Nikko es un destino muy popular entre los viajeros y suele ser una excursión de ida y vuelta el mismo día desde Tokyo.
Nosotros hemos preferido pasar una noche aquí, así disfrutaremos de esta maravillosa zona con más calma.
Para ir a Nikko desde Shinjuku está el tren de la compañía JREast.
Nosotros hemos comprado los billetes y reservado los asientos desde casa con dos semanas de antelación.
Así hoy ya sólo tenemos que ir a las máquinas a recoger los billetes con el código QR que recibimos por mail e ir al andén.
Pero como ayer ya nos percatamos de las mastodónticas dimensiones de la estación de Shinjuku, ya le dedicamos un ratito a localizar el acceso a los andenes, y ¡menos mal!, porque buscar esto con prisa y con la muchedumbre de los transeúntes de hora punta, puede ser un infierno.
El trayecto cuesta 25€ por persona y tarda unas dos horas.
También se puede acceder a Nikko con la compañía de tren Tobu, que sale desde la estación de Asakusa.
Las dos estaciones están en el centro del pueblecito. Es bastante turístico con restaurantes y tiendas, pero como la mayoría del turismo es de día, por la noche no hay apenas nada abierto.
Hemos pedido información y un mapa en la estación.
El hotel de esta noche está muy céntrico. Cuesta 83€ la habitación doble por noche. Cuando llegamos, la recepción está cerrada, pero tienen unas taquillas para que podamos dejar el equipaje.
Enfrente hay un Family Mart que nos proveerá de comida, cena y desayuno.
Nikko tiene de interés:
También hay bonos de un día para el autobús, pero nos pareció que no saldría a cuenta.
Decidimos que dejamos los templos para mañana por la mañana a primera hora, así que ahora, tras dejar las mochilas, tomamos un autobús y bajamos en la parada del “Kanmangafuchi Abyss”.
Hay que andar un ratito por una zona residencial de Nikko antes de cruzar el río y adentrarnos en el sombreado caminito.
Pronto vemos las populares figuras de piedra de Jizo meditando, una deidad budista, cubiertas de musgo, con su babero y su gorro rojo.
El camino es corto, porque pronto el sendero se aleja del río y deja de tener tanto interés.
Retrocedemos lo andado para tomar un autobús que subirá por la montaña en una estrecha carretera serpenteante y nos dejará en el lago Chuzenji.
Está rodeado de una cordillera y las vistas desde aquí son muy bonitas.
Las familias alquilan unas barquitas en forma de cisnes para navegar.
En la orilla del lago hay algún hotel, algún restaurante, alguna tienda y poco más.
También está el santuario Chugushi Futarasan Okunikko. No confundir con el santuario Futarasan que se encuentra en la zona de santuarios, justo a las afueras de Nikko.
Desde aquí, tomamos el autobús que nos llevará a la cercana catarata Kegon. Tiene un mirador en la parte superior donde observamos esta bonita creación de la naturaleza.
También hay un mirador más abajo, de pago, pero no vamos.
Y finalmente retrocedemos a Nikko con un autobús que serpentea por la colina poquito a poco.
Decidimos bajar en la zona de los santuarios, aunque ya son las 5 pasadas, su hora de cierre.
Los santuarios sí que están cerrados pero se puede pasear libremente por sus inmediaciones, que es un auténtico bosque de pinos.
La mayoría de turistas ya se ha ido y ahora esto es un remanso de paz. Ha sido muy buena idea venir a esta hora porque ahora la temperatura es super agradable y disfrutamos muchísimo.
Mañana por la mañana regresaremos para visitar los interiores y nos encontraremos con las multitudes.
Al atardecer vemos el fotogénico puente Shinkyo. Acceder a él es de pago, pero la gracia es verlo desde el otro puente.
Cenamos algo del Family Mart y a dormir.
Otras fotos del día