📅 21 de julio de 2025
Nuestro último día en Tallin ha empezado con la intención de exprimir al máximo las últimas horas y sacar partido de la Tallinn Card. Por la mañana hemos ido al Zoo de Tallin, una visita pensada para las niñas… ¡pero que acabó gustándonos a todos!
Zoo de Tallin
El zoo es amplio, verde y muy bien organizado. Destacan especialmente algunos animales como el elefante, el tigre y un imponente oso polar que descansaba tranquilo en su zona refrigerada. También pudimos ver especies autóctonas del norte de Europa y otros animales exóticos. Un paseo muy agradable para cerrar nuestra estancia en la capital. Un consejo, organizaros bien el recorrido, puede llegar a ser un auténtico laberinto.


Terminada la visita, emprendemos el viaje por carretera hacia Virtsu, donde hemos cogido el ferry a la isla de Saaremaa. Una ruta tranquila, con paisajes cada vez más verdes y boscosos. Conducción tranquila, velocidad limitada a 90km, pocos coches... ojalá el día a día fuese...
Ferry a Saaremaa
Hemos llegado a Virtsu y delante de la puerta de embarque hemos comprado los pasajes y bingo, los e-tickets tienen prioridad de enbarque, justo al llegar a Kuivastu, nos cayó encima un aguacero tremendo, típico del clima báltico. Una lluvia tan intensa que ni siquiera pudimos ver el famoso puente sobre el mar que une las islas de Muhu y Saaremaa, una lástima… aunque, como por arte de magia, al poco rato salió el sol con fuerza.

El contraste fue brutal: del gris al azul brillante, del parabrisas empapado al cielo despejado. El paisaje, tras la tormenta, parecía aún más espectacular.
Llegada a Upa
Por la tarde llegamos a Upa, nuestro alojamiento para los próximos días. Una bonita casa de madera entre los árboles, tranquila y acogedora, donde se respiraba paz por todas partes. Justo lo que necesitábamos tras la intensidad de los días en Tallin.
Tarde en Kuressaare
Con ganas de explorar, hicimos una primera excursión a Kuressaare, capital de la isla. El casco antiguo nos sorprendió: calles llenas de restaurantes, mucha vida, casas de madera preciosas, torres medievales y un ambiente encantador.


Visitamos los alrededores del castillo, su foso, las murallas y una pequeña playa cercana que parecía de postal. Vimos también molinos de viento tradicionales y diferentes torreones de piedra muy bien conservados.


Curiosamente, estaban montando todo para el Festival de Ópera Coreana 2025, un evento inesperado y curioso que demuestra la vitalidad cultural de la isla y que mañana augura una buena movida en Kuressaare.

Noche tranquila en casa
Antes de volver a Upa, hemos pasado por el supermercado para comprar algo para cenar: una ensalada fresca y salmón local, que disfrutamos en el porche de madera viendo cómo el sol se colaba entre los árboles del bosque.
Con el estómago lleno y el corazón en calma, empezamos a preparar la ruta del día siguiente terminando con una partida de cartas en el jardincito rodeado de árboles.
La isla promete rincones mágicos, mañana os contamos más!!!

