Hemos dormido fenomenal en la habitación japonesa y nos levantamos con ilusión a preparar el desayuno en la terraza. Probamos los momiji manju que nos dejaron ayer sobre la cama, de cortesía. ¡Muy ricos!
Aun nos quedan unas horas en esta maravillosa isla. Hemos reservado la mañana de hoy para visitar el templo de Itsukushima con la marea alta y es un acierto total, pues al caminar por su interior, parece que los pasillos del santuario flotaran en las aguas del mar. El santuario es realmente bonito, formado por varios edificios que vamos recorriendo. En la plataforma para las ceremonias hay una celebración con instrumentos musicales. Para finalizar nuestra visita, salimos al patio-mirador desde el que se ve el torii a lo lejos. Lo hemos visto desde todas las perspectivas y no nos cansamos de mirarlo.
Damos el último paseo junto al rio, despidiendo a los ciervos y vamos al pueblo a comprar algún souvenir, pues queremos tener un recuerdo de este bonito rincón de Japón en nuestra casa.
Regresamos al hotel, cogemos las maletas que hemos dejado en la recepción y nos llevan al puerto. A partir de aquí hacemos el mismo trayecto que hicimos ayer a nuestra llegada, pero en sentido contrario: del puerto de Miyajima a la península donde vamos caminando hasta la estación de Miyajimaguchi; aquí tomamos un tren a Hirosima, donde cogemos el tren a la ciudad de Osaka, nuestro último destino en Japón. El trayecto dura 1 hora y media aproximadamente y al llegar a la estación Shin Osaka nos bajamos del tren para tomar otro que nos lleve hasta la estación de Namba, la más cercana a nuestro hotel APA Namba.
Notamos un gran cambio al llegar a Osaka, una ciudad bulliciosa y llena de ambiente que estamos deseando explorar. El hotel APA pertenece a una cadena de la que hay muchos hoteles en Japón. Es muy diferente a los anteriores en los que nos hemos alojado, pues es grande y con muchas habitaciones. El check in lo realizamos nosotras mismas en una máquina y la habitación es muy correcta y con unas vistas maravillosas de la ciudad. También hay una piscina en la azotea y subimos a verla, pero no nos bañamos pues es de pago y pensamos que no compensa pues no nos sobra el tiempo para visitar Osaka y no la vamos a disfrutar con calma.
Nos gusta mucho su ubicación en el barrio de Namba, junto al barrio Dotonbori, el barrio de diversión y gastronomía por excelencia de Osaka. Al llegar nos detenemos en uno de los puentes sobre el canal, para ubicarnos y localizar los restaurantes que tenemos fichados. Es curioso ver la decoración de las fachadas de los edificios con sus enormes figuras y dibujos que indican lo que se come en cada restaurante. Nosotras optamos por comer sushi en un local de sushi en cinta recomendado, donde disfrutamos muchísimo:
-Genrakuzusi Dotonbori: 9 platos de sushi variado, la mayoría de 2 piezas, otros de 4 y algunos individuales. Según el color del plato, el precio cambia, pero incluso eligiendo los más caros, nos resulta baratísimo. 9€.
Callejeamos por el barrio y según va anocheciendo se van iluminando los neones característicos de Dotonbori.
El ambiente es genial y estamos muy a gusto, pero también queremos ver el barrio de Shinsekai. Para llegar a tiempo y que no se nos haga tarde, cogemos el metro. Al salir vemos a lo lejos la torre Tsutenkaku, que, con sus 103 metros de altura, es uno de los símbolos de la ciudad de Osaka. Desde 2011 la torre está iluminada con leds que van cambiando de color según la época del año. Nosotras disfrutamos de una torre en colores que van del azulón al fuxia, y da un toque chulísimo al barrio. Este barrio de aspecto retro-futurista está lleno de restaurantes decorados con dibujos y colores y tiendas de todos los tipos.
Tras un agradable paseo tomamos un tren que nos lleva directas y muy rápido a la estación de Namba. Al tratarse de un tren de JR, podemos pasar nuestra tarjeta Kansai Pass y enseguida llegamos al hotel.
Como es habitual, tenemos un konbini “7 Eleven” frente al hotel, donde paramos a comprar nuestra última cena japonesa. ¡Qué pena nos da! Pero siempre hay una motivación pues este hotel tiene onsen y creemos que no hay mejor manera de cerrar nuestra estancia en Japón. Aunque se trata de un hotel grande, el onsen también lo es, por lo que podemos disfrutarlo al repartirse las personas en las diferentes zonas de baño. No tiene tanto encanto como los de los hoteles anteriores, pero está fenomenal. Cenita rica en la habitación y a descansar.