Pasadas estas dos noches empezamos a deshacer el camino. Nos levantamos muy pronto, nos esperaban en Port Douglas a las 8 de la mañana y como a las 6 empieza a trabajar el ferry del Daintree, a las 5 ya estábamos en marcha. En Port Douglas había contratado una salida en barco para hacer submarinismo en los arrecifes de coral con la empresa Silversonic.


Tres inmersiones en diferentes puntos y quienes no habían contratado este servicio podían hacer snorkeling. Tienen un catamarán bastante grande, nada que ver con los barcos que se pueden encontrar en la Costa Brava. Parece que los tiburones no acuden a la zona de los corales porque tiene poca profundidad y el contacto con el coral no les gusta. Ni que decir tiene que la inmensidad de colonias de coral hace que la experiencia sea impactante. Para quienes no tienen ninguna acreditación para realizar inmersiones les ofrecen bautizos de submarinismo que tampoco está mal. Naturalmente, al ser una salida de todo el día, te dan desayuno y almuerzo... no te quedas con hambre. Después del submarinismo nos fuimos al Oak Port Douglas Resort, que sería nuestro hotel las dos siguientes noches. Port Douglas es una ciudad de vacaciones de cierta categoría, basta con ver la cantidad de barcos de recreo que están amarrados en puerto, por cierto que allí mismo hay un restaurante bastante grande al aire libre, no tiene pérdida, bastante popular y con preciós razonables


Teníamos todavía otro día en Port Douglas y hicimos dos actividades más, la primera fue retroceder hasta el río Daintree, allí hay un par de empresas locales que organizan salidas en barcas por el río para ver los cocodrilos que viven por allí, no hace falta reservar nada, tan sólo te acercas y preguntas a qué hora es la próxima salida con plazas disponible y efectivamente los cocodrilos están allí mismo.

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