Hoy, miércoles, quinto día de viaje, nos despertamos en el Hotel Brenner de Vipiteno. El desayuno buffet es bastante bueno también, muy similar al que tuvimos en el anterior hotel, con variadas opciones de embutidos, huevos, bollería, cereales, yogures, zumos, fruta, etc., y todo de calidad.
El plan para hoy es llegar a Bolzano. Por el camino, nos desviaremos a ver los paisajes del Val di Funes y pararemos a visitar el pueblecito de Chiusa.

VAL DI FUNES: IGLESIAS DE STA. MADDALENA Y S. GIOVANI
El Val di Funes es una gran extensión de praderas verdes, verdísimas, rodeada por los altos picos de los montes Dolomitas y salpicada de granjas y pequeños pueblecitos. Dicen que es el más bonito valle de los Dolomitas. No puedo corroborarlo porque no los he visto todos para poder comparar, pero desde luego es precioso.

Dentro del valle son famosas las pequeñas iglesias de Sta. Maddalena y S. Giovanni, por estar situadas en unos entornos idílicos que las hacen muy fotogénicas. Las dos están en el pueblo de Sta. Maddalena, muy cerca una de la otra.
La carretera que lleva desde la A22 hasta el pueblo de Sta. Maddalena es de doble sentido, estrecha y llena de curvas. El pueblo en sí no tiene ningún interés turístico, pero hay que dejar el coche en alguno de los varios parkings que hay y terminar de llegar hasta las iglesias andando.
En este mapa indico la ubicación exacta de cada una de las iglesias, así como el punto panorámico (46°38'54.9"N 11°42'56.2"E) desde el que se tienen las mejores vistas del valle y de la iglesia de Sta. Maddalena. También indico el parking en el que dejamos nosotros el coche, que es muy conveniente porque justo enfrente hay unos aseos de acceso gratuito.


Nos acercamos primero a la iglesia de Sta. Maddalena. Se desconoce cuándo fue construida exactamente, pero hay documentos del S.XIV donde ya se la menciona. Está bordeada por un murete que resguarda un pequeño cementerio lleno de flores. El interior de la iglesia también se puede visitar libremente.

Pero continuamos caminando, ahora ya en ascenso por la ladera de la montaña, porque queremos llegar hasta el punto panorámico desde el que se obtienen las más bonitas vistas del valle con la iglesia como protagonista. Puedo prometer, y prometo, que no he retocado en absoluto los colores de las fotos. El tapiz verde es así de verde al natural:



El paisaje es tan, tan bonito, y el verde es tan, tan verde, que hacemos doscientas fotos todas iguales, porque tienes la sensación de que nunca consigues captar al cien por cien toda la belleza en una sola toma.
Volvemos hacia el pueblo y vamos hacia el otro lado, hacia la iglesia de S. Giovanni. Esta diminuta iglesia se encuentra dentro de una finca privada a la que no se puede acceder si no es pagando. El precio da derecho a la visita del interior. No obstante, es posible verla desde la valla de la finca y, de hecho, si quieres tener la visión de la iglesia con su entorno, es desde la valla desde donde obtendrás esa imagen.

La torre de la iglesia de S. Giovanni, construida en el S. XVIII, está rematada por una de esas peculiares cúpulas de cobre en forma de cebolla que tanto estamos viendo por esta zona.

¡Qué bonito el Val di Funes! Además, hemos tenido suerte con la climatología, que nos ha regalado un día de cielos llenos de nubes de algodón.
Proseguimos camino por carretera hacia nuestra próxima parada, el pueblecito de Chiusa.
CHIUSA
Este pequeño pueblo de carácter medieval merece una parada para conocer su casco histórico de callejuelas empedradas y fachadas coloridas. Una hora es suficiente para dar una vuelta por el centro.
Sus edificaciones se desparraman a lo largo de las riberas del río Isarco, dominadas desde la cumbre de un promontorio rocoso por la Abadía di Sabiona, donde guardan clausura las monjas benedictinas.

La visita de Chiusa se resuelve deambulando sin rumbo concreto por el laberinto de calles de su centro. A juzgar por el aspecto de las edificaciones, es evidente que aún nos encontramos en el Sudtirol.



La verdad es que Chiusa nos está gustando mucho. Tal vez sea el encanto de sus calles y plazas, tal vez la tranquilidad y autenticidad que se respira… no hay apenas turistas.
En la iglesia de Sant’Andrea se está celebrando algo importante, porque el interior está lleno a rebosar y aún hay gente fuera que no ha podido entrar. Enseguida nos damos cuenta de que es un funeral, porque hay un féretro afuera esperando; ha fallecido una señora mayor del pueblo y están allí todos los habitantes para despedirla.

En lo alto del casco histórico está el Castello di Branzollo. Encontramos las escaleras de subida, que ascienden serpenteando entre dos muros de piedra con pinta de ser muy antiguos; no sé si tanto como el propio castillo, que es del S.XIII, pero mucho. A media altura tenemos ya una buena panorámica de Chiusa con la iglesia en primer plano. Ya ha salido de la iglesia la comitiva fúnebre, compuesta por cientos de personas, en dirección al cementerio. Curioso.

Llegamos hasta arriba de las escaleras, pero el esfuerzo no se ve recompensado porque no hay nada que ver. El castillo está cerrado porque actualmente es una propiedad particular y parece ser que incluso está habitado. Bueno, por lo menos las vistas de Chiusa desde la altura han merecido la pena.
BOLZANO
Bolzano es nuestro destino final de hoy. Aquí nos vamos a alojar dos noches.
Esta ciudad, que hasta la I Guerra Mundial también perteneció al imperio austrohúngaro, está, sin embargo, menos germanizada que las que hemos visto más al norte. De hecho, aquí se habla más italiano que alemán.
Es una ciudad sobre la que no traemos grandes expectativas. Más bien la elegí por logística, porque era una buena base para el programa de viaje de hoy y de mañana. Sin embargo, terminará por gustarnos más de lo que pensábamos.
Desembarcamos en el Hotel Regina, donde tenemos reservada una habitación triple con desayuno buffet, como siempre. Elegimos este hotel porque ofrece garaje propio y está suficientemente céntrico como para ir a pie a visitar la ciudad. Es un hotel de 3 estrellas, aunque para los estándares españoles yo lo calificaría más bien de 2.
La habitación no es muy grande, pero es correcta y está suficientemente amueblada. El parking está en el edificio colindante; es subterráneo y es a base de cocheras privadas cerradas con llave.
Una vez tomada posesión de la habitación, salimos a conocer Bolzano. Estamos a escasos 10 minutos andando de la Piazza Walther, centro histórico de la ciudad, donde se encuentra el Duomo y donde ponen los mercadillos de Navidad.

El Duomo es un precioso edificio gótico del S.XIII, cuya cubierta de tejas de colores formando esquemas geométricos recuerda mucho a la Catedral de Viena.


En la Piazza Walther está el histórico Café Loacker, donde se inventaron las famosas galletitas “Loacker” de barquillo relleno de chocolate.
Otra de las principales plazas de Bolzano es la Piazza delle Erbe, donde se viene instalando el mercado de frutas y verduras desde tiempos inmemoriales. Es una plaza estrecha y larga, muy pintoresca y con mucho sabor a autenticidad.



Recorremos la Via dei Portici, peatonal; la calle más comercial de Bolzano. Es una calle estrecha, toda porticada, y ya era comercial desde su origen en la Edad Media, por lo que hoy en día se entremezclan negocios antiguos y humildes talleres con las últimas firmas de moda del máximo prestigio. Si observamos un poco, veremos que los edificios de esta calle son todos muy estrechos; esto se hacía así para que el mayor número posible de casas pudieran tener su fachada a la calle principal de la ciudad.

De la Vía dei Portici salen varios pasajes bajo las edificaciones, a modo de callejones cubiertos, que comunican con la calle paralela Dr. Josef Streite, como forma de atajar, ya que las manzanas son larguísimas. Meterse por alguno de estos pasajes permite descubrir cómo es la estructura de estas edificaciones del S. XV por dentro, cómo son sus patios… Interesante.
Si la Via dei Portici es la de ir de compras, la de Dr. Josef Streite es la de ir a tomar algo. Es última hora de la tarde; se ve incluso cenando ya, y hay muy buen ambiente. Es, sobre todo, gente local. No se ven demasiados turistas.


Caminando, caminando, llegamos hasta el Ponte Talvera, que cruza el río del mismo nombre. Al otro lado del río está el Monumento a la Victoria, una especie de arco de triunfo que mandó levantar Mussolini para celebrar la victoria de Italia sobre el Imperio Austro-húngaro en la I Guerra Mundial. No me inspira nada para sacarle una foto, así que lo dejo a la búsqueda en Google o a la imaginación de cada uno.

Tengo apuntado un posible sitio para cenar que está muy cerca de aquí. Se llama Stuzzicheria La Casa di Jo, y tiene bastantes buenas críticas, así que vamos a probarlo. Nos suben a una terraza que tienen en la planta de arriba, que da hacia la parte de atrás, o sea, hacia el río, aunque el río no se ve porque hay muchos árboles delante


Bolzano nos ha gustado. Se ve muy auténtica, muy de sus habitantes, y creo que es porque aún no está comida por el turismo.