DÍA 13. COPENHAGUE
Hoy es nuestro primer día en Copenhague. Nos levantamos y vamos a desayunar en una panadería que hay a apenas cincuenta metros de la casa, unos croissants buenísimos con un café con leche de máquina.
Tras el desayuno nos dirigimos a la estación del metro, donde compramos 3 billetes sencillos, pues todavía no sabemos si valdría la pena comprar un abono de 2 días.
Cogemos el metro y bajamos en Nørreport y nos dirigimos hacia el palacio de Rosenborg, que es el palacio de verano de los reyes. No queremos realizar la visita del interior, pero los jardines valen la pena.
Tras esto vamos paseando hacia la Rundetårn (en español: Torre Redonda), construida en el s. XVII, que servía de observatorio astronómico y que tiene la curiosidad de que se sube por una rampa helicoidal (en espiral) que se construyó para poder subir así los instrumentos de observación.
Tenemos la mala fortuna que la cúpula está cerrada con una cadenita y no se puede subir a leer los carteles de la exposición, pero es fotografiable desde el último escalón.
Tras esta visita nos dirigimos hacia la plaza Kongens Nytorv donde está la ópera y justo al lado el muy fotografiado canal, que en realidad se llama Nyhavn (significa puerto nuevo), pues es para lo que se contruyó.
Se extiende desde Kongens Nytorv hasta el puerto, justo al sur del Teatro Real. Tiene petit hôtels de colores brillantes de los siglos XVII y comienzos del XVIII, bares, cafeterías y restaurantes.
Sirve como un "puerto patrimonial", y tiene muchos barcos históricos de madera, donde hay cientos de turistas fotografiándose y nosotros no podemos sustraernos a la atracción de hacer lo mismo.
Nyhavn fue construido por el Rey Cristián V entre 1670 y 1673, excavado por prisioneros de guerra suecos de la Guerra sueco-danesa de 1658–1660.
Es una puerta de entrada al centro de la ciudad desde el mar, por Kongens Nytorv (Plaza del Rey), donde los barcos llevaban la carga y las capturas de los pescadores. Era notorio por la cerveza, marineros y la prostitución. El escritor danés Hans Christian Andersen vivió en Nyhavn durante 18 años.
Tras un buen rato deambulando por el mismo, nos vamos a buscar algo para comer, y mientras Natalia y Lumi se comen un bocadillo en una cadena que se llama Joe & the juice, y que les está buenísimo, yo prefiero comer algo más mundano (y menos caro) como es un perrito caliente en el canal.
Tras la comida, nos vamos a pasear hasta la isla de Slotsholmen, donde está el palacio donde reside el parlamento (Christianborg) ya que ahí se puede subir a la torre gratis y en ascensor y se disfruta de unas vistas 360º.
Al bajar, nos vamos a buscar el edificio de la Biblioteca Real Danesa, al que llaman el diamante negro. Justo antes de llegar al edificio moderno, encontramos los jardines de la biblioteca y no podemos evitar echarnos un ratito de descanso en el mullido césped, a la sombra de un árbol, para coger fuerzas.
Estamos una media hora y entramos a visitar la biblioteca, que tiene dos edificios el antiguo y el moderno, conectados por una pasarela de cristal que cruza por encima de una calle. La sala de estudio general de la parte antigua no es accesible si no vas a estudiar, pero conseguimos asomarnos y fotografiarla desde la puerta.
Tras la biblioteca, volvemos sobre nuestros pasos para ir hacia el famosísimo parque Tivoli, atravesando la calle Strøget, la más comercial, donde además de todas la tiendas de lujo y pequeñas relojerías súper exclusivas, se puede encontrar también una tienda Lego
y numerosos sitios para comer algo, y cruzando al finalizar la calle la plaza del ayuntamiento donde esta semana se está celebrando la semana del orgullo gay, y está lleno de puestos de comida, y un gran escenario con música tecno atronadora.
Pero al llegar, yo estoy tan cansado que me parece que entrar hoy sería desperdiciar la ocasión pues me duelen muchísimo los pies y prefiero ir a ver el atardecer al Nyhavn, con la promesa de volver al día siguiente y entrar en el parque.
Así que nos dirigimos al Nyhavn donde vemos caer la tarde y observamos cómo la gente (joven en su mayoría) vuelve en bici de los diferentes muelles a los que han ido a bañarse y pasar una tarde de verano, mientras se empiezan a encender todas las luces que le dan un aspecto muy bucólico e instagrameable.
Tras esto, nos vamos hacia el metro para volver a la casa, hacemos unos espaguetis en la cocina comunitaria y descansar.