Nos despedimos de Arlés donde hemos estado bien en líneas generales durante tres días y nos dirigimos para adentrarnos en el corazón de la Provenza como lo hicieron en su día Van Gogh, Pissarro, Gauguin y Picasso, entre otros, para descubrir la simplicidad de los colores que la luz del sol provenzal les mostraba.
Saint-Rémy en Provence.
Llegamos temprano, sobre las 9 de la mañana. Hoy es día de mercado. Aparcamos sin problemas y nos dirigimos al centro de la población. Se instalan tres mercados en tres bonitas plazas. Uno dedicado a ropa de todo tipo, otro a la venta de productos de alimentación y puestos de comida para llevar, y, por último, otro dedicado a la pintura, antigüedades, artesanía, etc. Después de mezclarnos con la gente, nos sentamos en la terraza de un bar de estos de toda la vida y nos tomamos un café viendo pasar a la gente.
Saint-Rémy en Provence.
Llegamos temprano, sobre las 9 de la mañana. Hoy es día de mercado. Aparcamos sin problemas y nos dirigimos al centro de la población. Se instalan tres mercados en tres bonitas plazas. Uno dedicado a ropa de todo tipo, otro a la venta de productos de alimentación y puestos de comida para llevar, y, por último, otro dedicado a la pintura, antigüedades, artesanía, etc. Después de mezclarnos con la gente, nos sentamos en la terraza de un bar de estos de toda la vida y nos tomamos un café viendo pasar a la gente.

El ambiente del mercado nos ocupó gran parte de la mañana. Era momento de continuar rumbo al siguiente destino: Gordes.
Al monasterio de Saint Paul de Musole donde estuvo internado Van Gogh no fuimos. Hemos leído tanto sobre el tema que parece que hemos estado y como no teníamos la intención de visitar su interior decidimos continuar nuestro camino sin remordimiento alguno.
Gordes.
Conduciendo por carreteras secundarias y siguiendo las indicaciones del GPS llegamos en una hora aproximadamente al bonito pueblo de Gordes, encaramado en lo alto de una colina. Desde el mirador que hay a un par de kilómetros antes de llegar, a la derecha, se tienen las mejores vistas de la población.
Al monasterio de Saint Paul de Musole donde estuvo internado Van Gogh no fuimos. Hemos leído tanto sobre el tema que parece que hemos estado y como no teníamos la intención de visitar su interior decidimos continuar nuestro camino sin remordimiento alguno.
Gordes.
Conduciendo por carreteras secundarias y siguiendo las indicaciones del GPS llegamos en una hora aproximadamente al bonito pueblo de Gordes, encaramado en lo alto de una colina. Desde el mirador que hay a un par de kilómetros antes de llegar, a la derecha, se tienen las mejores vistas de la población.

Aquí se rodaron en 2006, en su plaza, algunas escenas de la película Un buen año protagonizada por Russel Crowe y dirigida por Ridley Scott. Después de las fotos de rigor y conforme íbamos aproximándonos al pueblo ya podías observar que el tema del aparcamiento estaba difícil. Muchos vehículos estacionados por la carretera daban a entender que iba a estar muy complicado. Llegamos al corazón de Gordes, a la plaza de Genty Panntaly donde se encuentra el castillo. Aquello era imposible, gente por todas partes. No me puedo imaginar este lugar en el mes de julio cuando los campos de lavanda están en su mayor esplendor; debe ser una locura. Rápidamente tomamos la decisión de visitar la Abadía de Sénanque que se halla a 10 minutos, y acertamos de pleno. Pensando que estaría abarrotada de turistas aparcamos sin problemas en un parking gratuito desde donde ya se podía contemplar esta Abadía cisterciense. Preciosa. Cuatro coches había en el aparcamiento. Parece que todo el mundo estaba en Gordes.

Antes de que empezaran a llegar más visitantes nos aproximamos a la Abadía dando un paseo por sus inmediaciones. Aún se puede respirar el aroma a lavanda por todas partes. Es increíble. Después de dar un buen paseo entramos en su interior para comprar, en su bien surtida tienda de souvenirs, algunos recuerdos para llevar a la familia, sobre todo tema de jabones y esas cosas. Al salir, efectivamente ya se podían ver los autobuses en el parking y una multitud haciendo fotos. Es recomendable, si la visita a esa zona es por la mañana, dirigirse primero a la Abadía y después visitar Gordes.
Dicho esto, pusimos rumbo a Roussillon y así se lo indicamos al Google Maps. Aprovecharíamos para parar a comer en algún sitio de camino. El destino nos llevó a Murs, población al norte de Cordes. Cada vez nos alejábamos más de Roussillon. A punto estuvimos de pasar de largo, pero, como no hay mal que por bien no venga, decidimos parar y quedarnos a comer allí. Como quiera que dada la hora no podíamos estar dando vueltas por la población buscando un restaurante de nuestro agrado, reservamos mesa en el hotel Le Crillon, primer sitio que vimos. No nos decepcionó. Nos sentaron a la sombra en una mesa minúscula en la terraza del restaurante, en una especie de jardín. Creo recordar que había un menú de 28 euros compuesto de un entrante, un plato principal y postre, bebida y café aparte. Nosotros pedimos dos platos de la carta: tatín de verduras y pulpo a la brasa, y un postre a compartir, una especie de helado de higo. Piché de ½ litro de vino tinto (flojísimo) y cafés. Todo muy bueno. Se estaba de lujo, la pena es que debíamos marchar a Roussillon, nos esperaba el Sentier des Ocres (el sendero de los Ocres).
Dicho esto, pusimos rumbo a Roussillon y así se lo indicamos al Google Maps. Aprovecharíamos para parar a comer en algún sitio de camino. El destino nos llevó a Murs, población al norte de Cordes. Cada vez nos alejábamos más de Roussillon. A punto estuvimos de pasar de largo, pero, como no hay mal que por bien no venga, decidimos parar y quedarnos a comer allí. Como quiera que dada la hora no podíamos estar dando vueltas por la población buscando un restaurante de nuestro agrado, reservamos mesa en el hotel Le Crillon, primer sitio que vimos. No nos decepcionó. Nos sentaron a la sombra en una mesa minúscula en la terraza del restaurante, en una especie de jardín. Creo recordar que había un menú de 28 euros compuesto de un entrante, un plato principal y postre, bebida y café aparte. Nosotros pedimos dos platos de la carta: tatín de verduras y pulpo a la brasa, y un postre a compartir, una especie de helado de higo. Piché de ½ litro de vino tinto (flojísimo) y cafés. Todo muy bueno. Se estaba de lujo, la pena es que debíamos marchar a Roussillon, nos esperaba el Sentier des Ocres (el sendero de los Ocres).

El objeto de llegar a Roussillon no es otra cosa que recorrer el famoso sendero de los Ocres y estirar un poco las piernas. A la entrada de la población, a la derecha se encuentran los aparcamientos de pago. Subes unos 300 metros y ya estás en Roussillon. Enseguida ves el bullicio de los visitantes. En la oficina de turismo nos indican donde se inicia el sendero y los sitios de interés. Como nuestro objetivo era recorrer el sendero nos dirigimos a él sin más dilación porque el sol apretaba de lo lindo y no queríamos que se hiciera muy tarde. Como era de esperar nos topamos con una taquilla al inicio del sendero (3’50 € por persona). Te dan un folletito y a correr. Al inicio del recorrido empezamos a comprobar que no íbamos a ir solos. Senderistas en grupo, en pareja, con carrito de bebé, dibujantes, etc. El sendero está muy bien indicado. Hay dos recorridos, uno de 30 minutos y otro de una hora. Tomamos el de una hora. El color ocre de la tierra es el que impera en gran parte del camino. El sendero es circular y sin dificultades.
Desde este lugar se tenían unas vistas impresionantes del Mont Ventoux, final de etapa en algunas de las ediciones del Tour de Francia. La última en 2025 si no me equivoco.
Desde este lugar se tenían unas vistas impresionantes del Mont Ventoux, final de etapa en algunas de las ediciones del Tour de Francia. La última en 2025 si no me equivoco.

Finalizado el recorrido y bajo un intenso calor nos dirigimos al coche a quitarnos las botas de montaña que habíamos llevado específicamente para realizar el sendero, aunque en realidad es más un paseo que una ruta de senderismo. Con unas simples zapatillas deportivas basta.

Continuamos camino a nuestro siguiente destino: Apt, donde tenemos reservando un apartamento para dos noches. Así que fuimos para allá, a ver que nos esperaba.
Sobre las 17 horas llegamos a Apt, un núcleo de población con muchos servicios y cerca de las poblaciones que queríamos visitar al día siguiente. Y, como no, encontrar aparcamiento era toda una odisea. Por fin encontramos uno, en el cauce de un barranco que cruza la población, y próximo a nuestro apartamento, menos mal.
Otra de las pruebas que nos tenía preparada el destino era encontrar el apartamento. Después de pasear la maleta de arriba abajo, acabamos dando con él en un pequeño callejón. Nos esperaban de nuevo unas estrechas escaleras por las que tuvimos que subir la maleta y algún que otro bolso de mano. El apartamento bien, cómodo y con todo lo necesario.
Salimos a cenar algo al centro de la población, pero no vimos nada apetecible. Como estábamos cansados decidimos comprar una botella de vino en una pequeña bodega y cenamos en el apartamento lo que habíamos comprado en Saint Rémy. Era la mejor opción. Cena, un poco de televisión y a dormir.
Sobre las 17 horas llegamos a Apt, un núcleo de población con muchos servicios y cerca de las poblaciones que queríamos visitar al día siguiente. Y, como no, encontrar aparcamiento era toda una odisea. Por fin encontramos uno, en el cauce de un barranco que cruza la población, y próximo a nuestro apartamento, menos mal.
Otra de las pruebas que nos tenía preparada el destino era encontrar el apartamento. Después de pasear la maleta de arriba abajo, acabamos dando con él en un pequeño callejón. Nos esperaban de nuevo unas estrechas escaleras por las que tuvimos que subir la maleta y algún que otro bolso de mano. El apartamento bien, cómodo y con todo lo necesario.
Salimos a cenar algo al centro de la población, pero no vimos nada apetecible. Como estábamos cansados decidimos comprar una botella de vino en una pequeña bodega y cenamos en el apartamento lo que habíamos comprado en Saint Rémy. Era la mejor opción. Cena, un poco de televisión y a dormir.