Día 1: Llegada a Tokio
Nuestro vuelo a Tokio desde Madrid sale puntual a las 16:00. Tras despegar nos ofrecen una bebida acompañada de una bolsa de frutos secos y, a continuación, una comida completa. En algo menos de 7 horas y tras tomar un pequeño almuerzo, llegamos al aeropuerto de Doha, un aeropuerto super moderno que nos recuerda un poco al de Singapur. La escala es de aproximadamente 2 horas, el tiempo justo para buscar la puerta de embarque y descansar un poco, pues nos espera un trayecto de casi 10 horas que hacemos prácticamente dormidas, lo mejor para llegar sin apenas darnos cuenta, a nuestro destino final, el aeropuerto Internacional Narita de Tokio. Aquí son las 7 de la tarde, pero en nuestro cuerpo son aún las 12 de mediodía.
Tras pasar el control de inmigración, nos dirigimos a coger el Keisey Skyliner, el tren que mejor nos encaja para llegar a nuestro hotel que está ubicado en Shinjuku. Compramos los billetes en una oficina; todavía no llevamos moneda japonesa, pero este billete se puede pagar con tarjeta. Este tren sale con bastante frecuencia y el trayecto dura aproximadamente 1 hora hasta la estación de Nippori. Al llegar aquí buscamos un cajero para sacar yenes, pues queremos comprar la tarjeta “Suica”, de gran utilidad para moverse por Japón. Esta tarjeta, al igual que “Icoca” y “Pasmo”, permite usar cómodamente el transporte público. Las compramos en una máquina por 500 yenes (algo menos de 3€ al cambio) cada tarjeta y las recargamos con otros 2500 yenes cada una, con la tranquilidad de que en el momento en que se nos termine la carga, se pueden cargar con más dinero, así como solicitar la devolución de lo que no hayamos gastado en nuestros viajes.
Desde la estación de Shinjuku hay un paseo de 15 minutos hasta nuestro hotel. Estamos cansadas y las maletas pesan, pero hacemos el paseo, felices, viendo los primeros neones de colores que nos recuerdan que ya hemos llegado a la capital de Japón. Nos parece increíble que haya llegado este momento. La llegada al hotel “Onsen Yuen Sinjuku” es maravillosa. Los yukatas que nos han dejado sobre la cama nos recuerdan que nos espera el onsen en la azotea del hotel. Estamos deseando probarlo, nos ponemos el atuendo japonés y subimos. Se trata de un onsen al aire libre viendo las luces de Tokio. Allí comprobamos la importancia de la cultura del baño en Japón, así como el respeto con el que viven este momento tan importante en su día a día. Para finalizar, nos sentamos en los asientos con vistas a la ciudad a través de una gran cristalera, mientras tomamos un helado, cortesía del hotel. Nos vamos felices a dormir.
Día 2: Asakusa, Ueno y Akihabara
Nos despertamos un poco tarde. Son 7 horas de diferencia y al principio cuesta un poco. Hoy vamos a conocer uno de los templos más importantes de Tokio, y hubiese sido conveniente ir antes, pero nos ha sido imposible con el cambio horario. En el hotel ofrecen desayuno japonés, pero de momento preferimos salir a buscar un café para tomar un desayuno sencillo. Muy cerca del hotel encontramos el “Cofee Group”, regentado por una familia japonesa que nos atiende fenomenal y nos sirve dos cafés con leche y hielo acompañador de tostada con mantequilla y miel y mermelada opcional. 10€. Vemos que hay opciones de desayuno occidental en pleno centro de Tokio.
Listas para dirigirnos al barrio de Asakusa, considerado uno de los barrios más tradicionales de Tokio. Asakusa está lejos de nuestro alojamiento y nos tenemos que desplazar en metro. Con Google maps es sencillo encontrar el camino y la tarjeta Suica hace todo muy cómodo.
Comenzamos la visita con la subida al mirador del centro de información turística, que es gratuito y está situado frente al templo Senso.Ji y desde el que se divisan, además de éste, las calles que lo rodean y el Tokio Skytree.
El templo Senso-Ji es el más antiguo de la ciudad, que a día de hoy continúa siendo un lugar de culto. La entrada comienza con “la puerta de los truenos”, con su enorme linterna de papel roja, uno de los iconos más reconocibles de Tokio. Pasada la puerta, nos adentramos en la calle Nakamise-dori, una larga calle con muchos establecimientos de dulces, artículos de recuerdo, artesanía… Al final de la calle Nakamise nos encontramos de frente con la segunda puerta de acceso al templo Sensoji. La entrada es gratuita, pero compramos nuestro primer goshuin para coleccionar y vemos, además, los primeros iconos de los templos japoneses que hoy son una novedad, pero estarán presentes en las próximas visitas:
- Los goshuin son pequeñas caligrafías hechas a mano al estilo tradicional; cada sello es específico de cada templo o santuario y, por tanto, único y especial.
- También vemos aquí los primeros omihuki o papelitos de la fortuna. Son pequeños papeles, habitualmente doblados o enrollados, donde se predice el futuro y la fortuna y, por su bajo precio, son uno de los amuletos más populares en Japón.
- Tablillas Ema para pedir deseos: son pequeñas tablillas de madera, decoradas por una cara, en las que puedes escribir tus deseos. Para conseguir el favor de las deidades del templo o santuario, tras escribir tu deseo o plegaria, debes colgar la tablilla ema en el espacio dedicado del santuario o templo. La tablilla se quedará un tiempo allí, hasta que el sacerdote o monje del lugar la acabe quemando en un ritual para que el deseo llegue a los dioses.
- Y además otro de los clásicos en los templos japoneses, el temizu, que se refiere a la ceremonia de ablución que se realiza en manos y boca en la entrada de la mayoría de los santuarios sintoístas y en algunos templos budistas, para despojarnos de toda maldad y contaminación. Hay un temizuya con una gran pila de piedra de la que salen uno o varios chorros de agua y en la que hay disponibles pequeños cazos, en el que los visitantes se lavan las manos y la boca para purificarse antes de proseguir con su visita.
El templo es precioso y está lleno de gente, tanto visitantes como fieles que acuden al rezo. Al finalizar nuestra visita volvemos a recorrer la calle Nakamise, llena de ambiente, y continuamos por la calle Hoppy, llena de izakaya y un ambiente muy chulo.
Cogemos un bus para acercarnos al barrio de Ueno, cuyo centro principal es su parque en el que se encuentran las visitas más interesantes. Como vemos que el parque es grande y lo queremos visitar con calma, decidimos comer antes. Queremos empezar el viaje con sushi y vemos que en el barrio hay un restaurante de una cadena de sushi en cinta recomendado.
-Sushiro. Al entrar encontramos la máquina de reservas para coger turno y enseguida nos llaman, indicándonos nuestra mesa, en la que hay una Tablet con el menú para ir pidiendo los platos. ¡Qué variedad! Según los vamos pidiendo, van pasando los platos por la cinta. Algunos son individuales, otros vienen en pares o pequeños grupos y también pedimos tempura y ensalada. Comemos fenomenalmente bien por 18€.
Nos dirigimos al parque Ueno. Comenzamos visitando la zona del estanque Shinobazu, con unas vistas preciosas de Tokio entre flores de loto, y su templo Bentendo, un templo sencillo, pero con mucho encanto por su ubicación.
El templo Kiyomizu Kannon-Do está en obras por lo que solo lo vemos por fuera. Nos dirigimos entonces al santuario Ueno Tos-Hogo y pagamos por entrar al recinto, que es pequeñito, pero merece la pena verlo. De camino vemos la pagoda de los cinco pisos y el gran buda. Se respira una paz increíble. ¡Nos encanta!
Nos dirigimos al barrio de Akihabara, en metro. Este barrio se caracteriza por la mezcla de electrónica y tiendas relacionadas con la cultura otaku. A nosotras no nos apasionan ninguna de estas cosas, pero, aun así, merece mucho la pena pasear por el barrio. Es otra de las imágenes de Tokio que hemos visto mil veces y esta vez estamos allí, entre las calles iluminadas por neones de mil colores que iluminan todo al atardecer.
De aquí vamos a nuestro hotel en metro, realizando la última parte del camino por unas calles de Shinjuku que a estas horas tienen un ambiente de cena estupendo. Nosotras optamos por hacer compra en el “7-eleven” que hay frente al hotel y cenar tranquilitas. Por 6€ cenamos ensalada y oniguiris en el hotel, para subir a relajarnos en el onsen y finalizar la jornada con un helado con vistas al iluminado Tokio nocturno. Maravilloso el primer día.