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JIVA (II)
JIVA (II)
Darvoz uzbeko caminando sobre la cuerda floja. Fotografía de principios del siglo XX
tomada por Khudaybergen Divanov (1879-1938), expuesta en el Palacio Nurullaboy de Jiva.
Viernes, 3 de Octubre, 2025.
Me desperté muy pronto: Sobre las 6.30 y antes de desayunar salí al Ichon Qala en busca de un cajero donde sacar dinero ya que quería pagar el hotel y el taxi. El que estaba en la Puerta Oeste no admitía tarjetas. Pregunté a un comerciante que estaba instalando su puesto en el bazar callejero junto a esta puerta y se ofreció para acompañarme al más próximo. No hablaba ni inglés ni español. El segundo cajero también estaba inhabilitado. Y entonces me dijo:
- Te acompaño al restaurante Terrasa. Abren a las 5.30 de la mañana y tienen un cajero dentro. Seguro que funciona.
Este restaurante se encuentra cerca del Arco Kuhna... y estaba abierto. Fue entonces cuando decidí hacer la Gran Bilbainada de sacar un millón de soms ¡¡Aúpa tú que puedes!! La máquina me sacó todo un señor fajo de billetes. Me sentí como un auténtico "millonetis"... aunque en realidad sólo saqué 73 € Pero ¿y lo bien que se siente uno después de esto, eh?.
Para cuando terminé el comerciante ya se había ido. Regresé al hotel a desayunar y a pagar mi estancia y taxi. Me crucé con el hijo de los dueños del hotel, que es un chaval de unos 16 años de edad y le pregunté si sabía de algún lugar donde pudiera alquilar una bicicleta. Y me dijo que del mismo hotel, que le acompañase al garaje que tienen al otro lado del jardín.
De ahí me sacó una bici un poco destartalada. La limpió, la engrasó, le hinchó las ruedas y ¡voilá!: Tenía una bicicleta holandesa por 123.000 soms (unos 8€). Así que me fui al Ichon Qala pedaleando. Es muy fácil ya que, una vez que cruzas por el semáforo la carretera general apenas hay tráfico. Entré por la puerta norte callejeando un rato para hacerme a la bici.

Lo primero que hice fue regresar a Tash Chauli aprovechando que la entrada es válida para un segundo día, ya que me dio la impresión de que el día anterior me dejé alguna estancia sin ver. Pero no fue así. De hecho hoy había algunas estancias cerradas que ayer no lo estaban. Así que salí y me dirijí a la Madrasa Dost Alam (construída en 1882), que está muy cerca y que tiene un taller de ebanistería y tallado de madera, pero no tiene salas de exposición. Es un taller en funcionamiento.

Cogí la bici y en 5 minutos estaba en la Madrasa de Yoqubboy Khaja (1878) donde se encuentran los talleres de alfombras (Jiva Carpet Workshop) y seda (Silk Suzani Workshop).

c) Exposición y venta de alfombras en el patio de la Madrasa; d) Preparando la selfie para las guiris.
También visité la Madrasa Khan Allakuli donde hay varias salas dedicadas a la medicina en tiempos medievales y modernos con especial mención a Abu Ali Ibn Sina (980-1037), más conocido como Avicena, nacido en Bukhara y que hizo una enorme contribución a la ciencia, matemáticas, medicina, filosofía, astronomía y música y que fue conocido como sanador a la temprana edad de 17 años. Tuvo gran influencia en Asia Central, India e Irán. Escribió más de 450 trabajos científicos de los cuales 66 eran de medicina.
Hay una sala dedicada a la musicoterapia. La música se ha considerado el medio más eficaz para mejorar la salud mental humana. El objetivo principal era la voz humana (jerga), acompañada de ritmos tintineantes. Las fuentes históricas mencionan tres funciones principales de la música: educativa, mágica y curativa. El gran científico de la Edad Media, Abu Nasr Ibn Farabi, en su teoría sobre la influencia de la música en el ser humano, se basa en principios psicológicos y físicos.
Avicena desarrolló esta teoría con mayor profundidad y creó una escuela de musicoterapia. Enfatiza que la mejor cura para las enfermedades es prevenirlas. La influencia de la música en la salud infantil, especialmente a una edad temprana, destaca que para mejorar la salud de los niños, lo primero es una ligera vibración y lo segundo una canción de cuna. Esta es una de las músicas más importantes.
Salí del lugar y me fui a comer un plov a la terraza del restaurante Khorezm, que está muy céntrico. De ahí cogí la bici, salí del Ichon Qala rumbo al Arda Jiva Park, situado a 4 kms del Casco Viejo de la ciudad. Inicialmente parecía que iba a ser sencillo ya que ví que había carril bici separado de la carretera, pero no lo fue tanto ya que es compartido con peatones y se atraviesa una zona con mucha gente debido a que hay un mercado. Además hay muchos baches y bocacalles no muy bien señalizadas.... Pero conseguí llegar sano y salvo.

Arda Jiva Park.- Es un parque lleno de restaurantes, hoteles, cafeterías, bares, discotecas, tiendas, etc junto al lago Gaukul, donde se ha creado este complejo con canales, etc. Ha sido inaugurado recientemente este año. Se nota que la idea es organizar eventos, exposiciones, celebraciones, bodorrios y conciertos. Pero, cuando yo llegué a la tarde había muy poca gente. Solo había una cafetería abierta con cuatro clientes y un grupo de gente recorriendo en góndola el canal. Posiblemente por la noche tenga más movimiento. Todo el montaje del canal me pareció un poco "cartón-piedra". Pero bueno, estuvo interesante salir del centro de la ciudad.

El regreso fue más fácil. Me imagino que fue porque volvía sobre terreno conocido. Llegué a la Puerta norte pero no la crucé si no que decidí rodear la muralla recorriendo el Ichon Qala por su perímetro exterior hasta llegar a la Polvon Darvoza o Puerta Este para adentrarme en el casco antiguo por ahi. Aparqué la bici y fui a la Madrasa Qutlugh Murad para ver en su patio interior a los acróbatas equilibristas de la Familia Djabbarov.
El espectáculo comenzó con los hermanos tocando el karnay, un gigantesco instrumento uzbeko que suena como una tromba, anunciando que el show va a empezar. El arte de hacer acrobacias sobre la cuerda floja -llamado darboz- se cree que nació en éstas tierras de Asia Central en la Edad Media y es patrimonio cultural intangible de la UNESCO. Los equilibristas subieron por un poste de entre 6 y 15 metros para realizar una serie de acrobacias sobre la cuerda floja: Caminando, corriendo, saltando e incluso andando con los ojos vendados. Esta es una tradición que se pasa de padres a hijos. De hecho hicieron un pequeño número con un niño de unos 7 años.
En algún lugar leí que el gobierno uzbeko está intentando prohibir la utilización de niños en este tipo de espectáculos, al mismo tiempo que preservar a los darboz como bien cultural del país. Es una labor bastante complicada. Después de los 15 minutos de acrobacias, los hermanos tocaron de nuevo el karnay anunciando el final del show. Cuando salimos de la madrasa, nos esperaban en la puerta como el cura que termina la misa, saludando y dando las gracias por los donativos (70.000 soms = 5€ el donativo).

A la derecha: Músicos callejeros tocando en la plaza del Kunya Ark.
Tras la actuación de los Djabbarov me paseé por Kunya Ark donde había un grupo de músicos tradicionales animando el ambiente. Posteriormente me di un paseo, buscando un sitio donde cenar pero olvidé que era Viernes y que estaban todos a tope. Además no tenía mucha hambre, así que -ya de noche- salí del Ichon Qala y encontré una especie de Fast Food al otro lado del parque llamado Feed Up donde me tomé un "no-sé-qué" de pollo con patatas fritas. Pagué con tarjeta, cogí la bici y al cabo de cinco minutos estaba en mi hotel.
