El Balneario Széchenyi es uno de los mejores recuerdos que guardamos de Budapest. Tuvimos la oportunidad de ir dos días: una vez en horario diurno y otra vez en horario nocturno. Sí, somos de repetir las cosas que nos gustan. Si os preguntáis cual es mejor, la respuesta es que ambas franjas horarias nos parecieron igual de buenas. Yo diría que fueras cuando te venga mejor. Supongo que en verano puedes pasarte el día allí, pero en otoño o invierno lo más normal será que pases menos tiempo, ya que lo de tomar el sol en bañador y en una tumbona está totalmente descartado por el frío.
El día empezó relajado y tras desayunar con mucha calma fuimos hacia el metro . A estas alturas ya habíamos aprendido por qué entrada acceder para subir al metro en la dirección correcta. Desde Oktogon recorrimos la Av. Andradsy por el subsuelo hasta la entrada del Városliget( parque de la ciudad) en la parada de Hösok Tere.
En realidad, la parada más próxima al Balneario es Szëchenyi fürdo, pero salimos en la anterior para acercarnos a la Plaza de los Héroes. Es enorme y Patrimonio Mundial por la UNESCO. El monumento es bastante espectacular. En el centro hay una gran columna rodeada de los siete jefes tribales húngaros que fundaron el país. Además, hay 14 estatuas de héroes nacionales que se añadieron posteriormente.

Dejamos atrás la plaza y seguimos avanzando por el parque. El parque es enorme, muy amplio, hay un lago, un conjunto de edificios que bien merecen acercarse a verlos y hasta un zoo.
Entre todos los edificios destaca el castillo de Vajdahunyad que parece medieval pero no lo es, es una trampa, tan solo data de 1896 y fue construido para una exposición. Es una replica del castillo Hunyad en Transilvania, asociado a Vlad, el príncipe rumano en quien se basó el personaje de Drácula.

Finalmente llegamos a las puertas del Balneario. Como ya venía siendo habitual la taquillera era antipática a rabiar. Esfuerzo nulo en aclarar los términos de la entrada. Queríamos saber si se podía salir y volver a entrar, nos pareció que decía que sí y luego fué que no.

Nos dieron dos pulseras y pasamos los tornos. Atención porque allí no existe el concepto vestuario de hombres y de mujeres. Hay taquillas, que se abren y cierran con la pulsera y una especie de boxes de madera individuales para cambiarte. Duchas hay 3 para hombres y tres para mujeres. Había jabón. Yo no me atreví a ducharme en condiciones porque por ahí podía entrar cualquiera y a la salida eché de menos haberme llevado un peine. Hay secadores y unas maquinas para escurrir el bañador.
De entradas hay de varios tipos. La más basica nos costó 12.500 florines por persona, unos 65 € las dos entradas. Y eso porque era un día laborable. Creo que de viernes a domingo cuesta algunos florines más. Hay entradas que te incluyen toalla o masajes pero son más caras. Allí te lo explican. Por cierto no había nada de cola. Nosotros nos llevamos las toallas del hotel y ya con previsión empacamos unas chanclas en la maleta.
Había un montón de piscinas interiores de diferentes temperaturas pero nosotros nos fuimos directos para afuera. Tampoco hicimos saunas ni nada de eso. Nos fuimos directos a las piscinas exteriores. La piscina del centro, rectangular, estaba en reparación , así que quedaban las de los extremos.
Había una caliente, a unos 34° grados y la otra estaba directamente super caliente a 38°. Yo alucinaba de que ese calor que emanaba de la tierra fuese completamente natural.
En la super caliente era una locura sensitiva cuando te metías porque afuera hacia bastante frío y el contraste era brutal. Ya si venías caminando mojado desde la otra era otra nivel. Era como si tú cuerpo se ralentizará a todos los niveles. No había persona humana que entrase al agua sin inmediatamente después sacar una sonrisa de oreja a oreja.
Era muy guay sacar una pierna, levantar un brazo, sentarte con medio cuerpo fuera y sentir el contraste del frío con el agua caliente. Personalmente pasados los primeros 10 minutos yo tenía hasta calor.
A la otra piscina, que estaba caliente pero no tanto, la llamaban Adventure Pool. Para mí, esta piscina estaba a la temperatura ideal para quedarte a vivir.
Y encima hacía como un circuito de chorros.
Por una parte estaban los chorros que salían del suelo concentrados en una zona. Luego estaban los chorros que salían por estructuras metálicas desde fuera de la piscina. Y luego estaba la piscina redonda de impulso y velocidad de fuerza centrípeta o centrífuga. Que divertido. Vaya risas te pegas dando vueltas por ahí.
En ambas piscinas nos dimos cuenta de que había un usuario de tipo profesional. Era gente local sin duda. Personas mayores que tienen sus rutinas, que apenas se vislumbran ante tanto turista. Cuando vayas fijaté que seguro que están. Los hombres suelen estar jugando al ajedrez y las mujeres van con gorro de baño y están sincronizadas con el ciclo de los chorros, fijate en sus movimientos infalibles para siempre pillar un chorro libre.
Nos pareció que la hora punta fue alrededor de las 12.00 h del mediodía. Había mucha gente pero se estaba bien y teníamos suficiente espacio para disfrutarlo. Para una experiencia mas tranquila recomendaría ir entre semana y a primera hora o a última. A partir de las 19.00h baja mucho el aforo.
Nos dimos cuenta en estos baños de que había muchísimo español de turismo en Budapest. Podías escucharlo con mucha más frecuencia que cualquier otra lengua.
Tuvimos mucha suerte este día con el tiempo, lucía un sol espléndido y ayudó a mejorar la experiencia balneario.
Después de esta maravillosa experiencia salimos muy relajaos y nos fuimos a comer cerca del hotel a un restaurante que me atrevo a recomendar. Se llama Frici Papa y es de cocina húngara. Los platos son sencillos pero están ricos y son contundentes. El precio está bastante bien, no es caro. Es un local muy grande y siempre está lleno. Si llegas más tarde de las 13.00h es probable que te toque hacer cola en el exterior.
Una pequeña siesta y 15 minutos antes de las 17.00h estábamos en la Ópera. Localizamos las pequeñas taquillas en su interior y nos hicimos con 2 entradas para la opera del día que empezaba en apenas 10 minutos. No recuerdo el precio en florines pero pagamos uns 7 € por entrada, eso sí, era arriba en un extremo y de pié. Solo veíamos la mitad del escenario. Intentamos cambiarnos de sitio antes de que empezara pero vino la azafata a recolocarnos y ya no nos atrevimos a hacerlo más.
La experiencia estuvo bien para ver el ambiente y hacer unas fotos. La Ópera en si no me gustó. Me pareció un poco pesada y no le encontré el gusto.
Así que en el primer intermedio abandonamos el barco. Nos fuimos al mercadillo navideño a cenar unos Frankfurts y unos vinos calientes.

