Jueves 21 de Noviembre
Nos despertamos y bajamos al desayuno. Una grata sorpresa: era todo buffet por 7,5 euros. Había de todo: pan, fiambre, yogur, granola… incluso crudities.
Después de coger fuerzas fuimos dando un paseo hasta la Ópera, donde teníamos el punto de encuentro para el free-tour. De camino nos maravillamos con lo señorial que es la ciudad y sus cúpulas impresionantes.
Había salido el sol pero aún así hacía bastante frío. El free tour estuvo fenomenal, caminamos por todo el centro y el guía nos contó un montón de cosas que le preguntamos sobre España. Las historias de España y Austria están entrelazadas ya que Carlos I era rey de España y emperador del Sacroimperio Romano (Era nieto de los Reyes Católicos por parte de madre y de Maximiliano I de Austria por parte de padre).
También nos impactó mucho como afectó la segunda guerra mundial a la ciudad, dado que determinada persona era austriaca.
Fue un tour super completo en el que visitamos un montón de lugares de interés, incluidas las caballerizas de la Academia Española de Hípica, que se pueden ver por fuera los caballos. Si os interesa ver el espectáculo de hípica el guía nos recomendó ir entre semana a las exhibiciones de entrenamiento, que cuestan la mitad que el domingo y viene a ser lo mismo.
El tour terminó en Catedral de San Esteban de Viena, donde había un enorme mercadillo en el que aprovechamos para probar el vino caliente (glühwein). Entraba fenomenal con el fresco que hacía y te lo servían en unas tazas monísimas en forma de zapato que te podías quedar pagando un módico precio de 5 euros. La cosa es que tú pagabas por las tazas y el vino (20 euros los dos vasitos) y luego te devolvían el importe de las tazas cuando las devolvías. Estuvo curioso de ver. Luego entramos a la catedral para visitarla por dentro, que no es tan impresionante como por fuera.
No teníamos mucha hambre y a la tarde queríamos disfrutar de alguno de los famosísimos cafes, así que nos compramos un perrito caliente en Bitzinger Sausage Stand (el del conejito verde) al lado del Albertina Modern. Había un montón de puestos callejeros de comida y era una opción si querías comer algo rápido y no perder mucho tiempo. El guía nos recomendó la salchicha con queso por dentro, Käsekrainer, muy típica de Viena, y pedimos dos perritos de eso. La verdad que estaba buenísima. 2 perritos nos costaron 12 euros.
Después de un descanso necesario fuimos a dar una vueltecita con calma por el centro aprovechando las últimas horas de luz y viendo las luces de navidad, que eran una pasada. También entramos en Iglesia de los Agustinos (la misma orden de la que es el papa). Pasa desapercibida desde fuera pero el interior es impresionante, aunque creo que merece más la pena ir temprano y verla con más luz. Era la capilla real de la familia real austriaca y en ella están los corazones de los 54 miembros de la dinastía Hasburgo.
Después por el centro había un montón de coches de caballos, super idilico. Entre las luces y eso parecía de cuento. Los pobres caballos iban con mantitas del frío que hacía.
Luego fuimos a probar el famoso café. El guía nos desaconsejó Sacher, ya que aunque sea la turistada que hay que pagar no merece la pena la cola (he de decir que pasamos por fuera y estaba precioso decorado). Así que nos acercamos al Demel, que se vanagloria de ser el lugar donde realmente nació la Sacher (aunque yo creo que es mera publicidad). Un trozo de tarta y dos cafés quemados malísimos 18 euros. Lo que tiene fama es el Kaiserschmarnn, que la gente se pedía para llevar.
Después de retomar fuerzas nos acercamos a la plaza del ayuntamiento, donde hay una pista de patinaje enorme. La verdad que es una barbaridad lo que les gusta la navidad a esta gente. Todo llenísimo de luces y puestos navideños que contagian a cualquiera el espíritu navideño. Fueses donde fueses había luces de colores. Era totalmente impresionante. Después de un buen rato maravillándonos con las luces nos acercamos a uno de los mercadillos más “locales” del centro, Spittelberg. Es una zona que parecía tener mucha vida nocturna con bastante gente joven. Nos tomamos dos glühwein de rigor y cotilleamos los puestecillos.
Y después, cenamos en el famoso centímeter. Habíamos oído que era un sitio de batalla en el que se comía barato. Pedimos costillas XL y dos cervezas, unos 45 euros. La verdad que muy recomendable.
Y ya volvimos al hotel.
La cuenta del día es (aprox, ya que ha pasado un tiempo)
Desayunos: 7,5*2
Free tour: 20
Gluhwien: 5*4 (sé que era algo más caro en stephan que en spitteberg, pero la media era esa).
Perritos: 6*2
Café: 18
Cena: 45
Total: 130 euros (65 persona)