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JIVA (II y medio) Y TREN A BUJARÁ
JIVA (II y medio) Y TREN A BUJARÁ
a) El recaudador de impuestos Yusuf y los oficiales del Khan;
b) Khudaybergen Divanov fotografíando a una mujer en el jardín.
Sábado, 4 de Octubre, 2025
Me desperté pronto. Recogí mis cosas y equipaje y me fui a desayunar. Seguidamente procedí a hacer el check-out y fue cuando tuve el episodio de la niña puntuando con 5 estrellas en mi aplicación de Booking que ya he mencionado en la introducción de éste diario de viaje. Me guardaron el equipaje de modo que iba a poder hacer algo de turisteo sin cargar con los bártulos. El plan para hoy es visitar el Palacio de Nurullaboy, que está a apenas 2 minutos andando desde el hotel.
Palacio de Nurullaboy.-
Muhammad Rakhimkhan II (1845-1910) pidió al rico comerciante Nurullaboy de Jiva que le vendiese su jardín, quien accedió con una condición: Que el nombre del jardín fuese el suyo. El Khan dijo "OK" y de ahí su nombre. El palacio que iba a construir en el lugar estaba destinado a su hijo Asfandiyar Khan (1871-1918), fuera del casco antiguo de Jiva por falta de espacio pero muy cerca de él.
Tras un viaje a San Petersburgo el Khan decidió cuál iba a ser el estilo que la nueva residencia iba a tener, siguiendo las últimas corrientes rusas. Detrás del gran muro defensivo con sus torres y contrafuertes, había más de 100 estancias. Los suelos de parquet fueron traídos desde San Petersburgo. Se instalaron chimeneas en gran número de habitaciones. El Zar Nicolás II envió dos grandes lámparas de araña de regalo.
Cuando entras estás en un gran patio que da acceso a la Madrasa. Esta parte se conservó durante el tiempo de los Soviets debido a su significancia histórica ya que aquí se terminó con la vida del último Khan, que fue Asfandiyar en 1918. En 1920 se estableció aquí el primer gobierno popular y la primera gran estatua de Lenin en Asia Central se erigió en este patio (ahora reemplazada por una estatua de Muhammad Rakhimkhan II). El resto de edificaciones, jardines y patios quedaron en abandono hasta que fue restaurado a partir del 2017.
En su interior hay varias galerías para exposiciones: Una de arte moderno uzbeko, otra de fotografía uzbeka (donde se encuentran las fotos de Khudayberger Divanov que he incluído al comienzo de estas etapas de Jiva), una galería de artes aplicadas, de armas, instrumentos musicales, piezas de cerámica, metal, madera así como de alfombras.

c) "Naturaleza muerta con samovar y brazaletes", 1992 de Vanzetta Khanum (1927); d) "Paisaje junto al lago", 1997 de Mikhail Antonov (1956).
Hay un edificio separado que se construyó para la recepción de dignatarios, con interiores de clara influencia rusa. Los techos tienen decoración geométrica hecha por artesanos de Jiva.


Una vez terminada la visita, salí del recinto, crucé la carretera general, compré un par de botellas de agua en un supermercado que ahí había (a 0.30 € cada una) y me fuí por última vez al Ichon Qala a comer, aunque no tenía mucha hambre.
El restaurante elegido fue el Terrassa, precisamente por eso: Porque tiene terraza con vistas. Me pedí un shashlik pequeño y un café que tomé en la terraza que tienen arriba y comprobé que era bastante más caro que los otros restaurantes del Casco Antiguo de Jiva. El emplazamiento y las vistazas se pagan. De hecho, me dí cuenta que mucha gente subía simplemente a hacer fotos sin tomar nada.
Tras pagar la cuenta cogí el petate, salí por la Ata Darvoza, crucé el parque y en 5 minutos estaba en el hotel recogiendo mi equipaje. Como la conexión a internet del hotel es un poco chunga, preferí no utilizar Yandex y que fuesen los del hotel los que llamasen a un taxi que me recogiese para llevarme a la estación de ferrocarril.
Me tocó el taxista más parlanchín de todo Jiva. No paraba de hablar... en uzbeko, claro, pero me pareció entenderle que o había visitado o que había vivido en Londres. Me imagino que la primera porque no hablaba ni papa de inglés. Al decirle que soy español me hizo la consabida pregunta de si soy del Barça o del Real Madrid. Cuando me hacen esta pregunta siempre me veo tentado a decirles que soy del Ponferradina, del Amorebieta, del Tropezón o del Churriana Vega... para que flipen un poco. Por cierto, que la Selección Nacional de Uzbekistán se ha clasificado para el Mundial de Fútbol 2026 por primera vez en su historia... Congratulations !!
Me dejó en la estación. Llevaba el billete en el móvil. Ví que no hay pantallas, así que pregunté a la empleada... pero era fácil porque todos los pasajeros que ahí estábamos íbamos a coger el mismo tren. Se trata de un tren coche-cama, aunque no iba a dormir ya que viajábamos de las 3 a las 9 de la tarde. Pero no tenía otra opción más que reservar una cama. Elegí la de abajo, pero un señor de unos 60 años vino donde mí y me pidió con su acento de los Estados Unidos si podía cambiar mi cama por la de su señora que estaba en el compartimento de al lado de modo que pudiesen ir los dos en el mismo compartimento. La cama de la señora era la del piso alto de la litera. Cuando ví que la señora tenía ciertas limitaciones de movilidad comprendí que ella no iba a ser capaz de subir ahí arriba, así que se lo cambié... aunque yo no me molesté en subir porque quería ir sentado abajo y poder moverme por el tren. La que tenía la litera de abajo era una señora italiana pero era muy bajita y tumbada no ocupaba toda la litera. Había sitio.
Pudimos ver la puesta de sol en el desierto desde el tren.
Llegamos a eso de las 9. Al salir de la estación de Bujará, que en realidad no está en Bujará sino en el pueblo de Kogon, a 15 kms, un ejército de taxistas ofrecían sus servicios. Yo, como había leído que estos taxistas eran más caros, les dije que no a todos los que venían donde mí, pero tras consultar la aplicación en el móvil me dí cuenta que que Yandex me cobraba más de lo que me dijo uno de los taxistas, así que regresé donde uno que fue especialmente pesado y me llevó por 25000 soms (unos 2 €. Yandex me pedía 28000 soms.)
Durante el trayecto el taxista me ofreció sus servicios durante mi estancia en Bujará.
-No gracias.
Me ofreció excursiones, tours con grupos, con más gente, etc, etc ¡¡Qué pesao!! Me dio su número de teléfono... El cabo de 20 minutos me dejó en la puerta del Hotel Mironshox, que abrí y sólo había un viejillo sentado en una de las mesas del comedor. Llamó el encargado, que ni se molestó en bajar: Le dijo al viejillo que me diese la llave de la habitación, cosa que hizo señalando con su dedo índice hacia el otro extremo del patio interior:
- Es la habitación de enfrente.
Allí que me fui. Dejé mis cosas, entre ellas la batería externa cargando, que se había quedado en cero. Al salir, pregunté al vejete que me abrió la puerta dónde había un restaurante para cenar y me hizo una señal de que saliese y a la izquierda, donde está el centro urbano. La primera impresión del Hotel Mironshox fue de que la habitación era espaciosa y limpia... pero que no eran muy simpáticos. Salí a la búsqueda de restaurante.
A apenas 5 minutos andando por calles sinuosas y polvorientas en medio de la noche llegas al centro histórico: Iluminado, pavimentado, deslumbrante, limpio y cuidado. La búsqueda de restaurante fue difícil. Vi un café y pregunté: Me dijeron que a esas horas sólo servían cafés, zumos y copas. Vi una cafetería pastelería: Solo tenían dulces y cafés. Eso sí: Los comercios de alfombras estaban abiertos y operativos. Me topé con dos policías turísticos y les pregunté en inglés por algún restaurante que todavía sirviese cenas. Me dieron direcciones, que seguí religiosamente cuando comencé a caminar otra vez por calles poco luminosas perdiéndome.
Viendo que mi móvil estaba en las últimas decidí regresar al casco histórico -más iluminado- por donde vine y apagué el móvil para no gastar batería y dejar una reserva para regresar al hotel ya que no estoy familiarizado con la zona. Eran casi las 10 de la noche.
Ví una tiendecilla como de ultramarinos y entré preguntando:
- "¿No venderán ustedes unos humildes sandwichillos, que ya son las 10 y todavía no he podido cenar?"
Y una clienta -la típica señora metete con pinta de "amatxu uzbeka"- respondió en un inglés garabateado:
- "No. Pero este señor que está aquí -dijo, señalando a un gigantesco individuo de unos 60 años de edad, unos 2 metros de altura y que pesaría 150 kgs tirando por lo bajo- tiene un hostal justo en el edificio de enfrente y seguro que puede ofrecerte algo que les quede en la cocina".
Le habló al gigante y éste me hizo una señal para que fuese al lugar a donde entramos los tres ya que la amatxu uzbeka se apuntaba a un bombardeo si era necesario. Me pasaron al comedor y ví que estaba muy bien puesto. Llamaron a una mujer, que fue a la cocina y me sacó una pequeña ensalada y después una "shurpa", que es la típica sopa uzbeka con trozos de carne, patata, cebolla, zanahoria, especias y hierbas aromáticas. Buenísima. Agua, pan uzbeko (llamado "non"), un té de menta y un dulce.
La amatxu uzbeka me dio un poco de conversación en la medida de lo que permitía su capacidad de cotilleo y su limitado inglés. El gigantón no dijo ni mu. Ella me dijo:
- Son 250.000 soms. -A lo que yo respondí sin decir nada mientras comía pero con un gesto como diciendo "OK". Pero ella respondió:
-Pero te hacemos una rebajilla.
Y me rebajó el precio. Eran realmente muy amables y yo, que no había dicho nada, incluso estaba dispuesto a pagar los 250.000 iniciales, pero en cuanto iba a abrir la boca ella ya me venía con un precio más bajo para luego contradecirse de nuevo. Yo estaba realmente sorprendido. Nunca había presenciado cosa parecida: ¡¡ Una vendedora que se regatea a sí misma...!!
Al final acordamos que 150.000 (bueno: Lo acordó ella sola). Le pago y me dice la señora:
- Y ahora le digo que te lleve a tu hotel en su tuc-tuc.
- ¿Cómo dice usted?
- Que tiene un tuc-tuc. Le digo que te lleve al hotel.
Y entonces me imaginé al gigantón llevándome al hotel en un tanque soviético de la época de cuando Breznev presidía el politburó en plena Guerra Fría porque no estoy yo muy seguro de que un tuc-tuc tamaño estándar pudiese soportar el peso de este señor... y el mío que, aunque más pequeño que él, también tengo mi tamaño...
- No. No hace falta -respondí- De hecho, prefiero dar un paseo hasta mi hotel descubriendo y admirando la ciudad de noche. "Rahmat" de todos modos ¿eh?
- Bueno, que sea como tú quieras.
¡Qué gente más maja! Nos despedimos y emprendí mi paseo nocturno. Encendí el móvil cuya batería estaba en las últimas. Pero conseguí hacer alguna fotillo y regresar al hotel.