7.00, después de 48h de paliza, hemos conseguido relajar músculos y recuperar fuerzas. Eso sí, todavía no sabemos el cambio de aires y la paliza que están por venir. Primero la rutina: ducha, bostezos, vestirse y como novedad, cerrar maletas, lo que a partir de ahora se convertirá en rutina. Puesto que ayer llegamos tarde al motel, nuestro primer contacto con la recepción es ahora, y nos toca hacer el check-in y check-out todo en uno.
El desayuno, que hoy será nuestra única comida durante el día, es en un restaurante mexicano en el que no tenemos que demostrar nuestras dotes lingüísticas en lenguas extranjeras. Desayuno totalmente americano, huevos revueltos con tortitas y bacon. El café: aguachurri. Y las manzanas de Carlos, cumpliendo su labor. Ya por fin, nos ponemos en marcha al parque, donde llegamos 2 millas después.
La “Ranger del Estado” nos da la National Parks Card, por 80$, que nos servirá para entrar en el resto de parques. El primer destino de todo parque es el Visitor’s Center, donde te dan información sobre las rutas disponibles y aconsejables, aunque en esta ocasión nos dejamos llevar por nuestro instinto explorador.
Este parque dispone de un servicio de autobuses internos, ya que no se puede circular con tu propio coche, lo cual es una gran idea, en cuanto a contaminación y atascos en las pistas. Además, este servicio es bastante eficaz y cómodo.
Dicho esto, nuestra primera ruta es “Emerald Pools”. Se trata de de un camino de unas 3 millas que te dirige a unos manantiales que por la época del año no están en su apogeo, pero no por ello dejan de ser bonitos. Nos empieza a salir la rama cabra loca y buscamos las fotos que poca gente puede tener. De roca en roca, escalando, somos objeto de algunos vídeos y fotos de otros turistas. La bajada hacia el punto de inicio se dispone entre cascadas y curvas sin parar. La solatera que recibimos en nuestros cuellos nos hace decidir que la siguiente parada sea el ascenso de los Narrows.
No es más que ir subiendo un río. Primeros pensamientos: es Agosto, en mitad del desierto, el agua no cubrirá por más alto de los tobillos. Primeras informaciones: el agua en ocasiones llega hasta los hombros (dicho por alguien de 1.80). Primeras conclusiones: GENIAL! Nos ponemos los atuendos necesarios (esos preciosos zapatos) y al lío. Las primeras piedras son difíciles de pasar, pero más o menos los pies se van acostumbrando y vamos ganando profesionalidad. El único problema es que con cámaras y mochilas siempre es más difícil. No obstante, el trayecto discurre a ritmo normal y a mitad de camino nos pegamos un chapuzón, donde ni siquiera dábamos pie. Tras 2h decidimos darnos la vuelta, quedándonos sin ver la última parte del recorrido donde las paredes se estrechan y el río gana en profundidad, pero la hora empezaba a apretar. La vuelta al autobús la hacemos a verdadero ritmo profesional. 45 minutos. Sin embargo tenemos la primera baja. Las dos manzanas que sustentan la alimentación diaria de Carlitos Gonsales no son suficiente, y el grupo se divide. Los que conseguimos ir tirando de grasas corporales como nutrientes nos dirigimos a Los Angeles Landing.
5 millas de ruta con desnivel de 500m. Todavía me cuesta creerlo. Apuntábamos buenas maneras. Un ritmo bastante rápido en la primera parte que fue disminuyendo conforme la parada de autobús se iba alejando y el camino empezaba a picar hacia arriba. Tras paradas de descanso, tragos de agua conversaciones con lugareños, llegamos al punto que creíamos que era el final. Habíamos leído que se habían puesto cadenas en algunos tramos y que no era recomendable para gente con vértigo, y es aquí donde lo comprobamos. Lo que venía por delante era un camino por llamarlo de alguna manera. Nosotros sólo veíamos un montón de rocas con una cadena en medio. No obstante nos pusimos a ello. Poquito a poco conseguimos llegar a un punto que volvimos a pensar era el final. Cuando alzamos la vista y vimos a un grupo subiendo por algo que parecía impracticable empezamos a alucinar. Aún así, caímos en la cuenta de que no íbamos a estar en una parecida y había aprovecharlo. Eso, y que había niños de 12 años y señores de 50 que venían de allí.
No sé si en las fotos se aprecia la dificultad del camino, pero de verdad que la tenía. Eso sí, una vez arriba, las sensaciones que experimentas son únicas. Yo os dejo que le echéis un ojo a lo que veíamos y ya me decís.
Después de esto, reencuentro con Carlos y rumbo a Tropic, donde llegamos un par de horas después y tras un momento crítico en el que no encontrábamos el motel (error mío), recogimos el sobrecito diciendo básicamente que llegamos tarde y que las llaves estaban en la habitación.
Hemos conseguido aguantar todo el día con un desayuno y así se va a quedar, puesto que estamos más cansados que hambrientos. Dos minutos tumbados y ya estamos soñando. Buenas noches



