Empezaba nuestro tercer día en Budapest y el plan era explorar el barrio de Buda que cuenta con 2 colinas, la del Castillo y la de Gellert. La mayoría de las personas se centran en la primera, que está unos 170 m sobre el Danubio, allí encontraremos algunos de los monumentos más importantes de la ciudad.
Para llegar hasta allí se puede cruzar el puente de las cadenas y después subir andando o en funicular. Otra opción, que es la que nosotros elegimos, es combinar el metro y el bus, para llegar prácticamente a las puertas de lo que hay que ver. Nosotros bajamos al metro en la linea M1 Oktogon y fuimos hasta la parada de Deak Ferenc tér en la misma M1. Una vez allí hay que fijarse para acertar con la salida a la superficie porque hay varias, tienes que salir por la que indique que está el autobús n°16. Una vez en ruta te puedes bajar en la parada de Disz ter, hacia un lado tendrás la iglesia y el bastión y hacia el otro lado el castillo.
Aprovecho aquí para aconsejar que no es buena idea colarse en el transporte público de Budapest. Hay montones de revisores. A veces te los cruzas hasta 2 o 3 veces el mismo día. Están por el metro, en el bus y en los tranvías. Es importante que sepas que si te pillan no va a valer ningún tipo de excusa y te van a multar. Lo digo con conocimiento de causa porque los hemos visto en acción, curiosamente, pillando a españoles. Sube siempre con el billete ya validado o con tu bono en regla.
Primero fuimos a ver la iglesia de San Matías. Yo no entiendo mucho de arte ni de arquitectura pero me pareció que esa iglesia era muy preciosa. De las más bonitas que he visto, por fuera parece sacada de un cuento pero es que el interior no se queda atrás, es totalmente impactante e hipnótico. Tiene una atmósfera muy especial, todas las paredes y todas las columnas están bellamente pintadas con motivos florales en tonos tierra, verdes y rojizos. Pagamos 6.200 florines por las 2 entradas. Unos 16€ (8€/ persona) . Dinero muy bien invertido.



Justo al lado estaba el Bastión de Pescadores. Tenía ganas de ir a este sitio solo que por el nombre, no podía evitar asociarlo con el Bastión de Tormentas de Juego de Tronos. Me pareció un lugar muy especial, singular y romántico. Hay unas bonitas vistas del Parlamento y del Danubio desde allí. Se puede pagar una entrada para subir a un nivel superior pero no lo vimos necesario. Esta zona estaba a reventar de gente incluso un laborable en temporada baja.


Nos acercamos también al Castillo de Buda pero habían obras y estaban muchas partes tapadas con lonas...
A continuación nos acercamos al Hospital in the Rock para ver si habían entradas. Pudimos reservar para un pase que empezaba en 40 minutos. La visita duró una hora y nos tocó un guía en inglés pero nos dieron una audioguía en español. No voy a explicar mucho al respecto salvo que en su día fue un hospital y que también se puede usar como bunker nuclear. La visita está bien, no es maravillosa pero tiene su gracia pasearse por esos pasadizos. A mí lo que me perturba es quien narices se ha dedicado a excavar esas galerías subterráneas en la roca y porque. No me refiero a las galerías que ocupa el hospital, sino todo el conjunto de túneles que hay más allá. Porque? Que hay allí abajo? Eso es lo que a mí me interesaba y no me han explicado.
Después de esta visita nos vamos para el hotel y comemos por allí cerca en un Mexicano malísimo.
Nos estiramos un rato en el hotel y cuando nos despertamos nos preparamos la bolsa para atacar el primer balneario.
Nos subimos al tranvía n°4 que pasa por la calle Terez Korut en el cruce con la parada de metro de Oktogon y en solo 4 paradas nos bajamos en Margit hid, budai hidfö.
Después de andar unos 5 minutos llegamos al balneario Szent Lukács sobre las 16.30h. Ya era de noche.
Mientras vamos entrando Jordi me empieza a mirar y a poner caras. No le gusta. La recepción y las instalaciones son bastante viejunas. No parece muy cómodo ni higiénico. Jordi se pone el bañador a regañadientes y me suelta:
- Madre mía, donde me has traído....esto parece un sanatorio de una película de terror de antena3.
Ya con el bañador, la toalla y las chanclas exploramos el sanatorio.
Vemos un cartel que pone "hospital", nos miramos y nos entendemos sin necesidad de palabras.
Acto seguido nos metemos por unos pasillos siguiendo el rastro de la humedad, hasta que llegamos a una gran sala con un montón de pozas de agua en el suelo. Allí hay un montón de gente sumergida en vertical y sujeta con unas barras. A mí me recordaron a los precog de la peli de Minority report y me dió sustico. Cuando Jordi vió esa imagen se le pusieron los ojos como platos y se fue diciendo:
- yo ahí no me meto ni loco
Al final encontramos la piscina jacuzzi que estaba bastante bien. A veces mirábamos hacia arriba y veíamos alguna ventana del sanatorio iluminada.
Empezamos con nuestras paranoias y acordamos no separarnos por si desapareciamos. Cosas peores se han visto.
