Desde que salimos del Kennedy Space Center, teníamos un viaje de 4 horas más o menos.
Nos sorprendieron varias cosas por la autopista; Te adelantan por los dos lados, derecha e izquierda, nadie cumple con la velocidad indicada, solo nosotros y nos valió algún pitido, hay carriles rápidos donde vas lanzado, los coches de allí son extra anchos y grandes, las patrullas de policía son como en las pelis, los coches autónomos abundan y te pegas un susto al ver al conductor mirando el móvil o escribiendo, hay unas pantallas donde indican alertas: Silver Alert, por ejemplo es para indicar posibles ancianos con demencias que han podido coger el coche y te ponen los datos del vehículo, por si los ves.... Y entonces, pinchamos.
Menos mal que estábamos cerca de una salida a una gasolinera, porque la rueda perdía presión rápidamente.
En la gasolinera nos ayudaron, muy amablemente, con un KIT de arreglo de pinchazos (teníamos clavado un remache en la rueda), que quedó perfecto. Ni se notaba. Aún así, tuvimos tiempo de pasar por un taller de un amigo de los de la gasolinera, que le echó un vistazo y nos dijo: podéis ir en paz!!
Y eso hicimos. eso sí, nos pegamos un buen susto, eh? El hecho de llevar un coche de alquiler y te pasen estas cosas, te agobia más... pero todo son aventuras!
Llegamos a Miami y, ¡¡Qué subidón al cruzar hacia Miami Beach!!! la vista desde el puente, ya de noche, con los edificios iluminados... El chaval se emocionó y todos estábamos super felices!
Llegamos entre casas, que nos recordaban a la serie DEXTER, hasta nuestro hotel. El ESME MIAMI BEACH. La verdad es que un hotel precioso y, a pesar de estar ubicado en una de las calles con más ambiente nocturno y restaurantes, muy silencioso en el interior.
Tiene una piscina en la azotea, que no pudimos ni probar en las 3 noches que pasamos allí, porque (mira que yo soy de agua caliente, eh?) parecía que te metías en caldo a cocerte. La habitación era chula, pero la puerta corredera del baño no cerraba del todo, y eso, a pesar de la confianza, incomodaba. Por lo demás, servicio de aparcamiento (pagando a parte) y ubicación, inmejorables!!
Llegamos a la hora de cenar, así que dejamos las cosas y nos fuimos a la calle. La Española Wy es una calle bulliciosa, con gente guapa cenando en restaurantes caros (todo es muuuuy caro en Miami), y allí, cenamos en un restaurante cubano, La Mulata, la verdad es que muy bien.
Al día siguiente, encontramos nuestro lugar de desayuno, donde repetimos todos los días; Cortadito Coffee, regentado por 3 mujeres sudamericanas, majísimas. Una de ellas había vivido por 20 años en Sopelana, cerca de Bilbao, y tuvimos muy buen rollo con ellas.
Miami Beach fue, de todas las ciudades visitadas, donde el sistema público de alquiler de bicicletas, funciona bien!! qué fácil fue, sin más, sin aplicaciones, sin tiempos sin nada raro, alquilar una bici con la tarjeta de crédito y punto!! Y allí que nos fuimos los 3 en bicis por todo el paseo marítimo.
Tras la intensidad de Disney World, Miami tenía que ser un poco más tranquilo, sin prisas, sin querer ver esto y eso corriendo. Así que este día nos lo tomamos con tranquilidad. Bici, parando a bañarnos en la playa (había un poco de sargazo en la orilla, pero el agua estaba limpia y a una temperatura estupenda), ver las casetas de los socorristas, los hoteles ART Decó, la gente por el Lummus Prak y las iguanas, los cochazos ir y venir, las motos de agua y los barquitos de "pobres"...
Descubrimos, a la hora de comer, un restaurante, cerca del hotel, La Leggenda Pizzeria, también en Española Wy, con una pizza napoletana premiada, y con razón. Fue el único sitio donde comimos a un precio razonable y muy muy bien. por algo tenía cola, y no se podía reservar. repetimos allí otro día, de hecho, la pasta también, exquisita!
A la noche, nos prepramos y ese es el espectáculo de Miami Beach, pasearse por la zona de los hoteles Art decó, con locales de moda y restaurantes, la gente mega-preparada (mi hijo se integró de maravilla con gafas de sol a la noche
Al día siguiente, como era domingo y habíamos oido que en la Little Havana hay más ambiente los domingos, pensamos que era el mejor plan.
Miré en el ChatGPT dónde aparcar allí, y me marcó el aparcamiento de detrás de un MC Donaldo en la calle Tamiami… y lo aparcamos allí, sin mirar mucho a nuestro alrededor, aunque nos dio mala sensación un par de hombres que andaban por allí y nos miraban… ERROR!!! Cuando viajas, NUNCA hacer caso del CHAT GPT sin cuestionarse las cosas, y SIEMPRE hacer caso de las intuiciones.
Paseamos por la Little Havana sin problema, comimos en un restaurante cubano, la verdad es que, aunque hubo cosas que nos gustaron, como los graffitis, nos dio la sensación de un poco decadente, y no mucho ambiente auténtico.
Al volver a coger el coche al mediodía, el coche NO estaba!!! Tras el pánico de pensar que nos habían robado el coche de alquiler…vimos una placa que indicaba que era zona donde los coches se los llevaba la grúa si no tenías la pegatina. De los dos hombres aquellos uno seguía allí, era sudamericano por los que nos fue más fácil hablar con él… en resumen, y aunque él decía que no, eran halcones que en zonas marcadas como prohibidas, avisan a las empresas de grúas, que son privadas.
Está claro que nosotros aparcamos mal, no vimos la placa, pero después hemos ido viendo que allí funciona así, en nuestro caso la culpa era nuestra, pero hemos sabido de casos que se llevan los coches sin estar mal aparcados, porque no depende de una orden de la policía, se lo lleva la grúa y punto.
No sabíamos que hacer, porque con la tarjeta del móvil teníamos datos pero no teléfono, así que volvimos al restaurante en el que comimos y pedimos a un camarero que, por favor, llamara al número de la grúa que venía en la placa. Fue muy amable porque llamó, y nos quedamos más tranquilos sabiendo que estaba allí el coche. El camarero nos hizo el favor de llamar a un taxi y fuimos a la dirección que indicaba la placa de la grúa.
Y aquí viene la parte surrealista. Resulta que el tío de la grúa nos dijo que no nos daba el coche. Al ser de alquiler, hay un vacío legal en el que, por mucho que tú demuestres que está alquilado por ti, pueden negarse y dárselo, solamente, a alguien de la empresa, en nuestro caso HERTZ, que son los propietarios del coche. De esta forma, algo que podía haber sido pagar la grúa y el rato que estuvo en el garaje, se convirtió en el desfalco del viaje. Discutimos con el tío pero vimos que no había nada que hacer.. así que, nos dejó coger alguna cosa que teníamos en el coche. Le sacamos fotos, por si acaso, y nos fuimos.
Como le habíamos dicho al taxista que esperara (menos mal), nos fuimos al aeropuerto a la oficina de Hertz, allí nos atendieron, la verdad, muy bien, ya que nos vieron desesperados. Mi miedo era que no nos dieran otro coche hasta que no recogieran el otro, que ya nos dijeron que podían ser 3 días, y entonces el viaje se iba al garete. Pero nos dieron otro coche al momento y nos dijeron que recogerían el otro y nos pasarían la factura del garaje y grúa.
Jodidos, asustados, pero ya con el otro coche de alquiler, decidimos que era parte de la aventura, que sí, que habíamos cometido un error, y que nos sentíamos timados pro la grúa, pero que, al fin y al cabo, era un tema de dinero, y que, aunque todavía no sabíamos cuánto iba a ser, eso no podía fastidiarnos el viaje. Lo que con dinero se arregla, pues ya está, fastidia, pero no es una tragedia.
Ni os cuento la factura que nos mandaron de HERTZ… más de lo que os imagináis, y lo peor que es que nos lo mandaron sin desglosar. Es decir, no sabemos cuánto costó la grúa, ni cuántos días estuvo allí el coche. Personalmente, nos pareció una trampa a turistas. Tras quejarnos a Hertz y pedir el desglose, han dejado de contestarnos, así que, por un lado HERTZ bien, porque nos dio el coche nuevo super rápido, pero por otro, suena a que alguien pone el cazo. en fin!!
Y aún así, después de toda la aventura, o más bien, desventura, llegamos a tiempo al PASEO EN BARCO POR LAS CASAS DE LOS FAMOSOS que cogimos con CIVITATIS, y le dimos la vuelta al día. La verdad es que, aunque es una turistada, merece la pena, es un rato divertido, donde te van contando a quién pertenece cada casoplón, y lo ves desde la bahía Miami. Ese rato de “Aquí hay tomate” nos vino bien, y ya disfrutamos el resto del día, contentos, con un nuevo coche que nos gustaba más que el anterior, y sin darle más vueltas.
Esa noche cenamos en otro restaurante cubano, y nos fuimos a descansar porque, al día siguiente nos esperaba la aventura de los everglades.