Tras cuatro días intensos en Kioto nos vamos a trasladar a nuestro nuevo destino, en el que únicamente pasaremos una noche: la isla de Miyajima. Este lugar es otro de los especialmente esperados y, aunque sabíamos que cuesta un poco llegar hasta allí, no tuvimos duda en pasar una noche para disfrutar sin prisas de uno de los templos que más deseamos conocer, el santuario de Itsukushima y su torii flotante.
Para llegar a Miyajima continuamos utilizando nuestro Kansai Hirosima Pass que cubre toda la zona. Tenemos el tren a las 10:45 desde la estación principal de Kioto, a la que llegamos en un bus que cogemos en la misma calle del hotel. Al bajar de autobús vemos un “7 Eleven” y decidimos comprar allí el desayuno para tomarlo con calma en el tren ya que, aunque hemos visto que en las estaciones de tren suele haber cafeterías e incluso pequeños supermercados, preferimos hacerlo allí mismo e ir directas a buscar el andén. Una vez en la estación descubrimos que hemos hecho bien, pues atravesarla con las maletas, validar el ticket y buscar el andén lleva su tiempo. Nuestro tren a Hiroshima va primero a Osaka y va con un poco de retraso. Desayunamos en el tren un zumo, 2 cafés y 2 cookies que hemos comprado por 5€.
Como imaginábamos, al llegar con retraso a Osaka, hemos perdido el tren que nos llevaba a Hiroshima; sin embargo, hay mucha frecuencia de trenes y cogemos el siguiente, ¡que además es un tren de Hello Kitty! El problema es que en este tren ya no tenemos asiento reservado, por lo que, tal y como está indicado en el andén, nos colocamos en la fila para sentarnos en los vagones número 1 y 2, que son los que son para pasajeros sin asiento reservado. A las 11:35 estamos cogiendo el tren que nos lleva a Hiroshima. Este trayecto es más largo, pues dura 90 minutos y, al llegar a la estación de Hiroshima debemos tomar un tren local que nos lleva hasta la estación de Miyajimaguchi. Al llegar a esta estación nos desplazamos caminando hasta el puerto, donde cogeremos el barco que nos llevará a la isla de Miyajima. En el puerto nos dirigimos a la oficina de turismo ya que desde el hotel nos han indicado que acudamos para que hagan una llamada avisando de que en pocos minutos estaremos en el puerto de Miyajima, para que vayan a recogernos en la van del hotel, cuyo traslado es gratuito y está incluido en nuestra reserva.
El traslado en barco hasta esta isla declarada Patrimonio de la Humanidad desde 1996, también está incluido en el Kansai Hiroshima Pass, pero antes de montar en el barco hay que pagar una tasa de 100 yenes (no llega a 1€) por entrar a la isla. Hay ferries cada 15 minutos y el trayecto dura unos 10 minutos. Al llegar se ve a lo lejos el gran torii. Ya estamos cerquita, ¡por fin!
Al llegar al pequeño puerto de Miyajima nos espera la van del hotel Kikunoya, y son las 14:00 horas cuando estamos llegando a la recepción. Oficialmente el check in es a las 15:00 pero poco antes nos dan la habitación, pasando antes por la estantería donde elegimos nuestro yukata a medida ya que hay variedad de tallas y diseños, así como una bolsa para rellenarla de las amenities que deseemos. Es emocionante entrar a la que será nuestra habitación por una noche, una habitación en estilo japonés con vistas al gran torii del templo de Hisukushima.
Estamos deseando ver el templo así que no tardamos en prepararnos para salir. En menos de 10 minutos estamos allí y como la marea está baja, decidimos bajar a la playa para pasear junto a este lugar soñado. Pasamos bajo el torii de Hisukushima sin todavía creernos que estamos allí, en ese icono de Japón que tantas veces hemos visto en imágenes; pero esta vez es real. Para completar este emocionante momento, nos acompañan algunos ciervos que pasean libremente por toda la isla.
Nos dirigimos al pueblito que nos resulta encantador. Es muy pequeño, con un par de calles comerciales llenas de tiendas de souvenirs, algún restaurante, heladerías y cafés, con sus farolillos de papel tradicionales que le dan un toque encantador. En estos locales destacan los momiji manju, unos bollitos con forma de hoja de arce rellenos de dulces de todo tipo de sabores. Otra de las especialidades locales de la isla de Miyajima son las ostras frescas preparadas al grill o yakigaki, anunciadas en los menús de los pocos restaurantes.
Tras recorrer la calle Onomatesando nos decidimos por el lugar en el que comer, un local de madera informal y sencillo en el que se elige la comida metiendo dinero en una máquina que hay en el exterior en la que se indica en verde los platos disponibles y en rojo los no disponibles. Realmente curioso. Compramos varias frituras como takoyaki, tempura de langostino, pescado frito y croquetas de ostras: 13€. Pasamos a comerlo en unas mesitas bajas que hay en el interior, donde estamos solas pues ya es un poco tarde. Nos encanta. De postre compramos unos helados de esos ricos y con forma chuli que tanto se ven por aquí: cheescake y te matcha, ¡cómo no!
Es cierto que el torii flotante es la imagen más icónica de la isla, pero Miyajima tiene mucho más que ofrecer. Todavía tenemos la tarde por delante así que decidimos ir al Parque Momijidani, que se encuentra subiendo una cuesta desde el santuario pasando por nuestro hotel. Paseamos por el parque en solitario, atravesamos sus puentes rojos y nos dirigimos al teleférico pensando en la posibilidad de subir al Monte Minsen. Sin embargo, encontramos un cartel que indica que estará cerrado durante 3 semanas por encontrarse en proceso de reparación. El Monte Minsen es el punto más alto de Miyajima y se puede acceder a él también en diferentes rutas de senderismo. Pero ya no nos da tiempo de subir y bajar andando pues está cayendo la tarde y enseguida queremos dirigirnos a ver esconderse el sol tras el torii.
Nos dirigimos a la playa observando cómo ha subido la marea y disfrutamos del precioso torii flotante, ahora síi, en la lejanía. Es espectacular. Después subimos para verlo más cerca y nos emocionamos tras ver el sol caer. No nos cansamos de mirarlo.
Cuando anochece caminamos por el paseo junto al mar hasta llegar al único supermercado de la isla, un “Lawson” que en este caso cierra a las 22:30 y donde compramos la cena y el desayuno para mañana. Lo cierto es que en el hotel nos ofrecieron cena y desayuno japonés, pero es bastante caro y preferimos comprar en el konbini, aprovechando además la habitación tan bonita y sus vistas.
Regresamos al hotel por el camino junto al mar, para volver a ver el torii y nos encontramos con la sorpresa de que los fieles están celebrando el festival de Kangensai, un festival de música y barcas, en el que se reunen barcos decorados que navegan por el agua con música tradicional para honrar a los dioses sintoístas. Es impresionante ver a los barcos pasar entre el famoso torii flotante y el santuario, interpretando canciones tradicionales con sus tambores.
Al llegar al hotel nos encontramos que nos han hecho la cama japonesa con colchones sobre el suelo. Nos ponemos los yukatas y vamos al onsen. Es una maravilla, con su baño cerrado grande y otro pequeño al aire libre y la zona de aseo con sus banquitos. Además, ¡estamos solas! Relax total. Regresamos a la habitación, tomamos nuestra cena en la mesita de la terraza, viendo el torii iluminado y nos acostamos, un día más, felices por el día tan bonito.