar en diagonal.
Al tener tantos visitantes cruzando constantemente, da una sensación de caos.
Además de cruzar la calle, que se hace rápido, lo que se viene a hacer al popular cruce de Shibuya es verlo desde las alturas.
Hay varios miradores:
uno de los más famosos es el ventanal de un Starbucks que se encuentra en una 2º planta de un edificio colindante.
(Pero no lo visitamos, ¡preferimos las alternativas gratuitas!)
Vamos al pasadizo que hay en el 2º piso que conecta el edificio llamado Mark City con la estación de Shibuya. Este rascacielos tiene un centro comercial en las plantas más bajas.
También vamos al piso 17 del edificio Shibuya Fukuras, donde hay una terraza de libre acceso y las vistas son más chulas desde tan arriba.
Finalmente, ya que estamos aquí, subimos a la planta 11 del edificio Shibuya Hikarie.
Con tanto mirador, es difícil encontrar mejores vistas a coste cero… ¡Pero no imposible!
Nos quedan las vistazas de Tokyo Metropolitan Government Center, a donde iremos luego, pero ya que estamos en Shibuya…
Nos damos un paseo por la colorida calle Center-Gai Está decorada por alguna festividad y queda súper fotogénico.
Aquí es donde entramos a nuestro primer Don Quijote, este gran centro comercial atiborradísimo de productos de todo tipo. Entramos a curiosear y nos agobia un poco.
No entendemos nada y todo está repleto de letreros estridentes y gigantes. Aún así, repetiremos la experiencia en otras ocasiones en otros Don Quijotes, en los cuales tendremos el mismo éxito.
El Shibuya Nonbei Yokocho es una cercana callejuela de restaurantitos o tabernas que al atardecer se anima, pero todavía es de día y pensamos que estará todo cerrado y no nos acercamos.
Damos Shibuya por visto y tomamos un autobús para dirigirnos al Tokyo Metropolitan Government Building, es decir, el ayuntamiento.
Está en el barrio de Shinjuku, ¡que será el siguiente a explorar!
El edificio del Gobierno Metropolitano de Tokyo tiene dos miradores: el observatorio norte y el observatorio sur.
A veces están abiertos los dos, pero cada uno tiene un horario de cierre y unos días de cierre semanales distintos.
Las vistas son chulísimas. ¡Y gratis!
Además, ahora es media tarde y no está masificado.
En la planta de los observatorios, además de baños públicos, hay una tienda de souvenirs y una cafetería.
Parece ser que en invierno, en un día muy muy claro, ¡sería posible ver el monte Fuji desde aquí!
Habíamos leído que varias instalaciones tienen sellos como recuerdos gratuitos para el viajero, así que llevamos con nosotros una libretita para recopilarlos.
En todos los 17 días de viaje, hemos conseguido 13 sellos.
Pensaba que encontraríamos más… La verdad es que no los hemos buscado activamente, pero no abundan tanto como imaginaba.
Lo que sí que abunda, y los hay prácticamente en cada templo o santuario, son los sellos de caligrafía, que hacen los monjes y cobran alrededor de 500 yenes. Se llaman goshuin y son preciosos, pero nuestro plan no era gastar para conseguir sellos, nos valía con los de tampón.
Ya llevamos un montón de horas caminando
Ya al atardecer, paseamos por las calles de este barrio donde cada esquina se llena de luces de neón. Los carteles luminosos se superponen uno tras de otro.
El callejón Omoide Yokocho es muy turístico, pero con razón, tiene un aire muy peculiar con todo de tabernitas diminutas y antiguas.
Muy cerca está la pantalla con el adorable gato gigante en 3D. ¡Nos lo quedamos mirando un buen rato!
Antes que oscurezca del todo nos acercamos al santuario Hanazono, un contraste entre lo tradicional y lo moderno del barrio.
Luego pasamos por las adyacentes calles de Golden-Gai, pero por lo visto son bares más nocturnos y ahora no están abiertos y no hay nadie.
Y finalmente, nos adentramos al barrio rojo, Kabukicho.
Primero, una parada para cenar.
Intentamos buscar algun restaurante con buena puntuación en Google Maps. Nos damos cuenta que muchos restaurantes no están en la planta baja de los edificios, sino en algún piso elevado.
Nos decidimos por uno en el que había que acceder con un ascensor de un cochambroso vestíbulo, y la entrada era una carcomida puerta de madera.
El sitio no era lo más elegante, vamos,
Cenamos en los únicos dos sitios que quedaban, en la barra.
Aquí fue cuando experimentamos un leve terremoto.
Roger notó un ligero temblor y vio moverse el líquido del interior de unas botellas. Yo estaba de pie hablando con el camarero y no percibí nada.
En ella puedes poner hasta cinco puntos de tu ruta y te avisa cuando hay algún riesgo.
En nuestro viaje, prácticamente cada día nos advirtió del riesgo por temperaturas elevadas.
Si hay lluvias fuertes, amenaza de tifón o terremoto, también envía una notificación, además de contener la previsión meteorológica y otra información útil.
Tras la cena nos dejamos deslumbrar por la multitud de carteles de los establecimientos de Kabukicho, el barrio rojo de Shinjuku.
No pudimos dejar de admirar la cabeza gigante de Godzilla que asoma por detrás de un edificio.
Hoy ha sido un primer día super intenso, damos un paseito hacia el hotel y a dormir.
Otras fotos del día: