En la parte occidental de la isla y dando al Mar de Dentro se encuentra el sector del parque llamado Golfinho Sancho, que abarca la Baia dos Porcos, la Praia do Sancho y la Baia dos Golfinhos.
Para llegar a este sector, creo que lo mejor es hacerlo en taxi, si no has alquilado un buggy, ya que el bus deja a más de un kilómetro y medio, que hay que hacer por la carretera de tierra, que para nosotros era de barro y charcos.
El trayecto en taxi de nuestro alojamiento al sector eran 45 reales (algo más de 7 euros). En Noronha uno se monta en los taxis sin preocuparse de ir con el bañador mojado o con el calzado sucio: la tapicería de los asientos es de polipiel y en casi todos está claro que otros han pasado por él antes que tú dejando su rastro de barro y arena en las alfombrillas.
Muy bien equipado, el sector Golfinho Sancho dispone de un centro de recepción, consignas donde dejar pertenencias, duchas, vestuarios (¡todo esto gratis!), tienda de recuerdos, comidas y alquiler de equipo para snorkel. Aquí, como en los demás centros de recepción se pueden recargar las botellas de agua por 5 reales.
Una vez pasado el control de tickets, se accede a una red de senderos, en buena parte de pasarelas de madera, que conducen a los puntos de interés del sector y que uno puede hacer por libre, sin necesidad de contratar un guía.
Desde estos senderos se puede ver la mayor parte de la fauna terrestre de la isla y de su flora endémica. Moviéndose rápidamente por las rocas abundan unos roedores de la familia de los capibaras, de menor tamaño, llamados Mocó o Cuy de roca que fueron introducidos desde el continente. Continuamente te topas con Cangrejo Amarillo, que es terrestre y tiene cara de mal humor. Entre las aves abunda el Sula sula, de pico azul y patas rojas.

Desciendo por las pasarelas desde el centro de recepción se llega al acceso a la Praia do Sancho que está limitado, ya que es necesario descender por unas escaleras que tienen estipuladas unas horas para la descender y otras para ascender. Este cronograma está en una pizarra en el centro y también informa de él el guarda del parque encargado del control de bajadas y subidas.
Muy cercano a este punto está el Mirador de Baia dos Porcos, que es la parte más oriental del sector y que ya vimos desde el Mirador del Morro dos Dois Irmaos, fuera del parque, pero la vista desde arriba es mucho más espectacular.
La Praia do Sancho es otro de los principales puntos de atracción de turistas en la isla. Esta playa suele aparecer en esas clasificaciones que se hacen sobre las mejores o más bonitas del mundo. Una parte de los visitantes sólo la contempla desde los miradores, ya que los dos tramos de escaleras metálicas verticales, instalados en una estrecha fisura en el acantilado, echan a bastantes para atrás. Para descender, es necesario llevar las manos libres. Yo llevaba una pequeña mochila a la espalda que golpeaba con la pared de atrás y, en un par de puntos hay que tener cuidado de no golpearse la cabeza.

A Praia do Sancho bajamos dos veces durante nuestra estancia, la primera en el recorrido general por la isla, donde el guía nos explicó como funcionaba el tema de los horarios de acceso y otra por nuestra cuenta para repetir el snorkel que ya habíamos estado haciendo en la excursión del catamarán.
En "temporada de ondas" tan sólo en la esquina oriental de la playa es prudente entrar en el mar, por ser la más resguardada de las corrientes. La playa dispone de muy pocos sitios con sombra en la que resguardarse cuando aprieta el sol, así que, muchos de los que bajan permanecen allí sólo una hora, la obligatoria hasta que toca el turno de subida.

Toda la bahia tiene fondos rocosos con gran variedad de peces y donde también se ven tiburones, tortugas y rayas. Los tres los vimos junto a la orilla. La sillueta del tiburón gato moviéndose bajo el agua impone bastante, por mucho que digan que es infensivo. Hicimos snorkel dos días, sin alejarnos demasiado de la orilla. La visibilidad no era la óptima, ya que en época de mar tranquila llega a los 30 metros, pero vimos muchos más peces que en la zona del puerto.
El recorrido por los senderos lleva a una serie de miradores desde donde se ve la Bahía do Sancho y termina en la parte occidental en el Mirante dos Golfinhos, que da a la Bahía del mismo nombre, llamada así porque suele ser el punto concentración de centenares de delfines por la mañana. Nosotros estuvimos el día que nos aplazaron el sendero de Capim-Açu, aprovechando que ya estábamos allí por ser el punto de encuentro. En el mirador había personal del parque haciendo anotaciones y te dejaban prismáticos que tenían para los visitantes. Vimos algunos delfines saltar, pero en la lejanía. Desde el catamarán vimos muchos más y, por supuesto, mucho más cerca.
Para mi gusto, este es el mejor sector del parque que hemos podido visitar y fue en el que empleamos más tiempo. Se sitúa ya en una parte de la isla donde se conserva la vegetación autóctona y han hecho un buen trabajo de preservación tanto en la construcción de las pasarelas como en el acceso a la playa por las escaleras que evita también una acumulación excesiva de gente.

