El día libre en Santiago me lo tomé para ir a la playa. Hacía Viña del Mar me dirigí: me tomé la línea 1 del subte, previamente compré la tarjeta Bip cargándola con dos viajes a un valor de 3.000 pesos chilenos. Conecté las estaciones de metro Los héroes con Pajaritos. Allí hay un sistema bimodal, una vez que te vas de los andenes podés entrar a la Terminal de bus Pajaritos. Compré en Turbus el pasaje ida y vuelta a Viña del Mar. Cada 15 minutos salen, es muy sencilla la conectividad.
Me impactó un poco el calor y el tránsito en Viña, la Terminal no es muy hospitalaria, por ser un lugar turístico está bastante poco mantenida. Por ejemplo, para hacer uso del baño tenés que usar una máquina con monedas, te dan un ticket con qr y eso te habilita para pasar por un molinete para entrar a baños descuidados. Mucho trámite para quien pasa por allí.
Fui caminando hasta la playa y no me gustó, estaba sucia, el guardavidas me dijo que fuera a Valparaíso a bañarme (creo que me tomó el pelo puesto que Valparaíso es otra ciudad pegadita a Viña, tan solo me tenía que decir, ve a Reñaca). Pero fui sin que me manden, me tomé una micro, como dicen los chilenos y llegué a unas playas preciosas de olas grandes, día despejado, temperatura de ventialgo. Almorcé mirando el mar, tomé sol, me bañé. Les sugiero estas playas si vienen a Viña del Mar.
La vuelta fue similar: micro, bus y metro.
Debía hacer las valijas, estaba terminando el último día de viaje.
Ahora ya pasé la frontera Chile-Argentina, estamos por llegar a Mendoza, allí esperaré unas 4 h para volver a viajar hacia mi destino final: Neuquén en Patagonia, Argentina.
Me queda esperar el final del viaje, reencontrarme con las personas que quiero y extrañé.
En este viaje en particular, muchos me preguntaron si viajaba sola y cómo es eso. También me encontré con viajeros solitarios como Diego de Iquique o Pamela de Lima, que no preguntaron, simplemente conversaron de viajes e historias.
Viajar sola requiere estar atenta sobre todo en los tránsitos, darle lugar a algunas concesiones, por ejemplo, no salir mucho de noche, tener un apoyo. En mi caso me acompañó virtualmente, mi amigo madre Joel Curco, experto viajero que ante cualquier consulta estaba para cubrirla.
Y tener cierta inclinación a la soledad y a las actividades en solitario como: escribir, leer, escuchar música...Y el lugar, claro, Cusco es movediza con expertos habladores, no añorás conversaciones pues vas de charla en charla.
Queridos y queridas lectores y lectoras, dejo la escritura por un momento, me paso a la lectura y a la vida en mi ciudad. Gracias por acompañarme, sin lectores el viaje hubiese sido otro.
Nos vemos en el próximo destino.
Vero





