DÍA 14. COPENHAGUE
Nos despertamos y fuimos a Kastellet, una fortaleza en forma de estrella, que todavía hoy es utilizada por las fuerzas armadas danesas. Estuvimos paseando por el perímetro del foso hasta entrar por una de las puertas principales, vimos el molino, los edificios de los cuarteles por fuera, dimos la vuelta y después fuimos a ver la sirenita que está justo al lado.
"Den lille havfrue" es la expresión danesa para La Sirenita, la famosa estatua de bronce del escultor danés Edvard Eriksen, ubicada en el paseo marítimo Langelinie de Copenhague. La escultura, que se inauguró en 1913 y se basa en el cuento de hadas de Hans Christian Andersen, es el símbolo más icónico de la ciudad.
La estatua, instalada de forma permanente en Langelinie en 1913, fue encargada en 1909 por el empresario cervecero Carl Jacobsen, hijo del fundador de Carlsberg, y donada a la ciudad de Copenhague. Con ella, Jacobsen quiso homenajear a la bailarina danesa Ellen Price, gran estrella del Ballet Real Danesa, quien había cosechado un gran éxito en el ballet basado en el cuento La sirenita, escrito por Hans Christian Andersen en 1837.
Volviendo de la sirenita pasamos por la iglesia de Sant Albans que es la única (o mejor dicho, la primera iglesia anglicana de Dinamarca) y la fuente de Gefion (representa a la dios nórdica Gefjun arando el mar con la ayuda de cuatro bueyes) y de ahí fuimos paseando por la calle de Amaliegade hasta el palacio real (palacio de invierno) de Amalienborg: un conjunto de cuatro palacios (palacios de Frederiks VIII, Christian VII, Christian VIII y Christian IX) en torno a una plaza de armas redonda (donde vimos el cambio de la guardia real), que enfrenta por ambos extremos a la iglesia de Frederiks Kirke, (o Iglesia de mármol) y al embarcadero real por el otro.
Después metimos los pies en una fuente que hay en el pequeño parque de Amalienhavn junto a la explanada del embarcadero real, que enfrenta al moderno edificio de la ópera, justo al otro lado del canal, y después volvemos a cruzar el patio del palacio para ir a la iglesia de mármol, que está también alineada con el palacio, al otro lado de la calle.
Vimos la iglesia y cuando salimos paseamos por el colorido barrio de pescadores (Nyboders Mindestuer) que hay detrás con casas amarillas y de colores.
Después cogimos el metro y fuimos a comer al Burger King de la plaza del Ayuntamiento. Tras la comida volvimos a coger el metro y dormimos la siesta en el parque de la biblioteca real danesa, como el día anterior. Y después volvimos a coger el metro y nos fuimos a al famoso barrio de Christianía, donde vimos por fuera la iglesia de San Salvador (el cupo de visitas a la torre ya estaba cubierto por el día) y ya entramos a la “Ciudad libre de Christianía” a dar una vuelta.
La Ciudad Libre de Christiania (Danés: Fristaden Christiania) es un barrio parcialmente autogobernado de unos 1000 residentes. Cubre un área de 34 hectáreas en el barrio de Christianshavn (puerto de Christian), en la capital de Dinamarca, Copenhague. Christiania se estableció con un estatus semilegal de comunidad de vecinos que se autoproclama independiente del Estado danés.
Christiania está organizada en torno a Pusher Street ('La calle del Vendedor de Estupefacientes'), calle a tramos de asfalto, a tramos de adoquines y a tramos de tierra, en la que se encuentran algunos bares, tiendas, souvenires y centros culturales. Al salir de Pusher Street se encuentra un camino alrededor de un canal, el cual discurre entre las casas de los «christianitas», muchas de ellas personalizadas. Hay guarderías, puentes, y esculturas en el agua.
Al salir por la entrada principal de la ciudad de Christiania se puede leer «You're now entering the EU» ('Está usted entrando en la Unión Europea'), ya que los habitantes de Christiania no se consideran pertenecientes a la misma.
Christiania es famosa porque en ella se permite el consumo y venta de drogas blandas. Por ello recibe el apelativo de «distrito verde» (green district). No obstante, desde 2004 el gobierno ha radicalizado su postura y se producen más redadas en la zona. Esto no impide que diariamente turistas y gente local transiten la zona para comprar marihuana o hachís, y que en los bares, terrazas y bancos se congregue la gente a fumar.
En septiembre de 1971 la historia de Christiania comienza con el derribo de una valla en un terreno militar abandonado por el ejército danés en 1971, por parte de unos padres que querían terrenos donde sus hijos pudiesen jugar. Luego de ese evento se plantea un debate en la comunidad gracias a un artículo en un periódico subcultural que plantea los diferentes usos que se podían dar al cuartel abandonado.
El movimiento cultural y político provo incita a que el sitio debe ser el espacio para realizar las aspiraciones de vida comunal de su movimiento, logrando que un grupo de personas ocupen ilegalmente los terrenos y funden Christiania.[3] El gobierno lo toleró, aunque ha intentado expulsarles de allí en numerosas ocasiones. En 1989 se promulgó la Ley de Christiania que transfiere parte de la supervisión del área de la municipalidad de Copenhague al estado danés, y que aceptó conservar el asentamiento supeditado a una futura legalización y normalización
Después de Christianía volvimos a coger el metro y ya fuimos a entrar a Los Jardines de Tivoli pagando solo la entrada al parque (sin atracciones), donde dimos una vuelta entera, nos gustó mucho a todos.
Los Jardines de Tivoli se trata de un parque de atracciones que incluye numerosas actividades (montañas rusas, distintos trenes) además de exposiciones, de conciertos, pantomimas, etc.
Los jardines abrieron el 15 de agosto de 1843, lo que en realidad lo hace el segundo parque de atracciones más antiguo de Dinamarca, después de Dyrehavsbakken, conservándose en una forma muy parecida a sus orígenes.
En la época, Dinamarca era una monarquía absoluta, y Copenhague se consolidaba como ciudad, rodeada de defensas y fosos. Tívoli fue un éxito inmediato para los 120.000 habitantes de la época.

















Decidimos salir a cenar en el McDonald's y unos sándwiches, y luego volvimos a entrar al Tivoli para verlo todo ya iluminado al anochecer.
El fundador Georg Carstensen (1812-1857), convenció al rey Cristian VIII de Dinamarca de la función de esta empresa sugiriéndole que «cuando el pueblo se divierte, no piensa en la política». El rey le alquiló, por 945 coronas al año, alrededor de 61.000 m² de un glacis fuera de Vesterport, la puerta del Oeste.
Hasta 1850, Tivoli estuvo pues, fuera de la ciudad de Copenhague, mientras que actualmente, con la ampliación de la ciudad, Tivoli se encuentra en su parte sur.
El aspecto general de Tivoli ha sabido preservarse del paso del tiempo, aunque los nazis intentaron destruir este emblema de la cultura danesa quemando en 1944 algunos edificios como la sala de conciertos. La entrada principal no ha cambiado desde su construcción en 1843.
A mi, que particularmente no soy demasiado fan de los parques temáticos, me ha parecido una maravilla. Es como si hubieran hecho un Disneyworld en el s. XIX, con un encanto y una mezcla de edificios y atracciones decimonónicos que deja corta cualquier fantasía. Hoy en día estamos acostumbrados a estas cosas, pero realmente debió ser un espectáculo cuando se inauguró. Desde luego, un imprescindible que no me extraña que se haya convertido en seña de identidad de la ciudad.
Poco antes de las 11 que es hora de cierre nos retiramos a casa que mañana emprendemos el viaje de vuelta




































