Tercer y último desayuno hoy martes en el Hotel Dolomiti de San Vito di Cadore. Hemos estado muy a gusto y hemos desayunado muy bien en este alojamiento, pero es hora de recoger el equipaje y continuar con el itinerario. Hoy vamos hasta Vipiteno, casi en la frontera con Austria, donde tenemos el alojamiento para esta noche.

Teníamos previsto parar lo primero en la Cascada di Fanes, que está muy cerca de Cortina d’Ampezzo, pero decidimos prescindir de ello para tener más tiempo en el Lago di Braies, que es nuestra visita estrella de hoy.
PUNTO PANORÁMICO TRE CIME
Desde San Vito di Cadore tomamos la SS51 hacia el norte. A unos 30 km por esta carretera hacemos una parada en un punto panorámico que hay a mano derecha de la carretera (46°38'24.5"N 12°13'55.1"E), desde donde hay una bonita vista de las Tres Cimas de Lavaredo, con una perspectiva diferente a la que tuvimos ayer y enmarcadas por vegetación. Para poder parar aquí hay zona con parquímetro y aseos gratuitos.

En este lugar hay una construcción de madera con una pequeña “exposición” donde cuentan la historia del primer alpinista que ascendió a la Cima Grande.
DOBBIACO
Poco más adelante paramos en el pueblo de Dobbiaco (Toblach en alemán) para comprar algo de comida para hoy en un supermercado. Aprovechamos para dar una pequeña vuelta por el centro. Parece un lugar muy animado y tiene una bonita iglesia verde y blanca cuya torre, coronada por una cúpula de cebolla, se recorta contra la ladera verde de la montaña. Poco más nos llama la atención de este lugar.

LAGO DI BRAIES (PRAGSER WILDSEE)
Dicen que este lago de aguas turquesas, situado a 1.496 metros de altitud entre montañas, es el más bonito de los Dolomitas, así que lo apuntamos como visita imprescindible en este viaje.

Con el fin de controlar las avalanchas de turismo en temporada alta, desde hace unos años es necesario hacer reserva previa de parking para acceder al lago en coche privado entre las 9:30 y las 16:00 en verano (desde el 01/07 hasta el 10/09). Fuera de ese horario no es necesaria la reserva, si bien hay que pagar igualmente por aparcar al llegar allí.
Hay 4 parkings habilitados para ello, todos ellos situados en la carreterita que lleva al lago desde la SS49. El P1 es el más barato y más lejano (a 6 km del lago y luego te acercan en un bus, según pude entender). El P2 está a 800 metros del lago. El P3 y el P4 están al lado mismo del lago. La web para hacer las reservas es: www.prags.bz/en
Sinceramente, esta web es bastante confusa y nosotros no encontramos en ella más posibilidad que reservar en el P3 o en el P4. Además, cuando entras en ella lo primero que te ofrecen es un pack que cuesta 40€ e incluye el parking + un vale de 20€ para consumir en el restaurante del lago (con lo que haces el pringado, porque aparcar en el P3 sin vale de comida cuesta 18€). Hay que rebuscar un poco más en la web para encontrar la posibilidad de reservar sólo parking, sin vale de comida. A nosotros nos daba igual el P3 que el P4 porque están uno al lado del otro, pero finalmente reservamos en el P3 (18€) porque tampoco terminamos de entender los precios del P4.
La pantalla exacta donde se reserva el P3 sin vale de comida es ésta: parking.speckstube-eggerhof.it/en/
Al hacer la reserva hay que meter el número de matrícula del coche, pero si aún no lo sabes lo puedes comunicar hasta 24 horas antes. Nosotros dimos el número de matrícula el día antes escribiendo a este email, porque el enlace de nuestra reserva nos daba error: mail@i-mts.net
Nada más llegar al parking y bajar del coche me unto bien de repelente de mosquitos por todas las partes visibles de mi piel. El Mortadelo y el Niño pasan de hacer lo mismo porque consideran que sus cuerpos no son plato de gusto para esos insectos.

Cuando llegamos al lago está nublado y el agua se ve prácticamente gris. Vaya gracia… lo bonito de este lago son sus aguas turquesas. Además, hay muchísima gente. La primera toma de contacto no es muy positiva.


Sin embargo, las nubes se van disipando poco a poco y el lago va adquiriendo unas preciosas tonalidades que van de la paleta de los azules a la de los verdes, según la profundidad del agua y de lo que en cada punto se refleja en ella.


Damos la vuelta completa en torno al lago. Son unos 4 km muy sencillos y cómodos, a excepción de una zona donde hay dos tramos con bastantes escalones de subida y de bajada, porque es un cortado de roca donde no han podido explanar un sendero.
En la zona más cercana al acceso viniendo desde el parking hay un embarcadero con alquiler de barcas (unos 50€ por 45 minutos



También hay una coqueta iglesita de piedra junto a la orilla, que también sería muy fotogénica si no fuera por la marabunta.


En el extremo opuesto al embarcadero hay una zona de playa de grava, pero el baño está prohibido.

Como ya he comentado, hay un par de tramos largos de escalera. Vemos una señora mayor con problemas en las piernas que lo está pasando fatal en esta zona, y es que seguramente no sabía que se iba a encontrar peldaños, pero darse media vuelta aquí es ya también una faena.


Almorzamos con nuestros bocadillos sentados junto a la orilla del lago y proseguimos con nuestra ruta de hoy hacia Vipiteno.
¡Adiós, lago di Braies! Eres muy bonito, pero te sobramos todos los seres humanos.

VIPITENO
Llegamos a Vipiteno a media tarde. Vamos directos al hotel que tenemos reservado para esta noche, que está a las afueras del municipio. Es el Hotel Brenner Stop&Go, que reservé directamente en su web con desayuno buffet incluido. Por la ubicación y el nombre esperaba algo más cutre, pero nos sorprende un fantástico edificio moderno con una recepción muy amplia y bien decorada. La habitación también es grande y muy nueva y tiene terraza.
Una vez que dejamos el equipaje en la habitación cogemos el coche nuevamente para acercarnos a Vipiteno. Se puede ir andando en media hora, pero el camino no promete ser muy atractivo, pues el hotel está junto a un nudo de carreteras que hay que sortear para llegar al pueblo.
Vipiteno es una pequeña localidad de aspecto completamente tirolés, en la que se habla alemán. No en vano, nos encontramos en la región del Sudtirol. Hemos venido hasta aquí porque se supone que es el pueblito con más encanto de la zona.

La calle principal es muy pintoresca: las ventanas de los edificios son del tipo “bow window”, llenas de flores, al más puro estilo tirolés, y las plantas bajas son con arquerías. En el centro de la calle, dividiendo el pueblo en Cittá Nuova y Cittá Vecchia, se alza la Torre delle Dodici, construida en el S.XV y llamada así por las doce campanadas que toca cada mediodía (mira qué originales).


En la calle principal nos llama la atención un atractivo escaparate lleno de cosas bonitas de papelería. Recuerdo que necesito un bolígrafo y entramos con la humilde intención de comprar uno básico, tipo Bic o algo así. Resulta ser un local enorme de tres plantas, de esos que venden montones de accesorios y complementos preciosos de papelería y regalo, muy sorprendente para un pueblito tan pequeño. Damos unas vueltas en busca de los bolis pero no los encontramos, de modo que me acerco al mostrador, donde está ociosa una señora de aspecto teutón. Le pregunto “Do you speak English?” Me contesta un seco “No”. Veo un boli Bic encima del mostrador y se lo señalo. Rápidamente se acerca otra dependienta que me niega con la cabeza y me dice en inglés “Cerramos a las 6 y media”. Miro mi reloj: son y veintinueve. ¿De verdad les resulta tan dolorosa la posibilidad de pasarse 10 segundos de la hora de cierre por venderme un boli? ¿Prefieren no vender? Pues nada, nos vamos sin boli. ¡Qué caracteres más diferentes al sur y al norte de la antigua frontera italo-austriaca!
Esta cosa tan tonta nos deja mal sabor de boca. El Mortadelo dice que ya no le gusta Vipiteno.

De todas formas, damos unas vueltas por las calles de los alrededores pero no vemos mucho más de interés. Buscamos un sitio para cenar por allí, pero todas las cartas que vemos son una clavada, así que decidimos volvernos a la zona del hotel porque nos suena que antes hemos visto anunciado algún restaurante al lado, que será seguramente más asequible.
Desde la terraza de nuestra habitación tenemos vistas a las montañas, al Castillo Reifenstein y a una enorme área de servicio de camiones llamada Autohof Sadobre.


Era en el muro del área de servicio donde habíamos visto anunciado un restaurante, que precisamente se encuentra situado dentro del propio área. De todos es sabido que, allí donde veas muchos camiones aparcados, es que se come bien

Poco antes de acostarnos me doy cuenta de que me pican las piernas y los brazos. Me miro y ¡estoy llena de picaduras! Pero bueno, ¿cómo ha podido ser? El Niño tiene dos o tres picotazos, pero es que al Mortadelo ni se han acercado

Bueno, a dormir, que mañana será otro día.