El viernes tocaba regresar a España y con el vuelo saliendo a las 12:20 obviamente no se podía aprovechar el día. El miércoles estando por el Stadtpark, me acerque a la estación de Landstrasse para controlar la entrada así como el acceso al andén porque el lunes, a la ida, tras bajar del tren había tomado directamente el metro sin casi salir de la estación y no me gusta ir a ciegas. Casi diría que menos mal que lo hice porque estuve dando vueltas unos minutos sin encontrar la entrada, hay un par de centros comerciales a ambos lados de una calle semi-peatonal, no obstante encontré un local de la OBB y pregunte dentro a los trabajadores, los cuales me explicaron. Hay que comprar el billete en las maquinas rojas que están delante del centro comercial y fijarse en las pantallas que indican el andén y el ascensor de acceso porque en efecto hay un par de ascensores numerados de forma distinta que te bajan directamente al andén y desde allí se sube al tren. Es como si la estación fuese totalmente subterránea. Había oído que los Austriacos eran algo “fríos” pero con quienes trate tanto en el hotel como en los distintos restaurante fueron muy amables y sobretodo muy educados, procure usar las pocas palabras que sabían en alemán como buenos días o gracias, lo cual creo que les agrado. Creo que lo comento en todos los diarios, si podéis llevaros unos auriculares con cable eso os permitirá enchufarlos a los audio guías y no tendréis que sostenerlos cerca de la oreja para escuchar los comentarios, además os liberara una mano porque se pueden colgar alrededor del cuello.

Sobre la estancia en general diría que fue muy positiva, me gusto mucho todo lo que vi y había planificado. Así pues del palacio Hofburg es algo que estando en Viena hay que acercarse para ver su exterior, recorrerlo a través de sus patios pero aun más visitar algunos de sus museos. De los dos que vi, el salón de la biblioteca nacional me pareció impresionante. El museo Sisí y los apartamentos imperiales también me gustaron aunque como comente la parte de Sisí me dejo con ganas de más y con respecto a los apartamentos me agrado más el gran tour del palacio de Schonbrunn donde se ven más habitaciones así que si tenéis que elegir entre uno u otro os aconsejo hacer mejor la visita de los apartamentos de Schonbrunn. Me queden con ganas de ver el museo del tesoro imperial en Hofburg, de la escuela Española de equitación y del resto de los museos no puedo opinar solo aconsejaros ver si que lo exponen os puede interesar. La visita guiada de la opera os la recomiendo puede que si veis en fechas distintas a los meses de julio y agosto os pueda interesar mejor ir a ver la representación de una ópera. Como nos dijo nuestra guía el mismo día aun se venden entradas baratas aunque sea de pie. Con respecto a Free Tour creo que a estas alturas es lo que uno debe de hacer al llegar a una ciudad para que te den una explicación de lo más turístico. Por lo que vi Viena es una ciudad que sobre todo con el bueno tiempo hay que disfrutarla paseando por sus distintos parques y jardines pero también recorriendo la Ringstrasse esa arteria tan importante rodeada por edificios monumentales como el ayuntamiento y el parlamento. El prater es otra buena opción puesto que se llega fácilmente con el metro, puede ser agradable dar una vuelta por las atracciones y si acaso subirse a su noria. A propósito cerca del museo Albertina y de la opera hay un puesto donde venden salchichas: el Bitzinger, tiene un conejo enorme sobre su techo, que sepáis que a la entrada del Prater hay otro puesto también y sobre todo menos concurrido. El del centro suele tener una fila importante de personas esperando para comprar el típico bocadillo de salchicha.

Puesto de salchichas Bitzinger.
Al igual que os recomendé el Hofburg, el palacio de Schonbrunn es otro que uno no se puede perder estando en Viena, aunque no vayáis a visitar ninguno de sus museos o su Zoo hay que perderse por sus jardines y subir hasta su glorieta. Lo mismo se podría decir de los jardines del Belvedere que no se encuentran muy lejos del centro. Aunque sobran museos dedicado al arte, no muy lejos del Schonbrunn se encuentra el museo de ciencia y tecnología enfocado en la historia y el desarrollo de la industria y tecnología. No lo visite pero puede ser un complemento a una visita al palacio de verano de los Habsburgo. De los museos en general me encanto el museo de historia militar y en menor medida el museo de Viena, pero reconozco que soy más amante de historia que de arte y en Viena hay muchos museos dedicados al arte como el Albertina, el alto Belvedere, el Leopoldo o incluso el museo de historia del arte. Me quede con ganas de visitar ese último o su gemelo el museo de historia natural, no tanto por sus colecciones sino para ver el edificio por dentro, su arquitectura. Como os comente adquirí online el Sisí pass, el cual me daba acceso al museo Sisí y apartamentos imperiales del Hofburg, al gran tour del Schonbrunn y también al museo imperial de muebles. A ese último no fui aunque teniendo ya la entrada tendría que haberla aprovechado al ver posteriormente que además de muebles en el museo se puede ver también habitaciones recreadas. Aunque lo tenía como plan B tampoco me acerque a ver el edificio de apartamentos Hundertwasserhaus, que sale en todas las guías y que en los videos de youtube sobre Viena también se promociona, esta algo alejado del circuito turístico de la ciudad y a final de cuenta solo se ve su fachada. Mientras investigaba los museos me tope con uno sobre la película “el tercer hombre” que no me llamo la atención pero me la nombro un amigo y despertó mi curiosidad así que acabe por verla tras mi vuelta de Viena. Es una película de 1949 en blanco y negro con Orson Welles, ambientada en la Viena de la postguerra y dividida en cuatro sectores controlados por cada una de las fuerzas de ocupación: norteamericana, británica, francesa y soviética. Me hizo mucha gracia porque los protagonistas tienen una escena en la noria del prater, uno vive en un edificio ubicado frente a la Josefsplatz, después hay otra escena en el hohermarkt que reconocí por la fuente de la boda sin embargo no aparece el reloj anker en la película. En el hotel Schacher se aloja un protagonista y también se ven escenas en el famoso cementerio central y en las alcantarillas de Viena. Rodada en 1949 la ciudad aun tiene las cicatrices de la segunda guerra mundial, se ve por ejemplo edificios derrumbados con escombros. No obstante me choco que lo que hoy es turístico no sale porque obviamente en 1949 no lo era, si podéis ver la película y habéis estado en Viena hacerlo para visualizar ese contraste. Finalmente algo que igualmente me plantee tras volver es haberme quedado un día más para ir a visitar Bratislava, la capital de Eslovaquia que esta a una hora en tren desde Viena. Pero bueno como suelo decir lo que se queda pendiente es una excusa para volver.
Gracias por haber leído hasta aquí, espero que os haya gustado y os animo a visitar Viena si todavía no lo habéis hecho.
Gracias por haber leído hasta aquí, espero que os haya gustado y os animo a visitar Viena si todavía no lo habéis hecho.